Crítica de ‘Caso 137’: ¿Quién vigila a quienes nos protegen?

Las críticas de Santiago Varela:
Caso 137

Caso 137 es la película más reciente del director Dominik Moll, cineasta con una consolidada trayectoria en el ámbito del thriller europeo. Su filmografía ha estado estrechamente vinculada al Festival Internacional de Cine de Berlín y al Festival de Cine de Cannes, donde ha presentado obras destacadas como Harry, un amigo que os quiere (2000), El monje (2011), Solo las bestias (2019) y La noche del 12 (2022).

Tras su estreno mundial en la Sección Oficial de Cannes, y su presentación en España en la pasada edición del Festival Europeo de Sevilla, llega a los cines el 19 de junio de 2026 de la mano de Filmin. La película se configura como un thriller policial que aborda cuestiones relacionadas con el ejercicio del poder institucional, los mecanismos de control social y los límites de la actuación policial en las democracias contemporáneas.

Crítica de 'Caso 137': ¿Quién vigila a quienes nos protegen?

La fuerza del poder

Dominik Moll es uno de esos directores que no dejan indiferente al espectador. Su cine invita a plantearse preguntas y a cuestionar los propios límites morales. Lo institucional, lo social y lo ético se sitúan en el centro del debate para ser sometidos a juicio, un juicio que, inevitablemente, comienza por nosotros mismos.

El director germano-francés vuelve a adentrarse en estas cuestiones para narrar los acontecimientos sucedidos durante una noche de protestas sociales en el contexto del movimiento de los chalecos amarillos de 2018. Un joven es alcanzado por una pelota de goma en la cabeza, lo que le provoca graves daños cerebrales. Este hecho constituye el punto de partida de una investigación que se inicia desde la perspectiva del entorno de la víctima y que, posteriormente, incorpora una mirada policial marcada por la distancia y la burocracia. La investigación se desarrolla en los despachos de Asuntos Internos y se construye a través de diversos dispositivos de registro y emisión de imágenes, configurando un relato poliédrico que permite observar la realidad desde múltiples perspectivas.

Esta estructura narrativa funciona como un prisma que revela las diferentes caras de una misma realidad, en la que las estructuras de control y el uso del poder ocupan un lugar central. En el siglo XVIII, el filósofo utilitarista Jeremy Bentham ideó el panóptico, un modelo arquitectónico destinado a las cárceles y compuesto por una torre central rodeada por celdas, cuya disposición permitía que los presos se sintieran observados de manera constante. Posteriormente, esta lógica de vigilancia fue trasladada al urbanismo. En París, tras la Revolución Francesa y las sucesivas revueltas populares, Georges Eugène Haussmann impulsó una profunda remodelación de la ciudad con el objetivo de facilitar el control del espacio público por parte de las autoridades. Las grandes avenidas y plazas abiertas dificultaban la organización y la defensa de los manifestantes, estableciendo un modelo urbano cuyos efectos todavía pueden apreciarse en la actualidad.

La lógica panóptica guarda una estrecha relación con la sociedad contemporánea, caracterizada por la vigilancia permanente y la recopilación masiva de datos. Las cámaras de seguridad, los teléfonos móviles, los cajeros automáticos o los sistemas de geolocalización constituyen herramientas de observación y control que generan una inmensa cantidad de información sobre los individuos. Dominik Moll integra estos dispositivos en la puesta en escena y los convierte en elementos narrativos fundamentales, utilizando las imágenes de archivo y los registros audiovisuales para desarrollar la investigación y, al mismo tiempo, para reflexionar sobre un mundo en el que la vigilancia se ha normalizado.

Crítica de 'Caso 137': ¿Quién vigila a quienes nos protegen?

El sistema nos oprime

Caso 137 no solo retrata la represión institucional, sino también el conflicto permanente entre el Estado y la sociedad civil. La película pone de manifiesto una cuestión especialmente relevante en las democracias contemporáneas: la progresiva pérdida de espacios de movilización colectiva y la erosión de la lucha por los derechos sociales. En este contexto, resulta pertinente recuperar las reflexiones del filósofo Boris Groys, quien afirma en «Filosofía del cuidado» que: «El cuerpo simbólico es un archivo de documentos, imágenes, vídeos, registros sonoros, libros y otros datos semejantes. Los resultados de la vigilancia forman parte de este archivo, aun si tales resultados son desconocidos para el vigilado». Estas palabras ilustran con precisión la realidad que plantea la película: la construcción de la identidad contemporánea está inevitablemente mediada por los dispositivos de control y por los archivos que estos generan.

