AFF 2022. Crítica de ‘Los emigrantes’: Lo difícil de echar raíces

Las críticas de Daniel Farriol en el AFF 2022:
Los emigrantes

Los emigrantes (Utvandrarna) es un drama histórico coproducido por Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca y Noruega, que está dirigido por Erik Poppe (Utoya. 22 de julio, La decisión del rey). El guion corre a cargo de Anna Bache-Wiig (Caza de brujas, Absuelto) y Siv Rajendram Eliassen (El tiempo de la felicidad, Brigaden), que adaptan la serie de cuatro novelas «Invandrarna / Unto a Good Land» de Vilhelm Moberg. La historia muestra a una familia que emigra de Suecia hacia los Estados Unidos durante el siglo XIX, así como las dificultades que encuentran por el camino en la llegada a la tierra prometida.

Está protagonizada por Lisa Carlehed (In Your Arms, El túnel), Gustaf Skarsgård (438 Days, Darling), Sofia Helin (Lujuria, El puente), Tove Lo, Kerstin Linden, Laurence Kinlan, Díana Bermudez, Ola Normelli y Pedram Hajigholi. Existen dos versiones distintas, una en formato miniserie de 3 capítulos y otra en formato de largometraje. Se ha estrenado en España en Filmin durante el Atlàntida Film Festival en Julio-Agosto de 2022.

Historia novelada sobre los emigrantes suecos

Los emigrantes es una monumental epopeya histórica que recoge las vivencias de los pioneros sueco-estadounidenses, es decir, todos aquellos ciudadanos suecos que durante el siglo XIX se convirtieron en colonos a lo largo y ancho de los Estados Unidos en busca de tierras libres (más bien robadas a los indígenas) con el objetivo de ofrecer un futuro más próspero a sus familias. El escritor e historiador sueco Vilhelm Moberg fue el autor de cuatro exitosos volúmenes entre 1949 y 1959 donde detallaba las penurias por las que pasaba una familia de Småland que emigraba a Minnesota, la familia Nilsson.

Las novelas tuvieron una lustrosa adaptación con Los emigrantes (Utvandrarna) (Jan Troell, 1971) y su posterior continuación La nueva tierra (Jan Troell, 1972), dos películas en que Max von Sydow y Liv Ullmann encarnaban a ese matrimonio formado por Karl Oskar y Kristina, cuyos papeles aquí recaen en Gustaf Skarsgård y Lisa Carlehed. La primera parte del díptico tuvo una gran acogida crítica y obtuvo numerosos premios en distintos festivales, llegando a tener presencia con varias nominaciones en los Globos de Oro y en los Oscar.

Un viaje infernal hacia horizontes inciertos

Por eso no era nada sencillo el reto que tenía esta nueva adaptación de Los emigrantes llevada a cabo con suficiente solidez por Erik Poppe. Además, se comprime muchísimo el contenido en una miniserie de 3 capítulos que en total duran aproximadamente unos 148 minutos, mientras que los dos filmes de la anterior adaptación sumaban juntos unos 395 minutos. El primer episodio de la miniserie se sitúa en Småland, mostrando la miseria en que viven los Nilsson y sus hijos, así como las relaciones que mantienen con el entorno familiar y la comunidad religiosa luterana a la que pertenecen. Como curiosidad ajena a esto comentar que estaba previsto que la Kristina original, Liv Ullmann, fuera quien encarnase aquí, 50 años después, el papel de la madre de la misma, sin embargo, las restricciones por Covid-19 echaron atrás a la actriz.

En el segundo episodio veremos el largo viaje en barco desde Suecia hasta los Estados Unidos. Es un infierno flotante e insalubre que hace zozobrar el sueño anhelado por cientos de pasajeros que con el paso de los días muchos de ellos acaban enfermando y muriendo debido a distintas enfermedades sin poder llegar a tierra firme. Y ya el último episodio, el más largo de los tres, es donde presenciamos la ansiada llegada a Minnesota y la búsqueda de una tierra a la que poder llamar hogar, con todas las dificultades que implica el desconocimiento del idioma y las nuevas costumbres, es decir, empezar una vida desde cero.

Como vemos, aunque la serie esté ambientada en el siglo XIX, en realidad se nos está hablando de forma universal sobre cualquier tipo de emigración. Tanto el terrorífico viaje en barco como la llegada a un lugar extranjero sin nada que poder llevarse a la boca, son situaciones perfectamente asociables a la actualidad con personas que huyen de los conflictos bélicos o de la miseria de sus países de origen en busca de una nueva oportunidad que no siempre llega. En los créditos finales se incide en esta idea mediante unas breves imágenes de emigrantes reales de distintas épocas, nacionalidades y etnias.

