LOCARNO 75. Crítica de ‘W’: Una distopía sobre Eros y Tánatos

Las críticas de Daniel Farriol en el 75 Festival de Locarno:
W

W es un filme experimental adscrito a la ciencia-ficción que ha sido creado y dirigido por la finlandesa Anna Eriksson (M). La historia nos plantea una distopía futurista sobre un mundo asolado por la guerra en el que vemos a una mujer moribunda, Madame Europe, que está acompañada por su Hombre Máquina Chino. Está protagonizada por la propia Anna Eriksson junto a Hanna Trygg, Jussi Parviainen, Parco Lee, Jooseppi Pyykkö, Iida Rauma, Ninja Sarasalo, Karina Kivilahti y Kirsi Nisonen. La película ha podido verse en la Sección «Fuori Concorso» del 75 Locarno Film Festival 2022.

De ‘M’ a su espejo inverso ‘W’

De inicio hay que advertir que W de Anna Eriksson, más que una película, es un trabajo conceptual que parte de la experimentación y el vídeo-arte sin tener un guion lineal que ofrezca asideros suficientes al espectador para poder asimilar todo lo que se muestra en pantalla. Eriksson es una exitosa cantante que tras darse a conocer en un programa televisivo llamado «Kiitorata» de la MTV3 en 1995 se labró una prolífica carrera en el mundo de la música con una decena de discos que han cosechado multitud de premios y la aclamación del público. Ahora parece más enfocada a explorar otras facetas artísticas como el cine donde debutó con el largo M (2018), un trabajo experimental donde deconstruía las pesadillas de Marilyn Monroe y la esclavitud de la actriz como icono sexual para los hombres.

En su segundo filme, W, que no deja de ser un «M» inversa y que podría tratarse de la inicial de la palabra «War» (Guerra), su deconstrucción no hace referencia a un personaje o símbolo si no a una situación sociopolítica actual de decadencia y depresión moral. De esa forma, las primeras imágenes con una mujer encadenada y enferma que responde al nombre de Madame Europe y que recibe los cuidados (también torturas) de un hombre chino, puede verse como una analogía bastante elemental sobre nuestro presente con el continente europeo en serias dificultades en contraposición a una economía china emergente. Eso está ahí, pero luego la película prefiere abordar en un terreno abstracto los conceptos freudianos de Eros y Tánatos, algo que la directora ya hacía en su debut.

¿Imágenes impactantes o gratuitas?

Intentar explicar el argumento de W de Anna Eriksson es inútil. Lo único que puede desentrañarse de la sucesión de imágenes presuntamente transgresoras que propone la cineasta es que hay una guerra en el exterior, más allá de los confines de la sala de tortura donde se encuentra la moribunda Madame Europe y de un hospital siniestro donde trabajan unas no menos siniestras enfermeras que mantienen unas rutinas diarias con situaciones que vinculan igualmente las curas al martirio físico. Sí que se evidencia un salto cualitativo en el trabajo visual y de ambientación sonora (lo mejor de la peli) en comparación al anterior trabajo de la directora, por ejemplo, la fotografía de Matti Pyykkö (su marido) aúna la belleza plástica con lo mórbido y desagradable de manera convincente.

Eriksson manifestaba en una entrevista que buscaba plasmar «el dolor verdadero», por lo que rellena su relato con imágenes vinculadas al sadomasoquismo, el torture porn o la escatología, en las que habrá cabida para todo tipo de fluidos, desnudos integrales, masturbaciones, castraciones, perversiones y otras escenas de fácil impacto que parecen querer llevar la paciencia del espectador al límite, aunque finalmente resulten tan gratuitas como inanes, y lo que es peor, anticuadas. En una época de acceso indiscriminado a todo tipo de imágenes con la banalización de la muerte en la prime time televisiva o por las redes sociales, cuesta escandalizarse ya con ese tipo de cosas sino conllevan detrás un discurso o posicionamiento más punzante.

Y es que estamos ante una película vanguardista que pretende eludir cualquier convencionalismo formal mirándose en el espejo del surrealismo. La propia directora ha citado en ocasiones como influencias a Buñuel, Lynch o la sexualidad perversa que tiene Crash de Cronenberg. Hay cosillas de esas en su película, aunque tengo que reconocer que mientras la veía el que me venía a la mente es un cineasta español como Carlos Atanes al que le une esa aproximación al fetichismo dentro de escenarios postapocalípticos.

La decrepitud de lo humano

La finlandesa Anna Eriksson es como Juan Palomo, no solo se encarga de la escritura y dirección de W, también se ocupa de otras funciones como el diseño de producción, el montaje, el sonido, la música, la dirección artística, los decorados, el vestuario, el maquillaje, los efectos visuales… también se reserva para ella el papel de Madame Europe… Teniendo en cuenta que muchos de los intérpretes son amigos y que su marido es el director de fotografía y coproductor, se podría decir que la libertad creativa del matrimonio ha sido absoluta para hacer lo que querían hacer.

Sin embargo, el cine es un trabajo en equipo que precisamente se basa en la colaboración entre diversas sensibilidades como parte del desarrollo de los proyectos para evitar que se conviertan en un acto onanista que solo interesa al propio creador, para trabajos individuales ya existen otras especialidades artísticas. El proceso de “transformación de humanos a algo que ya no es humano” que define, según sus propias palabras, el filme de Eriksson, pretende hacer una asociación de ambientación distópica de la sexualidad y el placer con el sufrimiento y la muerte, de lo humano y orgánico con lo abstracto y la decrepitud. Por desgracia, W acaba siendo un pastiche de imágenes perturbadoras que no conducen a ningún lado y que convierten la experiencia en algo terriblemente incómodo, no tanto por la transgresión de sus imágenes sino por lo tediosa que resulta.


¿Qué te ha parecido la película?

W

4

Puntuación

4.0/10

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