No es la primera vez que el cine aborda las protestas sociales que tuvieron lugar en Francia a finales de 2018, motivadas por el aumento del precio de los combustibles, la desigualdad fiscal y la pérdida del poder adquisitivo. Películas como La fractura (Catherine Corsini, 2021) se aproximaron a estos acontecimientos desde la experiencia de quienes salieron a las calles, construyendo un relato intenso y emocional que apostaba por la mediación como vía de resolución del conflicto. Por el contrario, Caso 137 adopta un tono más contenido y analítico. La investigación se convierte en una herramienta para examinar las contradicciones del sistema, aunque la película transmite una visión profundamente pesimista al sugerir que las instituciones están condicionadas por estructuras de poder difíciles de transformar.

En España, una referencia inevitable es la serie Antidisturbios (Rodrigo Sorogoyen, 2020), que aborda problemáticas similares desde el punto de vista de una unidad policial. Sin embargo, mientras Sorogoyen opta por una aproximación visceral y cercana a los orígenes de la violencia, Dominik Moll toma distancia y construye un retrato más analítico de la sociedad francesa. Aunque su punto de vista se encuentra claramente anclado en la protagonista, su objetivo trasciende el relato individual y aspira a realizar una radiografía del conjunto de la sociedad.

La cuestión de fondo no reside tanto en confiar o no en las fuerzas policiales, sino en preguntarse si las democracias actuales poseen mecanismos suficientemente sólidos para contener las derivas autoritarias y garantizar una auténtica separación de poderes. La película sugiere que el sistema es más fuerte que el individuo y que la justicia no siempre opera de manera equitativa, sino que, en ocasiones, parece favorecer a quienes conocen sus reglas y saben desenvolverse en ellas.

Frente a esta realidad emergen los denominados «vídeos de gatitos», expresión que Moll utiliza como metáfora de la evasión contemporánea. Por un lado, representan a quienes prefieren ignorar la realidad social y política; por otro, funcionan como un canal a través del cual se canalizan la frustración y el descontento generado por la situación política global, con guerras como la de Ucrania, genocidios como el de Gaza o la corrupción sistemática de los gobiernos. En ocasiones, la sensación de impotencia conduce a la inacción, ya que el propio sistema dispone de mecanismos capaces de absorber o neutralizar la disidencia.

Crítica de 'Caso 137': ¿Quién vigila a quienes nos protegen?

El poso que nos deja

Hacia el final de la película, una mirada entre la protagonista y su hijo simboliza la necesidad de proyectarse hacia el futuro y plantea una pregunta fundamental: ¿cómo queremos educar a las nuevas generaciones? Guillaume Girard, el joven agredido por la policía, encarna la vulnerabilidad del individuo frente a las estructuras de poder. Su pérdida temporal de memoria puede interpretarse como una metáfora de una sociedad sometida a un flujo constante de información y entretenimiento, que dificulta la reflexión crítica y favorece la desmemoria colectiva.

¿Y si dejamos de protestar? ¿Y si renunciamos a actuar? La película sugiere que el sistema ha conseguido reducir progresivamente nuestra capacidad de movilización y nuestra disposición al diálogo. El individualismo se impone y la fragmentación social parece inevitable. Sin embargo, la verdadera revolución está en recuperar el espacio público, dialogar con los demás, construir consensos y defender colectivamente aquello que consideramos justo.

Dominik Moll ofrece una visión pesimista sobre las estructuras de control y sobre el poder de las instituciones, pero al mismo tiempo construye una obra de gran calado político y social, capaz de interpelar al espectador y de remover conciencias. A través de la investigación y del poder de las imágenes, Caso 137 nos recuerda que ver es una forma de conocimiento, pero también una forma de poder.


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Caso 137

8

Puntuación

8.0/10

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