El punto de vista es el de Kristina

Los emigrantes es una serie estupenda, de corte clásico, con el grado suficiente de emotividad y reflexión, además de contar en lo visual con un diseño de producción espectacular. Está contada casi siempre desde el punto de vista de Kristina, interpretada por una asombrosa Lisa Carlehed, algo que implica adentrarse en una visión vigente y con un toque feminista. Lo vemos, por ejemplo, en la descripción que se hace del acceso a la educación por parte de las nuevas generaciones que, siendo mujeres, la tenían vetada por culpa de la cerrada mentalidad de la comunidad luterana. Es una situación claramente extrapolable a otras ideologías dominadas por el patriarcado religioso que aún perduran. En ese sentido, la serie se muestra muy crítica y Judit (Sofia Helin), la mujer del pastor, es una pérfida y odiosa mujer que simboliza todo ese pensamiento tóxico y excluyente.

Kristina es un personaje maravilloso, lleno de aristas y contradicciones. Una mujer vulnerable, pero fuerte, que debe aprender el significado del perdón y la empatía (hacia la prostituta o los indios), al tiempo que debe desprenderse de la culpa que le corroe y otras limitaciones impuestas por los demás. Su amistad con la espontánea Ulrika, que interpreta la famosa cantante sueca Tove Lo, pasa por distintas fases de amor-odio debido a las restricciones morales heredadas, está bien implementado ese trayecto vital de ambas, aunque la segunda pierde presencia durante la última parte. Los emigrantes comienza con la frase «La vida humana es un fin en sí misma» del propio Vilhelm Moberg, son unas palabras que resumen a la perfección la importancia de la existencia y que, al mismo tiempo, desactivan la inclinación de algunos credos a convertirla en una simple ruta de paso hacia algo venidero e intangible.

No todo funciona a la perfección

No todo es perfecto en la serie Los emigrantes, hay que decirlo. Durante el primer episodio hay una decisión de montaje cuanto menos discutible donde se efectúa una elipsis antes de iniciar el viaje en barco para mostrar casi al final del capítulo la tragedia que se convierte en el detonante definitivo para tomar esa decisión de emigrar. No creo que sea necesario ni aporte nada a nivel dramático una modificación temporal de la cronología de los hechos, algo que no vuelve a repetirse en el resto de la narración. Es un acto más efectista que lógico que bien se podría haber resuelto ordenando las escenas tal y como suceden.

Por otro lado, el comprimir las páginas de cuatro novelas en tan poco tiempo deja algunas ideas en el aire que, tal vez, se hubieran podido explorar mucho mejor con más metraje, en especial, todo lo que hace referencia a la convivencia de los colonos con las tribus indígenas que fueron expulsadas de sus territorios. Creo que es un tema muy interesante que en la serie se salda con un par de secuencias, eso sí, una de ellas determinante para la resolución de uno de los conflictos principales.

Por otro lado, la descripción que se hace de luteranos versus baptistas, así como sus diferencias ideológicas, es también bastante superficial, había material de sobra para profundizar en otros temas éticos o teológicos, ya que casi todo se centra en las dudas existenciales de Kristina al hallarse entre la espada y la pared, es decir, entre la comunidad luterana y su amistad con la «infiel» Ulrika que precisamente se acaba convirtiendo en la esposa de un pastor baptista. El final (que no desvelaré) tampoco me convence, pero entiendo que es fiel al material original.

Raíces y libertad

Así como he dicho que el personaje de Kristina me parece que está muy bien escrito, el de Karl Oskar lo siento más desdibujado. Su carácter rebelde e inconformista hacia las normativas u obligaciones impuestas a las mujeres de su familia contrasta con un comportamiento en casa bastante autoritario y machista, no distinguiéndose en ocasiones sus ideas de las de aquellos a los que desafía (más allá de que estamos en una época donde los roles de género eran muy distintos a los actuales).

Es precisamente en esa doble interacción del personaje donde hallamos una de las grandes frases-pregunta que tiene la serie «¿Puede la libertad de uno esclavizar al otro?». Así es como se siente Kristina en un determinado momento cuando se ve arrastrada a vivir una vida que no quiere para ella ni para sus hijas, aunque es algo que se puede contextualizar en cualquier otro ámbito (político, religioso, educativo…). De hecho, ¿no es la libertad de la familia Nilsson una forma de esclavitud para los indios-americanos?

Los emigrantes gustará mucho a aquellos cinéfilos que añoren los resortes del cine clásico y las epopeyas dramáticas con trasfondo histórico. Es una serie ambiciosa en fondo y forma que nos habla sobre lo difícil de echar raíces. Ahí entra la analogía del manzano que viaja con la familia, desde el huerto de la pequeña Småland hasta la inmensamente gélida Minnesota, un árbol que llega casi muerto y acaba floreciendo, lo que desmiente algo que dice Kristina «no puede ser plantado y replantado, no aguantarán sus raíces». La familia Nilsson tiene sus raíces. Adaptarse a un nuevo mundo y a sus costumbres no les obliga a olvidar quiénes son ni de donde vienen. Esa es la moraleja de la historia.


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Los emigrantes

7.8

Puntuación

7.8/10

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