Crítica de ‘R.M.N’: Una resonancia magnética del comportamiento humano

Las críticas de Daniel Farriol:
R.M.N.

R.M.N. es un drama rumano que está escrito y dirigido por Cristian Mungiu (4 meses, 3 semanas, 2 días, Los exámenes). La historia nos sitúa unos días antes de Navidad, cuando Matthias vuelve a su pueblo natal, una localidad multiétnica de Transilvania, tras dejar su trabajo en Alemania. Allí se reencontrará con su hijo, tratando de implicarse más en su educación, y también con su padre y una exnovia, Csilla, a la que no ha dejado de ver ni estando con su mujer. Cuando la fábrica que dirige Csilla decida contratar a empleados extranjeros, la paz de esta pequeña comunidad se verá perturbada.

Está protagonizada por Marin Grigore (Legacy, Sieranevada), Judith State (El padre que mueve montañas, Monsters), Macrina Barladeanu, Orsolya Moldován, Rácz Endre, József Bíró, Ovidiu Crisan y Zoltán Deák. La película tuvo su entreno en España dentro del marco del Festival de San Sebastián 2022, viéndose posteriormente también en un pase especial en Seminci 2022. Su estreno comercial de la mano de Caramel Films y BTeam Pictures ha sido el día 28 de Diciembre de 2022.

Una radiografía pesimista del comportamiento humano

R.M.N. es una de esas películas que deja poso para el cine-fórum y el debate posterior debido a sus incisivas reflexiones sociales que plantea sobre el comportamiento humano y sobre ese cáncer de amoralidad que supone el racismo estructural que asola la Europa actual sin tener en cuenta tiempos no demasiado lejanos de infausto recuerdo. Cristian Mungiu, autor de la desgarradora 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007), sigue las pautas marcadas por la «Nueva ola rumana» («Noul val românesc»), corriente a la que pertenece su cine y entre cuyas señas de identidad encontramos una puesta en escena austera o esa forma en que integra una mirada costumbrista dentro de un contexto político convulso donde aún resuenan los ecos del estricto régimen comunista con que Ceaușescu gobernó su país durante más de dos décadas.

De ese modo, el director nos habla del presente sin dejar de mirar al pasado, utilizando como metáfora el microcosmos de un pequeño pueblo multiétnico de Transilvania para reflexionar acerca del declive económico de las sociedades capitalistas o de las dificultades de adaptación que sufren los emigrantes en entornos que se vuelven tremendamente hostiles cuando una población vive deprimida por la miseria, la falta de oportunidades y la intolerancia.

Un retrato coral al que le cuesta encontrar el foco

R.M.N. sigue los pasos de Matthias (Marin Grigore) en su regreso a su pueblo natal en Rumanía tras pasar una temporada trabajando en Alemania. Querrá recuperar el afecto de sus allegados y, en especial, pasar más tiempo con su hijo Rudi que padece un miedo irracional tras haber asistido a un hecho traumático en el bosque que le ha dejado secuelas psicológicas. El hombre se debate también entre dos mujeres, Ana (Macrina Barladeanu), su esposa y madre del niño, con la que tiene una relación de absoluta frialdad, y su ex novia Csilla (Judith State), empresaria y mujer independiente con la que mantiene tórridos encuentros sexuales. Durante más de una hora, Mungiu fabrica un retrato coral de la gente del pueblo sin que sepamos muy bien hacia donde quiere dirigir el discurso de su película.

El estilo áspero y frío que tiene el cineasta le sirve para cocinar a fuego lento un relato de tenebroso realismo social y ambientación localista al que le cuesta arrancar demasiado, pero que durante la segunda mitad avanza de manera implacable para reflejar las miserias humanas, los bajos instintos y un racismo estructural que va mucho más allá de religiones, razas o nacionalidades. La larga secuencia que acontece en la asamblea es sublime y la última hora de película tiene una atmósfera malsana que se vuelve cada vez más irrespirable.

Unas siglas para detectar una enfermedad congénita en las sociedades capitalistas

Precisamente lo más interesante que tiene R.M.N. es plantear el racismo como algo inherente a la condición humana que afecta a todas las minorías, es decir, primero veremos como Matthias se sintió discriminado al convertirse en un inmigrante rumano que trabajaba en Alemania, mientras que luego serán los propios rumanos los que tratarán con igual desprecio a inmigrantes de Sri Lanka que llegan al pueblo para trabajar en la panadería en puestos que fueron rechazados por los lugareños.

La ignorancia y el miedo son las claves para entender situaciones por las que personas achacan el origen de sus males y penurias económicas a los extranjeros «que vienen a quitarnos el trabajo», incluso cuando las voces más indignadas son de parados locales que renunciaron a esos trabajos. La tiranía de la economía, la intransigencia del colectivo hacia los individuos que no pertenecen a su círculo, la complicidad en el caos social que alimentan los estamentos religiosos o la falta de empatía hacia las necesidades del prójimo, son algunos de los temas que se incorporan a un relato de inicio disperso que afina el tiro cuando se pone más serio y pesimista.

Tampoco ayuda mucho que el protagonista masculino, Mathias, sea un hombre obtuso y de personalidad demasiado hermética como para que podamos identificarnos con él. En ese sentido, está mucho mejor definida la protagonista femenina, Csilla, que es la única persona que busca mantener su equilibrio ético ante las dificultades y en contra de las acciones de todas las demás partes implicadas. Las siglas R.M.N. significan Resonancia Magnética Nuclear, término científico utilizado en medicina que Mungiu convierte en una analogía perversa para detectar a través de su escáner cinematográfico toda la podredumbre oculta en el interior del alma humana y de las sociedades presuntamente civilizadas.


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R.M.N.

7.2

Puntuación

7.2/10

3 comentarios en «Crítica de ‘R.M.N’: Una resonancia magnética del comportamiento humano»

  • el 1 enero, 2023 a las 21:02
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    Que pasa con el.final?? Porque.pide.perdon la.protagonista????? Esos osos al final son gente?? Los que han matado a.las.ovejas del padre.o que???

    Respuesta
    • el 15 enero, 2023 a las 22:25
      Enlace permanente

      Tampoco entendí muy bien el final pero luego pensé que el oso (animal patrón de Rumanía) en el bosque es como una metáfora del miedo al otro del protagonista y ella le pide perdón quizás porque le ha delatado cuando le buscaban por el incidente laboral del inicio.

      Respuesta

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