sábado, marzo 2, 2024

Ciclo David Lynch: Crítica de ‘El alfabeto’ (1968)

Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo David Lynch
El alfabeto (1968)
-cortometraje-

El alfabeto (The Alphabet) es un cortometraje de terror surrealista con elementos de animación que está escrito y dirigido por David Lynch. Está basado en una pesadilla real de la sobrina del propio director y trata sobre una chica que desde su cama recita de forma continua el alfabeto con extrañas representaciones vivas de cada una de las letras que aparecen a su alrededor. Está protagonizada por Peggy Lynch. Duración: 4 minutos.

El sacrificio del aprendizaje

El alfabeto (The Alphabet) es el cortometraje que David Lynch pudo rodar gracias a la financiación de H. Barton Wasserman, uno de los jueces del certamen anual de la Pennsylvania Academy of Fine Arts (PAFA) que había quedado profundamente fascinado el año anterior por su miniatura pictórico-experimental Seis hombres enfermos (Six Men Getting Sick (Six Times)) (1967), así que le propuso producir su siguiente trabajo si continuaba en la misma línea. La idea para este segundo corto de Lynch procede de una pesadilla que tuvo la sobrina de su mujer de entonces, Peggy Reavy, enseguida germinó en la mente del cineasta y empezó a trabajar en el proyecto.

Estamos frente a un corto experimental de apenas cuatro minutos de duración que, como ya hiciera en su anterior trabajo, vuelve a combinar de una forma narrativamente desigual, partes de cine de animación inspiradas en la pintura abstracta, pero añadiendo por primera vez un fragmento de imagen real, lo más interesante para mi gusto, donde aparece brevemente su esposa Peggy haciendo de actriz. El corto no tiene una trama argumental lineal ni demasiado coherente, ya que lo que busca el cineasta es experimentar con las sensaciones para recrear las imágenes desasosegantes de la pesadilla de una niña.

El alfabeto nos muestra el miedo a equivocarse en clase y el doloroso sacrificio del aprendizaje como parte irrenunciable de hacerse mayor, utilizando para ello como único fondo musical el de unas voces infantiles que tararean obsesivamente el abecedario. Es una mirada aterradora a la exigencia del mundo escolar que, con diferente contexto, está a la altura de la canción «Another Brick in the Wall, Part 2» de Pink Floyd.

La niña y la oscuridad

El sonido en estos primeros trabajos ya empieza a ser una parte esencial en el cine de David Lynch, un auténtico maestro en la creación de atmósferas sonoras para todas sus películas. En el corto El alfabeto los sonidos extraños se entremezclan entre sí para tejer una melodía malsana que equipara la creación de la imaginación a un parto (la aparición de una letra coincide con el llanto de un bebé), algo en lo que incidiría de una manera más explícita en su ópera prima Cabeza borradora (1977).

Como siempre la oscuridad es un personaje más en sus obras y a menudo los protagonistas de sus filmes se ven inmersos en ella, ya sea de forma metafórica o física. En esta ocasión, la niña del corto se encuentra en la cama memorizando el alfabeto y Lynch la deja arrinconada en una pequeña porción del cuadro escénico, en la esquina inferior, con una ráfaga rápida de planos tan atípicos como sorprendentes, otorgando el protagonismo del resto de la pantalla al abismo negro que la rodea (Lynch pintó las paredes del cuarto con pintura negra).

Un corto de terror sobre el terror

Como hemos dicho antes, la niña/chica que sufre la pesadilla en El alfabeto está interpretada por la propia mujer de Lynch. Su caracterización, con ese rostro blanco que nos remite al cine mudo y al expresionismo alemán, junto a la forma que tiene de Lynch de filmar, resulta una experiencia francamente perturbadora. Se diría que nos encontramos frente a un corto de terror o, mejor dicho, sobre el terror. El estilo narrativo, incluso con la imagen real, aún es deudor de la stop motion de las películas de animación, pero la utilización de esos planos de la chica denotan que su autor ya necesitaba explorar nuevos campos que ampliaran su horizonte como creador, algo parecido a lo que le sucedió años atrás cuando vio aquella pintura querer moverse con vida propia.

Se repiten alguna ideas en este corto que ya estaban en el anterior, tanto estilísticas como temáticas. La enfermedad vuelve a estar presente. La pesadilla de la niña le provoca una especie de sarpullido y después se despierta vomitando sangre. Estas dos ideas las recuperará Lynch en escenas con el bebé de Cabeza borradora (1977). Tal y como diría su autor años después: “Hay pocas reglas en los sueños. En ellos cualquier cosa puede ocurrir. Es como entrar en una de esas casas de los horrores que hay en las ferias.”. Sin duda, esta frase puede aplicarse a la mayor parte de la obra de Lynch, en especial a experimentos tan bizarros como este corto que incluye elementos estéticos del teatro kabuki japonés y donde la niña protagonista hace la competencia en nuestras peores pesadillas a la Linda Blair de El exorcista (William Friedkin, 1973).

 

El texto de esta crítica puede leerse parcialmente en Universo Cinema.


¿Qué te ha parecido el cortometraje?

El alfabeto

7

Puntuación

7.0/10

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