LOCARNO 75. Crítica de ‘Piaffe’: La mujer centáuride

Las críticas de Daniel Farriol en el 75 Festival de Locarno:
Piaffe

Piaffe es un drama alemán con toques surrealistas dirigido por Ann Oren (The World is Mine), que también coescribe el guion junto a Thais Guisasola. La historia sigue a una joven que debe sustituir a su hermana en un trabajo como artista de Foley, creando los sonidos de sala para un comercial farmacéutico en que aparece un caballo. Su inmersión en la tarea va más allá de lo emocional y le empieza a crecer literalmente una cola de caballo en su coxis. Está protagonizada por Simone Bucio (La región salvaje, El deseo de Ana), Simon(e) Jaikiriuma Paetau (El susurro del jaguar) y Sebastian Rudolph (Dark, Pelican Blood). La película ha podido verse en la Sección «Concorso Internazionale» del 75 Locarno Film Festival 2022.

De caballos y mujeres

La palabra «piaffe» procede de la doma equina y hace referencia al trote de un caballo sin moverse del sitio, es decir, conteniendo por parte del jinete los deseos de avanzar que tiene el animal. La cineasta israelí afincada en Alemania, Ann Oren, utiliza ese curioso símil para titular su ópera prima en el largo de ficción Piaffe, describiendo así el viaje interior que emprende la protagonista y que irá mucho más allá de lo puramente emocional. Eva (Simone Bucio) es una joven introvertida que tiene que asumir de forma inesperada el rol laboral de su hermana Zara (Simon(e) Jaikiriuma Paetau) que ha sufrido un ataque de nervios y ha tenido que ser ingresada en un clínica psiquiátrica.

El trabajo consiste en crear los sonidos para un anuncio comercial de un medicamento para la ansiedad que se ilustra mediante imágenes de unos caballos. Zara es, pues, lo que se conoce en el mundo del cine como artista foley, o sea, diseñadora de sonidos con efectos de sala donde se simulan los sonidos reales mediante otros recreados artificialmente en un estudio de grabación. El cine como transmisor de verdad a través de la mentira.

Eva asumirá esa tarea con extrema dedicación, pero su inexperiencia le llevará a sufrir una tremenda reprimenda por parte del cliente cuando visiona las imágenes sonorizadas (un señor pedante con aspecto de Andy Warhol), ya que las encuentra con «falta de vida». Desde entonces, la chica se involucrará de una manera obsesiva en conseguir los sonidos más reales para el anuncio, visitando una cuadra para sentirse cerca de los animales e identificándose de tal manera con ellos que literalmente le empezará a crecer una cola de caballo en el coxis.

Fetichismo equino

Ese extraño punto de partida no es más que el inicio de la surrealista trama de Piaffe, un cuento sexual perverso que está inspirado en un corto realizado por la propia directora y titulado Passage (2020). En ese trabajo ya sentaba las bases de sus reflexiones sobre la identidad de género al estar protagonizado por la artista visual no binaria Simon(e) Jaikiriuma Paetau que aquí asume el papel de Zara. Con el cambio de protagonista y la inclusión de una actriz como Simone Bucio, de aspecto más vulnerable y sensual, la temática de la identidad se amplía a otras cuestiones relacionadas con las dinámicas de poder en las relaciones hombre-mujer, mirando de reojo la atracción por el sadomasoquismo y el fetichismo sexual simbolizado aquí por la cola de caballo.

A la actriz mexicana todos la recordaréis como devota amante del monstruo-pulpo de La región salvaje (Amat Escalante, 2016), película que, a su vez, estaba inspirada en la Posesión (Andrzej Żuławski, 1981) que protagonizaba una joven Isabelle Adjani con la que podemos encontrarle cierto parecido físico, algo así como una fotogénica inocencia salvaje. Su personaje, la tímida Eva, aprenderá a sentir en Piaffe el poder de su cola cuando entable una relación de carácter sexual con un botánico (Sebastian Rudolph), un hombre mayor que se excita de igual manera con ella que con sus plantas.

Identidad y búsqueda

No es la primera vez en el cine que le vemos crecer una cola de animal a una mujer, me viene a la memoria la película rusa Zoology (Ivan I. Tverdovskiy, 2016), donde una mujer sufría una transformación parecida que también despertaba la curiosidad fetichista de un hombre, pero que acababa siendo penalizada socialmente por mostrarse diferente a los demás.

En Piaffe esa cola sirve como enunciado a la búsqueda identitaria de su protagonista, que tiene tanto que ver con lo sexual como con lo emocional. Es un autodescubrimiento de la parte animal que llevamos dentro para encontrar una satisfacción plena con el propio cuerpo y con quién de verdad queremos ser más allá de los convencionalismos y restricciones sociales. Como es lógico, la presencia de Simon(e) Jaikiriuma Paetau también invita a un discurso más directo sobre la identidad de género y sobre el proceso de transición de las personas transgénero.

Ann Oren filma con celuloide de 16mm para darle el tono adecuado de ensoñación surrealista y vintage que requiere una película de estas características. Según sus propias palabras, toma como referencia el experimento «El caballo en movimiento» de Eadweard Muybridge que dio origen al cinematógrafo y se inspira en cineastas femeninas como Bette Gordon, Catherine Breillat y Lucile Hadzihalilovic, logrando transmitir al espectador una experiencia sensorial subyugante y excitante que, por desgracia, cae en la caricatura durante su parte final.

‘Piaffe’ es un estimulante peep show sobre la identidad sexual 

Piaffe es un filme extraño e imperfecto, pero que posee imágenes poderosas y una ambientación sonora muy cuidada. Ya desde la primera escena entendemos que no estamos ante una película cualquiera cuando vemos que la decoración del instituto botánico donde sucede parte de la acción se asemeja a un peep show rudimentario donde se sustituye la erótica de mujeres haciendo striptease por la erótica del crecimiento de las plantas que ponen igualmente cachondo al protagonista masculino. En una conversación posterior el hombre relata con entusiasmo la reproducción de los helechos que se efectúa por esporas mediante una reproducción asexual, es decir, cada imagen y cada palabra en la película tienen para Ann Oren un doble sentido sexual metáforico como la del tallo de una rosa penetrando la boca de Eva.

Pero no se queda tan solo en una representación de nuestros deseos más ocultos, el filme tiene una fuerte carga psicológica para acercarse a cómo son las relaciones con los demás y con nosotros mismos en la actualidad. Por otro lado, la directora dice que su película es «una carta de amor a los magos menos reconocidos del cine y una celebración lúdica de la alteridad», más lo segundo que lo primero añadiría yo, respecto al diseño sonoro como profesión cinematográfica a reivindicar quedaba mejor expuesto y de una manera más inteligente en la española Tres (Juanjo Giménez, 2021). Aún así, más allá de sus desvaríos, Piaffe es un filme estimulante y perturbador con una excelente Simone Bucio como mujer centáuride en este estimulante peep show sobre la identidad sexual.


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Piaffe

7.5

Puntuación

7.5/10

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