Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘El juez de la horca’ (1972)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
El juez de la horca (1972)

El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean) es un wéstern cómico dirigido por John Huston (Bajo el volcán, Evasión o victoria) con guion de John Milius (Apocalypse Now, Conan, el bárbaro). La historia se sitúa a finales del siglo XIX, en Texas, donde el río Pecos marcaba los límites entre la civilización y el comienzo del salvaje Oeste. En una pequeña población, los ciudadanos están a punto de ahorcar a Roy Bean, un forajido ladrón de bancos, pero una joven mexicana le salva la vida. Roy entonces se autonombrará juez, impartiendo su particular justicia. Está protagonizada por Paul Newman, Ava Gardner, Jacqueline Bisset, Victoria Principal, Ned Beatty, Roddy McDowall, Jim Burk, Anthony Perkins, Matt Clark y Stacy Keach. Es un remake de El forastero (William Wyler, 1940).

Un wéstern cómico inspirado en personajes reales del Far West

El juez de la horca es posiblemente el más extraño y atípico wéstern que se ha rodado nunca. La colaboración en el guion de John Huston y John Milius, los cuáles reescribían juntos las escenas en una caravana en la víspera de los días de rodaje, dio lugar a una combinación de géneros irregular y de tono irreverente. El sarcasmo asoma como figura desmitificadora de la representación habitual del legendario Oeste que se hacía en Hollywood, pero que al mismo tiempo glorifica la imperfección de una época a través de la crítica que realiza a cerca de la instauración de la civilización que terminó sentando las bases de la sociedad norteamericana moderna, tal y como la conocemos.

La película es un remake bastante libre de El forastero (William Wyler, 1940) como excusa para acercarse a unos personajes que existieron en realidad en el lejano «Far West» como el propio Juez Phantly Roy Bean, un autoproclamado Juez de paz sin conocimientos reales sobre leyes que celebraba los juicios en un saloon para impartir su propia justicia mientras servía cerveza fría a los visitantes. Ese mismo personaje aparece incluso en una historieta animada de Lucky Luke ideada por René Goscinny.

El Juez y la actriz

No está tan claro el Juez Roy Bean sentenciara nunca a nadie a la horca como se desprende de la película, esa leyenda proviene de la figura de Isaac Charles Parker que sí mandó ejecutar a casi 200 personas y también fue apodado de igual manera como «juez de la horca». Sí es cierto que Mr. Bean (lo siento, no he podido evitar el chiste fácil) fue un hombre que veneraba a la actriz británica Lillie Langtry, a la que nunca llegó a conocer, pero cuyas fotos colgaban de las paredes de aquel particular juzgado-taberna. Langtry fue una celebridad de la época tan conocida por sus actuaciones teatrales como por sus devaneos sentimentales con miembros incluso de la realeza británica.

Todo eso aparece ficcionado en la historia que cuenta El juez de la horca con Paul Newman encarnando a Roy Bean. El personaje es un forajido ladrón de bancos que al llegar a un pueblo fronterizo destartalado está a punto de ser ajusticiado por unos borrachos que le roban todo el dinero que lleva encima. Ya moribundo en el desierto, recibe la ayuda de una joven mexicana que le entrega un revólver con el que el pistolero regresa al mismo lugar y mata a todos los que le atacaron. Aún recuperándose de sus heridas que le mantienen el cuello torcido ante el intento de ahorcamiento que sufre, decide instalarse allí e instaurar la ley en un lugar que se cae a pedazos y donde solo quedan vivos una decena de mexicanos acostumbrados a servir a malhechores. Poco después de aquello llegará al pueblo en construcción un grupo de forajidos a los que el juez contratará como marshalls para que se ocupen de traer ladrones y asesinos a los que poder ajusticiar, utilizando el dinero confiscado para dar mayor prosperidad a un pueblo al que no tardarán en llegar nuevos habitantes que lo harán crecer.

La estrella es el oso

El juez de la horca deja claras sus intenciones desde el rótulo inicial que dice «Quizás no sucedió así, pero es como debería haber sido». Estamos, pues, ante una imaginativa fabulación que utiliza algunos elementos reales para ironizar sobre el progreso y sobre los límites de la justicia. Milius no quedó demasiado satisfecho con el resultado final por los cambios introducidos por Huston cuya visión viraba hacia lo esperpéntico, reservándose incluso para sí el papel de Grizzly Adams, un montañero solitario que viaja con un oso y que decide cavar su propia tumba en el pueblo.

