Crítica de ‘Bajo el mismo sol’: Vidas perdidas en el Caribe colonial

Las críticas de Laura Zurita:
Bajo el mismo sol

Ambientada en 1819, en el Caribe colonial, Bajo el mismo sol narra la historia de Lázaro, un joven heredero español, y Mei, una tejedora china, que intentan fundar una fábrica de seda en la isla de La Española en medio de un contexto marcado por las tensiones políticas, la guerra y la inestabilidad. Lo que parece el sueño de unos visionarios —o la obstinación de unos locos— se complica aún más cuando un desertor haitiano llamado Baptiste decide unirse a la expedición por motivos que solo él conoce.

Bajo el mismo sol está dirigida por Ulises Porra, sobre un guion que coescribe con Ulla Prida, e interpretada por David Castillo, Valentina Shen Wu, Jean Johnny, Víctor Ramírez y Toni Regueiro. La película se estrena en España el 19 de junio de 2026 de la mano de Adso Films.

Mundo exuberante

Bajo el mismo sol es un relato histórico ambientado en la isla de La Española a comienzos del siglo XIX. Allí, en medio de un territorio marcado por la guerra, las tensiones coloniales y la incertidumbre política, Lázaro, un joven heredero español, y Mei, una tejedora china, persiguen un proyecto que parece tan visionario como insensato: fundar una fábrica de seda en plena selva caribeña. A ellos se une Baptiste, un desertor haitiano cuya presencia acabará condicionando el rumbo de la expedición. Aunque no adapta ninguna obra literaria conocida, Bajo el mismo sol se nutre de un rico trasfondo histórico para construir una ficción ambientada en el Caribe colonial de comienzos del siglo XIX. Ulises Porra y Ulla Prida elaboran un relato original que utiliza las tensiones políticas, culturales y económicas de la época como escenario para una historia sobre la identidad, la ambición y la supervivencia.

La gran virtud de la película reside en su dimensión visual. Ulises Porra y la fotografía de Sebastian Cabrera Chelin convierten la naturaleza en un personaje más del relato. La selva húmeda, los cursos de agua, los claros atravesados por la luz y la exuberancia de la vegetación conforman un universo de extraordinaria riqueza plástica. La cámara se detiene en las texturas de la tierra, de las telas y de las hojas, construyendo imágenes de notable belleza que transmiten tanto la fascinación como la hostilidad de un entorno indómito.

Esa atención a lo visual encuentra además un interesante contrapunto en el estado emocional de los personajes. Frente a la vitalidad del paisaje, los protagonistas avanzan dominados por el silencio, la incertidumbre y el peso de sus propias obsesiones. La película parece buscar constantemente ese contraste entre un mundo exuberante y unos individuos incapaces de encontrar su lugar en él.

Relato contemplativo

Sin embargo, allí donde la puesta en escena despliega toda su fuerza, el relato comienza a mostrar sus limitaciones. La narración adopta un ritmo extremadamente pausado, cercano por momentos a la contemplación pura. Esta elección podría haber favorecido una exploración profunda de los personajes, pero ocurre lo contrario: cuanto más tiempo permanecemos junto a ellos, más difícil resulta comprender sus motivaciones y conflictos internos.

Lázaro se mantiene hermético durante buena parte del metraje, hasta el punto de que algunas de sus decisiones parecen responder más a las necesidades simbólicas de la historia que a una evolución psicológica reconocible. Tampoco Mei, un personaje que podría haber aportado una perspectiva singular sobre el proyecto y sobre la condición de extranjera en aquel contexto, recibe el desarrollo que merecería. La película parece interesada en ella, pero nunca termina de concederle el espacio dramático necesario.

Por contraste, Baptiste emerge como la figura más sólida y humana del conjunto. Su presencia aporta carisma, complejidad moral y una dimensión histórica que el resto de personajes apenas alcanza. Cada vez que aparece en pantalla, la película adquiere una densidad dramática que en otros momentos se echa de menos.

La sensación final es la de una obra que aspira a una cierta grandeza clásica. Su ambición es evidente, tanto en la reconstrucción histórica como en su voluntad de abordar cuestiones relacionadas con el colonialismo, la identidad y la supervivencia. Sin embargo, esa ambición termina descansando demasiado sobre la majestuosidad de las imágenes y no encuentra un equivalente en la construcción dramática de los personajes.

Bajo el mismo sol es una película de indudable belleza formal y notable rigor técnico, pero cuya fuerza visual acaba superando a su capacidad narrativa. El resultado es una obra admirable en muchos aspectos, aunque incapaz de transformar plenamente su atractivo punto de partida en una experiencia emocional tan intensa como sus imágenes prometen.


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Bajo el mismo sol

6.3

Puntuación

6.3/10

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