Crítica de ‘Mamma Mia! El musical‘: Mejorada nueva versión del mítico musical de ABBA

Las críticas teatrales de José F. Pérez Pertejo:
Mamma Mia! – El musical

Mamma Mia! no fue el primer musical jukebox de la historia, pero sin duda alguna fue el primero cuyo éxito lo llevó, a partir de su estreno en 1999, a compartir cartelera con los más prestigiosos musicales del West End londinense y el neoyorquino Broadway, a internacionalizarse y, traducciones mediante, expandirse a escenarios de todo el mundo en los que, invariablemente, se repetían la calurosa acogida por parte del público y las espectaculares cifras de espectadores, funciones representadas y, en consecuencia, de beneficios económicos en venta de entradas, merchandising, grabaciones y una traslación al cine en la muy atinada versión de Phyllida Lloyd con Meryl Streep, Amanda Seyfried, Pierce Brosnan, Julie Walters, Colin Firth y otros nombres de campanillas.

Tuve ocasión de ver en dos ocasiones el primer montaje español estrenado en 2004 y posteriormente reestrenado en 2015, se trataba de una réplica exacta del montaje londinense original, convenientemente supervisado por los creadores británicos, y protagonizado por Nina que acabó convirtiéndose, según he leído en alguna parte, en la actriz que más veces ha representado el papel de Donna en todo el mundo. Lo recuerdo con mucho agrado a pesar de su desigual reparto (hablo del elenco original) que deslucía algunos personajes y destrozaba un par de canciones (Chiquitita entre ellas).

Era cuestión de tiempo que el que ha venido en llamarse “musical de los récords” volviera a los escenarios de nuestro país, más aún en un momento en el que la Gran Vía (y calles relativamente cercanas) están convirtiendo Madrid en una ciudad referente en teatro musical a nivel mundial. Lo que verdaderamente me llamó la atención (y me indujo a ver por tercera vez Mamma Mia!, esta vez en el Teatro Rialto) es que por primera vez se ha dado permiso para crear una versión que no sea una réplica exacta del montaje original, lo cual conlleva el enorme riesgo de cambiar la fórmula de algo que lleva funcionando durante dieciocho años en todo el mundo (si algo funciona, no lo toques, suele decirse).

De hecho, la única razón que se me ocurre para hacer una nueva versión de algo es hacerlo mejor, cualquier otro resultado sería fallido, tanto más cuanto más exitoso sea el referente original. El caso es que globalmente, el nuevo montaje de Mamma Mia! recientemente estrenado en Madrid es netamente superior al anterior tanto en una más depurada traducción de las letras de las canciones como en una escenografía más inmersiva, unas coreografías más dinámicas y un elenco mucho más homogéneo en calidad vocal e interpretativa. Pero no me gustaría seguir valorando este montaje en función del anterior, así que hasta aquí las comparaciones.

El argumento de Mamma Mia! es sobradamente conocido, la joven Sophie (Gina Gonfaus) que se ha criado sola con su madre Donna (Verónica Ronda) en una isla griega decide invitar a su boda a tres antiguos novios de su madre que, a juzgar por las fechas leídas en un diario, podrían ser su padre. Los tres se presentan en la isla sin saber muy bien porqué se les ha invitado y, a partir de ahí, junto a una corte de personajes que fundamentalmente son las amigas de la novia, los amigos del novio y las dos mejores amigas de la madre de la novia, se desata la acción de una comedia romántica con toques de enredo que se vehiculiza a través de veintitrés canciones de ABBA.

