Las críticas de Laura Zurita:
La Odisea
Tras la guerra de Troya, Odiseo, rey de Ítaca, emprende el regreso a casa. Lo que debería ser una travesía de días se convierte en un viaje de diez años en el que deberá enfrentarse al cíclope Polifemo, las sirenas, la hechicera Circe y los caprichos de los dioses, mientras su esposa Penélope lo espera y su hijo Telémaco lo busca.
Dirección y guion: Christopher Nolan, basado en el poema de Homero. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Ludwig Göransson. Reparto: Matt Damon (Odiseo), Tom Holland (Telémaco), Anne Hathaway (Penélope), Robert Pattinson (Antínoo), Zendaya (Atenea), Samantha Morton (Circe), Charlize Theron (Calipso), Lupita Nyong’o (Helena / Clitemnestra), Jon Bernthal (Menelao), Benny Safdie (Agamenón), John Leguizamo (Eumeo), Mia Goth (Melanto), Elliot Page, Corey Hawkins, Himesh Patel. Distribución: Universal Pictures. Estreno: 17 de julio de 2026.
Un hombre
Los múltiples chismes de odiadores que criticaban La Odisea de Nolan sin haberla visto, denostaban decisiones de reparto o ambientación sin verlas en un contexto, o sencillamente faltaban a la verdad, han quedado, si no callados, reducidos a la insignificancia.
Llevar La Odisea de Homero al cine era un reto que imponía respeto y, a más de uno entre los que me cuento, algo entre la admiración y el vértigo. El poema original, compuesto probablemente en el siglo VIII antes de Cristo aunque sus raíces orales son anteriores, es uno de los textos fundacionales de la cultura occidental: el regreso de Odiseo a Ítaca tras diez años de guerra, un viaje en el que el héroe más astuto de la Antigüedad se enfrenta a dioses, monstruos y el miedo y la tentación de no llegar nunca. No es solo una historia de aventuras sino un estudio de personaje, una obra verdaderamente revolucionaria en su tiempo que sembró las semillas de toda la literatura que vino después.
Si alguien podía hacerlo bien, ese era Christopher Nolan. El director lleva tres décadas construyendo un cine tan inteligente como espectacular. Desde Memento (2000) hasta Oppenheimer (2023), pasando por El caballero oscuro, Origen o Dunkerque, su obra ha demostrado que el cine de autor puede llenar salas y que ciertas experiencias exigen la sala oscura. La Odisea lleva su compromiso con el formato IMAX a su extremo: es la primera película de la historia rodada íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm desarrolladas específicamente para el proyecto. Nolan ha acariciado este sueño durante años, y se nota. Su sueño y su ambición se sostienen.
Una guerra
La Odisea empieza, como el poema, con el más leído de los comienzos: un in medias res pionero. La estructura cronológica se ha hecho más accesible, y algunos episodios están adaptados al lenguaje cinematográfico, pero lo que importa es que Nolan modifica detalles y formas sin tocar lo esencial: los mensajes universales de la obra que han sobrevivido tres mil años. Odiseo (o Ulises), como en el poema original, no es un héroe épico sino una figura radicalmente humana. Es inteligente y terrenal, un hombre que se equivoca y duda, que sufre las consecuencias de sus actos. Ha sido guerrero, ha traicionado el espíritu de la guerra justa, y la culpa le pasa factura. Nolan lo ha entendido perfectamente y utiliza el marco de la aventura para contarnos la historia íntima de un hombre atormentado al que le duele la vida y que quiere y teme llegar a casa.
Hay una línea de reflexión que atraviesa Dunkerque, Oppenheimer y ahora La Odisea, y que constituye la columna vertebral del cine de Nolan en su etapa de madurez: la pregunta sobre el coste moral de la guerra y los conflictos que desencadena en quienes la libran. En Dunkerque, la guerra era caos y supervivencia sin heroísmo posible. En Oppenheimer, la victoria más decisiva de la historia moderna llegaba envenenada por la conciencia de lo que había costado. En La Odisea, la guerra de Troya ha terminado y Odiseo ha ganado, pero esa victoria no le ha traído paz sino culpa, deuda y un camino de regreso que los dioses convierten en penitencia. Los monstruos de la película no son sólo el cíclope ni las sirenas: son las consecuencias de los actos de un hombre que eligió la astucia sobre la justicia cuando la guerra lo exigía, y que ahora tiene que vivir con eso. Nolan nos dice que los monstruos no han desaparecido de la faz de la tierra, solo han cambiado de cara.
