Crítica de ‘La chica salvaje’: Naturaleza, divino tesoro

Las críticas de Daniel Farriol:
La chica salvaje

La chica salvaje (Where the Crawdads Sing) es un drama estadounidense que integra en su trama romance e intriga y está dirigido por Olivia Newman (Mi primer combate, Rétame). El guion corre a cargo de Lucy Alibar (Bestias del sur salvaje, Troop Zero), adaptando la novela homónima de Delia Owens («Cry of the Kalahari», «The Eye of the Elephant»). La historia muestra a una joven mujer que se crió en las marismas del sur profundo de los Estados Unidos que se convierte en sospechosa del asesinato de un hombre con el que una vez estuvo involucrada sentimentalmente.

Está protagonizada por Daisy Edgar-Jones (Fresh, Normal People), Taylor John Smith (El mediador, Pasajero oculto), Harris Dickinson (El triángulo de la tristeza, Retreat), Garret Dillahunt, David Strathairn, Eric Ladin, Sterling Macer Jr., Michael Hyatt, Ahna O’Reilly y Jojo Regina. La película participó en el Festival de Locarno 2022 y se ha estrenado en España de la mano de Sony Pictures España el día 30 de Septiembre de 2022.

Una novela de éxito llevada a la gran pantalla

La chica salvaje adapta la exitosa novela «Where the Crawdads Sings» (Donde cantan los cangrejos de río) de Delia Owens, que a sus 70 años debutó como novelista con uno de los libros más leídos de esta década que ya lleva más de tres millones de ejemplares vendidos y ha sido traducido a más de 40 idiomas distintos. Su éxito radica en una sabia combinación entre intriga criminal, novela romántica y un profundo conocimiento de la naturaleza. No en vano, la escritora estadounidense es zoóloga y etóloga de profesión, habiendo vivido durante 23 años en el continente africano para desarrollar mejor sus conocimientos.

La trama se ambienta en los años 50-60 y nos presenta a la joven Kya Clark (Jojo Regina, de niña, y Daisy Edgar-Jones, de adulta), que se ha tenido que criar sola en las marismas del Sur de los Estados Unidos, en Barkley Cove (Carolina del Norte), tras haber padecido una infancia conflictiva junto a un padre maltratador y alcohólico que hizo insoportable la convivencia en el núcleo familiar, primero la madre y luego sus hermanos, decidieron marcharse. Cuando en un arrebato su padre la deja sola, la niña debe aprender a ser autosuficiente y desarrollar una relación especial con el entorno natural para poder sobrevivir, al tiempo que debe sortear a los servicios sociales que investigan un posible abandono infantil.

Del amor al odio hay solo un verano

La gente del pueblo la apoda «la chica salvaje», la mayoría la ven como un bicho raro sobre el que chismorrear y hacer burlas, así que ella prefiere relacionarse con la fauna y flora que le rodea, recogiendo todos sus hallazgos en dibujos y cuadernos que decoran su casa. De mayor conocerá el amor a través de Tate Walker (Taylor John Smith), un chico que también vive en el pantano y que le enseña a leer, pero cuando este debe marcharse a la universidad para continuar sus estudios, la chica suple su soledad junto a Chase Andrews (Harris Dickinson) en una relación que se irá volviendo cada vez más tóxica y le recordará a la que tenía su madre con su padre.

La repentina muerte de Chase convierte a «la chica salvaje» en la principal sospechosa de un presunto asesinato del que casi todo el pueblo da como culpable. Para demostrar su inocencia contará con la ayuda de Tom Milton (David Strathairn), un abogado jubilado, y del matrimonio formado por Jumpin’ (Sterling Macer Jr.) y Mabel (Michael Hyatt), los cuáles regentan una tienda de víveres a la que la joven acude desde niña para vender mejillones que ella misma arrancaba de las rocas en las marismas.

Lo más curioso de todo es que la propia novelista tiene algunos aspectos en común con Kya y en Zambia se mantiene abierta una acusación de asesinato hacia su hijastro por la muerte de un cazador furtivo en el que ella misma podría haber estado involucrada. No hay pruebas concluyentes. La chica salvaje, versión cinematográfica de su novela efectuada por Olivia Newman, utiliza una narrativa clásica y ensimismada en el paisaje que combina los distintos espacios temporales de la trama para recrear la historia completa de Kya que cierra con el juicio y un previsible twist final a modo de epílogo.

Demasiada luz en una historia con mucha oscuridad

La chica salvaje combina distintos géneros con desigual suerte, poniendo especial énfasis en el lado romántico de la historia y quedando más desdibujado todo lo relacionado con el misterio alrededor de la muerte de Chase. El personaje de Kya es fascinante en sí mismo y la joven actriz inglesa Daisy Edgar-Jones realiza un trabajo estupendo para darle una dimensión adecuada pese a que cueste creerse que una niña que criada sola en mitad de la naturaleza pueda comportarse de manera tan elegante, educada y con un vocabulario tan rico (más allá de las lecciones privadas de escritura y lectura que pudiera darle su amigo).

Eso sí, el magnetismo que desprende Kya/Daisy eclipsa por completo a sus compañeros masculinos que están perfilados con brocha gorda para mostrar los contrastes en las relaciones sentimentales y perpetrar un discurso sin demasiada profundidad acerca de la masculinidad dominante. La intriga criminal y el drama judicial son poco atrayentes mientras que los prejuicios de la gente del pueblo hacia «el diferente» tampoco se exploran más allá de unas pinceladas con personajes-estereotipos.

Hay una tendencia embellecedora en las imágenes de Olivia Newman que acaba edulcorando los pasajes más dolorosos y, por momentos, asume la condición de una novela rosa al borde de la cursilería. La fotografía de Polly Morgan (Lucy in the Sky, Un lugar tranquilo 2) es luminosa y preciosista, recoge el testigo cinematográfico de Terrence Malick y Jane Campion, para abstraerse de la trama y centrarse en los hermosos paisajes naturales de Nueva Orleans como si fuera una documentalista de la naturaleza, entregando al espectador una ambientación sensorial de ensoñación o cuento que evita que nos cuestionemos demasiado las partes menos realistas que tiene la historia. La gran influencia que imita el trabajo de cámara es el trabajo pictórico realizado por Alicia Ravenel Huger Smith, una de las principales figuras del Renacimiento de Charleston de finales del Siglo XVIII, la cual supo reflejar la belleza de las marismas en múltiples acuarelas. 

Para corazones «blanditos»

En definitiva, La chica salvaje es una película de agradable visionado con una narrativa clásica que parece enfocada al público mayoritario aunque no acabe de explotar todas las posibilidades inherentes a la historia que cuenta debido a su constante inclinación por idealizarlo todo. Aún así, hay momentos que funcionan por el tratamiento visual del entorno natural y sobre todo por una magnética Daisy Edgar-Jones, también influirá en nuestra percepción según tengamos de blandito el corazón al verla para aceptar un romance de postal más veraniego que salvaje (curiosamente la mejor secuencia es un bello final que encadena varias elipsis que explican el paso del tiempo en la relación de los protagonistas)Los fans de la novela supongo que quedarán más o menos satisfechos dada la implicación y conformidad de la autora en todos los pasos creativos que hubo en la realización de esta adaptación.


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La chica salvaje

6.2

Puntuación

6.2/10

Un comentario en «Crítica de ‘La chica salvaje’: Naturaleza, divino tesoro»

  • el 2 octubre, 2022 a las 18:19
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    No veía una cosa tan cursi y ramplona desde las películas de Marisol. No te la crees ni un segundo.Un horror con un final más que previsible.

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