Crítica de ‘El radioaficionado’: Comunicarse y conectar con los demás

Las críticas de Daniel Farriol:
El radioaficionado

El radioaficionado es un drama español escrito y dirigido por Iker Elorrieta. La historia sigue a Nikolas, un joven autista que ha perdido a su madre y regresa a su pueblo natal donde se reencontrará con una amiga de la infancia. Los problemas para comunicarse y entender el mundo que le rodea acabarán poniendo en peligro su vida y forzarán el que será su destino. Está protagonizada por Falco Cabo, Usue Álvarez, Jaime Adalid (Buenas Noches, dijo la Señorita Pájaro, Lucero), Pedro Arnáez (Pikadero), Arantxa Galindez y Javier Cañón. La película se presentó en la Sección Zinemira del Festival de San Sebastián 2021. Se ha estrenado comercialmente de la mano de Begin Again Films el día 2 de Septiembre de 2022.

Cuando las frecuencias se vuelven emociones

El radioaficionado es una pequeña producción a nivel presupuestario, pero grande en cuanto a todo lo que consigue removerte por dentro. Nikolas (Falco Cobo) es un joven que padece un trastorno del espectro autista (TEA) que le impide comunicarse con fluidez en sus interacciones sociales con los demás. Hace poco tiempo que ha perdido a su madre, los trabajadores sociales le han conseguido un trabajo y vive con su tía, pero él necesita concluir el proceso de duelo por el que está pasando. Por ello decide aprovechar un par de días de vacaciones para regresar a su pueblo natal con la intención de esparcir las cenizas de su madre en el mar, el mismo lugar donde años atrás también falleció su padre mientras faenaba en un barco de pesca.

La pérdida de los referentes paternos agudiza el sentimiento de vacío existencial para cualquier persona y al mismo tiempo obliga a explorar una independencia forzosa que está llena de anhelos e incertidumbres. Nikolas se reencontrará en su antiguo pueblo con Ane (Usue Álvarez), una vieja amiga de la infancia que ahora trabaja en el puerto dando los partes meteorológicos para los pescadores, algo que el joven ya sabe de antemano porque suele escuchar la voz de la chica desde su casa en Vallecas gracias a un equipo de radiofrecuencia que se ha convertido en compañero inseparable de sus solitarias noches.

Pero, tal y como reza la frase promocional del póster de la película, «no todo el mundo sintoniza la misma frecuencia», y Nikolas tendrá una complicada adaptación en su estancia en el pueblo al tener que relacionarse con personas que no saben como tratarlo, en especial, Lupo (Jaime Adalid), el hijo tetrapléjico del jefe de las instalaciones portuarias, un tipo «algo gilipollas» que provoca al recién llegado con bromas de mal gusto para solventar la autocompasión que siente ante su propia minusvalía.

Cuidar y ser cuidados

Aunque esa sería la base argumental de El radioaficionado, la ópera prima del guionista y director Iker Elorrieta opta por una narrativa casi elíptica que ofrece pocos detalles reales de la vida de los personajes. Se preocupa mucho más en concentrarse en las emociones internas que les hacen actuar de una manera u otra ante las situaciones que se plantean. De ese modo, los pocos diálogos que encontramos en la película sirven para sembrar las pistas necesarias para que el espectador sea quien imagine en su cabeza las partes restantes que no se cuentan de forma explícita, sin que eso suponga un sobresfuerzo durante el visionado ni tampoco un impedimento para hacerla del todo entendible. De hecho, el filme cuenta una historia universal bastante sencilla sobre la difícil comunicación entre las personas que va mucho más allá del espectro autista.

Una de las cosas más reseñables de este trabajo es el respetuoso acercamiento que hace el director a este tipo de trastorno tan poco visto en el cine a través de personas adultas. Falco Cobo interpreta con convicción a una persona autista sin caer en lo obvio, mostrando de manera efectiva las contradicciones y crisis que hay en su comportamiento cuando debe asimilar sentimientos de rabia o decepción. En general, todos los personajes que aparecen en la película, Ane y Lupo también, tienen problemas similares relacionados con la sensación de fracaso, soledad o la necesidad de cuidar y ser cuidados, es decir, cosas que afectan a cualquier ser humano durante su aprendizaje vital. Aunque el papel de Cobo sea tal vez el más «agradecido» en escena, me han sorprendido gratamente Usue Álvarez que está maravillosa en cada plano y Jaime Adalid que sabe como reflejar un continuo dolor-resentimiento tras su mirada.

En definitiva, El radioaficionado es un película independiente que suple sus carencias presupuestarias con una enorme sutileza escénica. Consigue emocionarnos sin sensiblerías al mismo tiempo que nos predispone para la reflexión sobre la manera en que nos relacionamos con los demás. Mención aparte merecen el tratamiento del sonido (Nikolas utiliza unos auriculares para aislarse y concentrarse de los ruidos externos) y la espléndida banda sonora compuesta por Aitor Etxebarria que potencia la emotividad de las escenas más relevantes. Es un filme muy recomendable para los que buscan historias humanas que vayan más allá de los estereotipos del cine social.


¿Qué te ha parecido la película?

El radioaficionado

7.2

Puntuación

7.2/10

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