AFF 2022. Crítica de ‘Bruno Reidal, confesión de un asesino‘: Thriller histórico con aroma a Haneke

Las críticas de David Pérez «Davicine» en el AFF 2022:
Bruno Reidal, confesión de un asesino

Basada en los atroces hechos reales sobre un seminarista que asesinó a sangre fría a un chico antes de entregarse inmediatamente a las autoridades, Bruno Reidal, confesión de un asesino es una película llena de rigor, tensión y complejidad moral que conmocionó el Festival de Cannes. Con Robert Bresson y Michael Haneke como grandes referentes, Vincent Le Port dirige este thriller psicológico protagonizado por Dimitri Doré, Roman Villedieu y Jean-Luc Vincent. La película se puede ver en el Atlàntida Film Festival de Filmin en Julio-Agosto de 2022.

Un drama con una pizca de bizarrería

Este drama de época narrado de manera clásica es el debut cinematográfico de Vincent Le Port, quien muestra sin la tensión típica de un thriller y con detalles meticulosos cómo se hace un asesino desde la infancia de un joven introvertido que no ha tenido una vida fácil.

Bruno Reidal, confesión de un asesino nos traslada hasta Cantal, Francia, 1905. En el bosque que rodea su pueblo natal, el joven seminarista Bruno Reidal asesina a un chico antes de entregarse inmediatamente a las autoridades. En prisión, le someten a un duro interrogatorio que dura semanas, donde se enfrenta a tres médicos que intentan comprender su impulso letal. Le ordenan que rememore su pasado escribiendo la historia de su vida, mientras intentan identificar los eventos o la anomalía que podría haber llevado a tal atrocidad.

El pasado es difícil de olvidar

Hay cosas que nunca se olvidan, y para el joven Bruno Reidal (interpretado por Dimitri Dore) fue la traumática matanza anual de cerdos en la granja de su familia. Ese fue el punto de inflexión de este joven y a partir del cual se reflexiona sobre temas como la culpa, el catolicismo y la masturbación en esta historia basada en los escritos reales de un asesino convicto de principios del siglo pasado.

La película comienza en 1905 con un espantoso asesinato y, lejos de jugar con la sutileza, la cámara se recrea en los arduos esfuerzos del joven Bruno mientras decapita a un niño, para luego mostrarnos el cuerpo sin cabeza tendido. En ese momento se entrega y es apresado. El martirio de Bruno está compuesto por los testimonios del joven, recogidos en prisión por el psiquiatra Alexandre Lacassagne en 1905 y publicados de la mano de Stéphane Bourgoin en  “Asesinos en serie”, un compendio de depravación de mil páginas publicada en cinco ediciones por la prestigiosa editorial Grasset y que ha servido de fuente principal del guion escrito por Vincent Le Port.

Cuando la imagen dice tanto como las palabras

La película de Vincent Le Port crea una progresiva tensión homicida, con un claro contraste creado entre la imagen y la palabra. La verde campiña proporciona un escenario glorioso para este drama sereno con el aroma de Michael Haneke, que curiosamente, y por momentos, parece influenciado en la bizarrería de Takashi Miike. Dos referencias tan diferentes que sirven para contrastar salvajemente su estilo solemne con su narrativa cruel.

Mientras la imagen evoca el cine clásico y pausado digno del mejor cine francés, la palabra tiene una función didáctica, asociada a los diarios escritos en prisión por Reidal y plagados de detalles para construir planos rigurosos, diseccionando los recuerdos con precisión clínica, desde un incidente de abuso sexual cuando era un simple niño hasta su sentimiento de inferioridad en el seminario.

Una vida marcada por el dolor y bien interpretada

La vida de Bruno es la cruel historia de una juventud ligada a la Francia rural de principios de siglo, y Dimitri Dore da vida al personaje central por el que, a pesar de los actos que comete con una personalidad fría y calculadora, sentimos una extraña lástima, observando el mal en el rostro de Bruno y reconociéndolo como familiar, lo que no quiere decir que necesariamente empaticemos.

Somos atraídos pero también sentimos rechazo por sus actos, y Dore es capaz de perfilar un contraste similar al ya citado de imagen y palabra. Cada vez que Bruno ve una nuca masculina se despiertan en él sentimientos encontrados, y mientras el deseo de posesión se manifiesta a través de la palabra, las imágenes se encargan de mostrarnos esa línea fina entre el amor y la violencia. Dimitri carga sobre sus hombros con todo el peso de la película con una interpretación inteligente y dolorosa, capaz de envolver sus pensamientos internos con recuerdos de la infancia.

Bruno Reidal, confesión de un asesino es un ópera prima moralmente fascinante, un escalofriante viaje a la psicología de un joven asesino adornado con un increíble rigor estilístico que no requiere de explicaciones sociales o psicológicas.


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Bruno Reidal, confesión de un asesino

7.5

Puntuación

7.5/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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