Crítica de ‘Días mejores‘: Los que importan son los que se quedan

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Días mejores

Resulta sorprendente que en estos tiempos en los que lo que prima en la ficción televisiva es la evasión y el pasatiempo intrascendente, una plataforma potente como Amazon Prime, centrada en el entretenimiento, apueste por una serie como Días mejores en la que el meollo argumental gira alrededor de algo tan poco “entretenido” como la pérdida, el duelo y la gestión de las emociones asociadas al mismo. El punto de partida no parece una garantía de audiencia y es de agradecer cierta apuesta por el riesgo, más aún cuando los dos primeros episodios de la serie (de un total de diez) son francamente tristes.

Sin duda han confiado en el boca a boca de los que se aventuren a avanzar en el transcurrir de la serie y difundan que, conforme avanza, la ficción creada por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor se va tornando más amable y los personajes van, poco a poco, encontrando su lugar en el mundo.

Precisamente la construcción de los personajes (y el trabajo de los actores que los interpretan) es la mayor baza de Días mejores, una serie que, por lo demás, aborda sin aspavientos el dolor, la tristeza, la soledad, la incertidumbre y el desamparo ante la pérdida de cuatro personajes que tienen en común la muerte reciente de su pareja y el hecho de tener que enfrentarse a ejercer la paternidad/maternidad en solitario. Estos cuatro personajes: Sara (Marta Hazas), Luis (Francesc Orella), Pardo (Erick Elías) y Graci (Alba Planas) participan en una terapia grupal de duelo junto a una psicóloga, la Dra. Laforet (Blanca Portillo), experta en gestión emocional del duelo (o eso parece).

Salvo este luctuoso hecho en común, las vidas de los cuatro pacientes de la Dra. Laforet no pueden ser más diferentes, Sara es una médico de urgencias con un hijo pequeño que habla y se comporta como un adulto, Luis un ejecutivo ambicioso que trata a sus empleados con mano firme y a sus tres hijas con bastante desinterés, Pardo es un rockero mexicano en horas bajas que regresa a España para “hacerse cargo” de dos adolescentes a los que abandonó siendo niños por su carrera musical y, finalmente, Graci es una universitaria un tanto ingenua que comparte piso con dos amigas tan irresponsables como, en el fondo, buena gente.

Estos personajes centrales, que tienen a su vez aparejados una serie de personajes secundarios en sus respectivas vidas (el hijo de Sara, las hijas de Luis, los hijos de Pardo y las compañeras de piso de Graci) irán tejiendo una serie de vínculos afectivos o, si se prefiere, una red de ayuda mutua que impregna la serie de “buen rollo” a pesar de que, lágrimas y risas se alternen con una facilidad pasmosa en una serie bien construida narrativamente, bastante bien escrita (aunque algunos diálogos suenen un tanto impostados) y muy bien realizados por tres directores solventes como Alejo Flah (Sexo fácil, películas tristes), Arantxa Echevarría (Carmen y Lola) y Jota Linares (Animales sin collar).

En cuanto al reparto, Blanca Portillo está en su nivel de naturalidad habitual con un personaje que, a pesar de las enormes diferencias, permite alguna curiosa comparación (en la diferente gestión del perdón) con el que interpreta en Maixabel (Icíar Bollaín, 2021). El de Francesc Orella es, probablemente, el personaje de mayor evolución a lo largo de la serie y el actor catalán hace valer su versatilidad para dotarlo de la suficiente mala leche cuando conviene alternada con una desbordante humanidad en otros momentos particularmente emotivos. También es digna de destacar Marta Hazas a la que le toca bailar con un papel muy complejo y rico en matices del que sale más que airosa. La joven Alba Planas también resuelve con brillantez un papel con vaivenes emocionales complicados de interpretar y algún giro argumental un poco traído por los pelos por los guionistas. En cuanto a Erick Elías, aunque tira de algunos clichés mexicanos para salvar algunas situaciones, compone un personaje sin grandes fisuras interpretativas.

Del resto del elenco es inevitable no destacar a Josean Bengoetxea como el marido de la Dra. Laforet, a las jóvenes Daniela Brown (la hija mayor de Luis) y Alicia Armenteros (una de las compañeras de Graci) que se comen sus secuencias y al gran Jorge Usón que deja huella con un brevísimo personaje que no sale hasta los dos últimos episodios.

No tiene sentido hablar mucho más de la trama argumental puesto que nos haría pisar el terreno de los temidos destripes. Baste decir que, a pesar de algunas concesiones un tanto facilonas y de algún que otro “momento videoclip” evitable, la serie en su conjunto está en un nivel medio alto dentro de la ficción televisiva patria y se aparta de las fórmulas de éxito (comedias de situación o thrillers policiacos) que tanto se prodigan de unos años a esta parte. Días mejores es una serie que, a pesar de su profunda carga dramática, no resulta tan dura como hacen prever sus dos primeros capítulos. Recomendable.


 

Días mejores

7.5

Puntuación

7.5/10

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