El oso es adicto a la cerveza y se convertirá en un amigo inseparable del Juez y María Elena, la joven mexicana que le ayudó al principio, dando lugar a unas secuencias bastante surrealistas. De hecho, el propio Newman manifestó que el oso, Bruno The Bear (también conocido como Zachary Taylor), le robaba todos los planos en los que aparecían juntos en escena, algo compartido por muchos críticos malévolos de la época. En realidad, Bruno era un animal-estrella con bastante experiencia en cine y televisión, e incluso tenía su propia habitación de motel mientras rodaban la película.

Es precisamente el humor absurdo que otorga la presencia del animal lo que permite la inclusión de una secuencia a modo de videoclip con la canción “Marmalade, Molasses and Honey” compuesta por Maurice Jarre y cantada por Andy Williams que recibió una nominación al Oscar. El estilo de esa escena recuerda mucho a una parecida que hay de Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969) en la que se usaba la famosa tonada «Raindrops Keep Fallin’ On My Head» de Burt Bacharach, a la que esta parece querer imitar en cuanto a ritmo y estilo.

Paul Newman y Ava Gardner

Paul Newman no fue el primer candidato para encarnar al Juez Roy Bean, Milius había escrito el papel pensando en Lee Marvin y, de hecho, el primero consiguió leer el guion tras caerle en sus manos una noche de borrachera del segundo con el que compartía un rodaje en aquel entonces. El guionista buscaba otro tipo de actor menos atractivo y también propuso a Warren Oates a los productores, pero lo cierto es que la decisión acabó siendo todo un acierto porque Newman está fantástico en el papel con el punto necesario de histrionismo que encaja a la perfección con la visión que tenía Huston del personaje.

Para el papel de Lily Langtry (la real se llamaba Lillie), actriz-musa mitificada por el juez y a la que escribe cartas de amor sin haberla conocido nunca en persona, no se me ocurre a nadie mejor que una Ava Gardner ya cincuentona. La actriz solo aparece en la secuencia final de El juez de la horca, cuando ya llevamos 111 minutos de metraje, sin embargo, su presencia siempre está en el ambiente de la película a través de las numerosas fotografías de su rostro que hay en el saloon o las referencias constantes que se hacen en los diálogos a su personaje. Así que, esa escena final puede verse como un tratado de metaficción donde acaban fundidos personaje y actriz, ambas mujeres veneradas por un público que ya ha dejado de existir. El paseo final de Ava por un lugar convertido en museo fotográfico a su persona es un glorioso homenaje que dedica el director a la propia carrera de la actriz.

Entre el resto de un reparto excelente destaca el debut de Victoria Principal como chica mexicana (eso sí, con un acento español horrible) o la presencia de Ned Beatty, Anthony Perkins, Stacy Keach (el grotesco pistolero albino «Bad Bob»), Roddy McDowall o Jacqueline Bisset (que interpreta en la parte final a la hija del Juez), entre otros.

La desmitificación mitificadora

El juez de la horca es una película difícil de catalogar que no funcionó en taquilla por ser una obra adelantada a su tiempo. Se nota que Huston se lo pasó en grande con esta caricatura desmitificadora del Lejano Oeste donde el héroe de la historia es capaz de matar a los malos por la espalda o mientras aún tienen los pantalones bajados. También sorprende por la ruptura de la cuarta pared (personajes que hablan a cámara) o por la inclusión de un narrador en tercera persona que acaba siendo alguien involucrado en la trama.

El tono desenfadado e insolente que tienen muchos tramos de la historia contrasta con una visión desesperanzadora sobre la instauración de la civilización. Según sus autores es una película sobre la pérdida de la inocencia en los Estados Unidos (algo que refleja la escena del Juez atracado en la ciudad), considerando el uso de la violencia como algo necesario para instaurar la paz, aunque con el paso del tiempo y de forma cíclica acaba repitiéndose el auge de esa violencia destructiva debido a la ambición desmedida que tienen los hombres por adquirir riqueza y poder ante sus semejantes. El Juez manifiesta en un diálogo que «la justicia es la sirviente de la ley», aunque en otra ocasión cambia el orden de los términos dándose a entender que ley y justicia no siempre son una respuesta clara, algo que se desprende claramente en ese regreso al pueblo del juez a lo «jinete pálido» apocalíptico.

El juez de la horca es un filme que visto hoy, pese haber envejecido, aún es capaz de sorprender con algunas decisiones formales y, en especial, con una socarronería impropia en un género donde se acostumbraba a mitificar las figuras de forajidos y maleantes. Aquí lo que se hace es más una mitificación de una época o, si se prefiere, de un estado de ánimo mucho más puro que el capitalismo que impera en el mundo actual y que queda simbolizado en el personaje de Frank Gass, un malhechor de corbata que ya no necesita de pistolas para destruir la vida de las personas.


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El juez de la horca

8.5

Puntuación

8.5/10

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