Objetivo Birmania: Errol Flynn crea escuela

Las críticas de Manuel M: ¡Objetivo Birmania!

Uno de los mejores clásicos del género de cine bélico, Objetivo Birmania es una de las películas más recordadas de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de nacer como película de propaganda, el protagonismo de Errol Flynn, el guión, más trabajado de lo que suelen disfrutar las películas del mismo tipo, una narración angustiosa, con muchas muertes, donde las cosas salen mal, donde solo al final se obtiene la victoria, y, por último, un trabajo técnico impecable, la hacen memorable.

El argumento es bastante sencillo: Un grupo de paracaidistas americanos, al mando del capitán Nelson (Errol Flynn) debe volar una estación de radar para facilitar el contraataque aliado en Burma, en el Sudeste Asiático. La misión es en teoría sencilla, y la cumplen sin problemas, hasta que, en el momento de ser recogidos, los japoneses asaltan la zona de aterrizaje de los aviones. Ahora deben volver a casa a pie, a través de la jungla, con un enemigo que busca venganza, y que irá acabando con el grupo uno por uno. Sin embargo, al contrario que en las películas actuales, los personajes están más trabajados, y el espectador puede identificarlos rapidamente, de manera que cada vez que se mueren, parece que la pantalla está más y más vacía. Según van acercándose a las líneas enemigas la presión es más fuerte, y eso, unido a la falta de comida y a órdenes confusas hace que la situación se ponga al límite.

La película es inicialmente rápida en su planteamiento, con la acción desarrollándose a toda velocidad, para luego hacerse más lenta, según el grupo va reduciéndose, y las posibilidades de sobrevivir se hacen más remotas. El director, Raoul Walsh, demuestra su habilidad para guiar al espectador a lo largo de la película, haciendo que se note la tensión que va impregnando a los soldados según avanza la trama. Además, no se corta al mostrar escenas crudas, que implican varios soldados muertos en pantalla (aliados, no japoneses, que de esos hay docenas), que, además, están desnudos. Todo ello hace que la película haya quedado como una de las mejores del género…a pesar de sus defectos, obvios para cualquier espectador de nuestra época: Los americanos que “se infiltran y eliminan centinelas” son héroes. Los japoneses que matan yankees en la oscuridad son cobardes y amarillos. Es, después de todo, una película de propaganda, pero una película que exalta más el valor de la resistencia prolongada en una situación difícil, que los momentos heróicos puntuales. Y es ahí donde la actuación de Errol Flynn toma más cuerpo: No es un supersoldado, sino un oficial que intenta sacar a sus hombres de una situación comprometida de la mejor manera posible. En ese aspecto, la película destaca, y mucho.

En definitiva, una muy buena película sobre la campaña en el Sudeste Asiático en la Segunda Guerra Mundial (aunque peca de que no muestra que en ese escenario la intervención americana fue muy minoritaria), con ciertos golpes de humor, buenas interpretaciones y una dirección soberbia. En contra, el ramalazo de propaganda antijaponesa que le choca al espectador actual, pero que, poniéndose en la época en que se estrenó (1945), es comprensible.

Son más de dos horas de buen cine bélico, que todo buen aficionado al cine bélico debería ver. Un buen plan para estas Navidades.

Que aproveche

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