La Odisea está en la raíz de todos los grandes relatos de aventuras posteriores, y Nolan lo reconoce citando con habilidad en sus imágenes películas que bebieron de ella: La guerra de las galaxias, Dune o El señor de los anillos. La película señala sus fuentes y sus referencias, e incluye citas que son homenajes y reconocimiento. Nolan lleva años siendo un maestro de las imágenes y La Odisea lo confirma. Hay planos que hacen enmudecer, perfectos en su aparente simplicidad, una simplicidad que solo una acendrada sabiduría visual puede crear. El afán de perfección del director y su querencia por lo real dan a la película cuerpo y verdad: las tormentas son tormentas reales, el mar es un mar de agua y no de ordenador, y los actores habitan escenarios con sol, sal y aire, con una materialidad que devuelve al espectador a los mejores momentos del cine clásico. Hoyte van Hoytema ha conseguido una textura casi táctil, deslumbrante, una caricia para la vista. Hay un detalle curioso y sutil: En la película abundan los perfiles, un guiño elegante a los pocos restos visuales que nos han llegado de la época de Homero.
La música de Ludwig Göransson es dura, seca, áspera y épica, con reminiscencias de la Antigüedad en una sugestión sutil y elegante. Unida al magnífico diseño de sonido, crea una atmósfera envolvente que junto a las imágenes forma una especie de cápsula que sumerge al espectador en otro mundo. La Odisea se disfruta minuto a minuto y merece toda su duración. No es algo que pueda decirse a menudo.
La Odisea regala secuencias verdaderamente extraordinarias que se graban en la memoria. Cada vez que el rapsoda actúa se crea magia en la pantalla. Lo que sucede en la cueva de Polifemo está hecho en clave del mejor cine de terror. El episodio de Circe, encarnada por una Samantha Morton conmovedora y rotunda, alcanza un tono casi onírico, tan bello como inquietante: se siente el dolor bajo sus acciones, y los efectos prácticos le dan un carácter perturbador que ningún CGI habría conseguido. Y el casco de Agamenón (un imponente Benny Safdie) es el que tiene que ser: el gran general que personifica al mismísimo dios de la guerra, su imagen toda una historia contada de forma silente y rotunda.
Un caballo
En cuanto al reparto, literalmente estelar, el do de pecho en conjunto y llevaría varios párrafos mencionarlos a todos. Matt Damon firma probablemente la mejor interpretación de su carrera, ya entrada en su etapa de madurez. Anne Hathaway compone una Penélope espléndida, una mujer astuta y fuerte que añora no solo a su esposo sino toda la vida que compartían. Zendaya, Tom Holland, Robert Pattinson, Charlize Theron; todos están perfectamente dirigidos y caracterizados, y expresan mundos con miradas y gestos, sin necesidad de monólogos. Los secundarios brillan todos y cada uno. John Leguizamo como Eumeo, el porquero fiel, tiene presencia y credibilidad, todo un hombre de carne y hueso. Tiresias (James Remar), en sus pocas frases, hipnotiza y cautiva. Y el rapsoda, Travis Scott, con su imagen y su voz poderosas, en un constante equilibrio entre realidad y leyenda, otorga a la película buena parte de su tono épico.
La Odisea no es perfecta, es cierto. El tono del lenguaje en ciertas escenas resulta demasiado coloquial y chirría dentro del conjunto; es una decisión de accesibilidad que se entiende pero que desafina. El final alarga una secuencia de acción sin necesidad y sin aportar nada nuevo, cuando la película ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Y el montaje es algo apresurado en ocasiones, seguramente para hacer manejable la duración. Pero estos son defectos menores en una obra excelsa, épica y enorme que quedará como una de las grandes películas de la historia del cine.
En resumen, Nolan lleva La Odisea a la pantalla con una ambición que se sostiene y unas imágenes que hacen enmudecer. Matt Damon firma la mejor interpretación de su carrera, el formato IMAX convierte cada plano en una experiencia física, y Homero, tres mil años después, sigue teniendo cosas urgentes que decirnos. Tiene defectos: algún diálogo demasiado coloquial, un final que se alarga de más. Pero son manchas pequeñas en una obra excelsa. Recomiendo encarecidamente ir al cine a verla, en la mayor pantalla accesible, y, si es posible, en su formato original.
¿Qué te ha parecido la película La Odisea?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



