La dirección de Juan Carlos Fisher conduce el montaje por el terreno del humor pero sin desdeñar en ningún momento las posibilidades dramáticas (emotivas si se prefiere) del texto, algo que solo es posible si, como es el caso, se cuenta con un reparto en el que además de buenos cantantes (algo que suele ser habitual) se tiene a buenos actores (algo que suele ser excepcional). Y es que esa es precisamente la mayor de todas las virtudes de este nuevo Mamma Mia!: un elenco homogéneo de artistas completos que cantan, bailan e interpretan sin que ningún personaje principal cojee llamativamente en alguna de las facetas. Las nuevas coreografías de Iker Karrera son dinámicas, divertidas e implicadas con la narración del texto lo cual permite conseguir un ritmo adecuado durante todo el espectáculo.

El musical arranca con “Tengo un sueño” y “Honey, Honey” con las que Gina Gonfaus deja claras desde el principio sus virtudes vocales y su buena preparación actoral. El tema “Money, Money, Money” pone sobre el escenario la primera gran coreografía grupal en un número exigente con el que Verónica Ronda presenta con brillantez al personaje de Donna. Siguiendo con las presentaciones, “Gracias por las canciones” sirve para que aparezcan los tres personajes masculinos principales, Sam (un Jaime Zatarain con gran presencia escénica y una bonita voz), Harry (divertidísimo Carlos de Austria) y Bill (entrañable y solvente Ángel Saavedra). Todo el primer acto transcurre con un ritmo frenético que avanza la trama a través de la emblemática “Mamma Mía” o “Chiquitita” muy bien cantada por Tanya (Mariola Peña) y Rosie (Ylenia Baglietto) que están francamente divertidas pero sin caer en el punto chabacano al que algunas veces se ha llevado a estos dos personajes. El primer acto termina con las canciones que ocupan las despedidas de soltero de Sophie y Sky con la dificultad escénica de encajar el argumento en las canciones “Dame, Dame, Dame” y “Dime ya la verdad” que Fisher dirige con acierto.

El segundo acto arranca con la coreografía más innovadora de todo el montaje, la pesadilla de Sophie “En pleno ataque” con una puesta en escena imaginativa e inquietante en la que brilla Gina Gonfaus, pero además se implica a todo el reparto. A partir de ahí se suceden algunos temas de personajes como “¿Qué va a decir mamá?” con el que se luce Mariola Peña, «Conociéndote a ti, conociéndome a mí» con el que lo hace Jaime Zatarain o “Un verano” para Carlos de Austria, pero lo que ocurre fundamentalmente en este segundo acto es la explosión vocal e interpretativa de Verónica Ronda que se echa a las espaldas el musical para dotar a Donna de todos los matices interpretativos de un personaje que no solo es exigente cantando. A través de su rostro y sus estados de ánimo vemos el dolor y la inseguridad que han estado ocultos durante gran parte de su vida, el resquebrajamiento de su hostilidad inicial, el miedo a que vuelvan a hacerle daño y la finalmente confesada tristeza ante el nido vacío que se le avecina en la muy emocionante concatenación de dos canciones “Se me está escapando” y “Solo hay un ganador” con las que Ronda está sencillamente sublime.

Después de este momento cumbre, lo que sigue es el desenfadado desenlace de la trama con varias canciones divertidas alrededor de la boda (“Te has fijado en mí” o “Que sí, que sí, que sí”) y la explosión final con el mini concierto post saludos pensado para que el público termine de entregarse si no lo ha hecho ya.

Se me ocurren pocos espectáculos que puedan verse varias veces y disfrutar siempre a pesar de que uno se sepa de memoria lo que va a ocurrir. Las canciones de ABBA tienen mucha culpa, pero además hace falta un soporte escénico y actoral que las sostengan. Este nuevo montaje de Mamma Mia! en el Rialto consigue revelarse con una personalidad propia que atenúa las debilidades del musical original (cierta endeblez argumental) y exprime al máximo sus virtudes (el canto al disfrute de la vida y la fe en las segundas oportunidades), todo ello gracias a los aciertos de una innovadora puesta en escena y la brillantez de un elenco sólido de cantantes, actores y bailarines.

Mamma Mia! El musical

9

Puntuación

9.0/10

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