Crítica de ‘Clean’: Inmundicia y redención

Las críticas de Daniel Farriol:
Clean

Clean es un thriller dramático estadounidense dirigido por Paul Solet (Bullet Head: trampa mortal, Dark Summer) que también co-escribe el guion junto al actor Adrien Brody. La historia nos presenta a un hombre atormentado, por un hecho trágico y por su pasado criminal, que actualmente trabaja como basurero en barrios donde la violencia campa a sus anchas por las calles. Su intento de mantener una vida tranquila se verá sacudido cuando deba salvar a una vecina y reconciliarse con la violencia de ese pasado oscuro. Está protagonizada por Adrien Brody (Chapelwaite, Manhattan nocturno), Glenn Fleshler (Suburbicon, BrainDead), Chandler DuPont, Richie Merritt, Michelle Wilson, John Bianco, Dinora Walcott y Pat Buck. La película se ha estrenado en Movistar + el día 23 de Abril de 2022.

¿Carne o pescado?

Clean es un salvaje thriller criminal sobre la redención a través de la violencia justiciera. La historia escrita por el propio protagonista Adrien Brody junto al director de la película Paul Solet nos lleva hasta los bajos fondos de Nueva York donde trabaja como basurero el enigmático Clean. Poco a poco, iremos descubriendo que el hombre vive atormentado por un pasado oscuro en el que trabajó como sicario y cuya drogodependencia provocó una tragedia familiar. Poco más conoceremos del personaje, casi siempre silente, pero está claro que ahora prefiere vivir una vida solitaria y tranquila, una especie de purgatorio autoinflingido en el que convivir con sus pecados, tomándose la educación de una vecina adolescente como parte de su rutina diaria. Pero cuando la chica es atacada por unos delincuentes del barrio, el pasado regresará con furia y deberá enfrentarse a una banda criminal liderada por un mafioso (Glenn Fleshler) que controla el negocio de la droga a través de su pescadería.

Hay un lenguaje constante y bastante obvio en la película sobre lo que está limpio y sucio, es decir, entre el bien y el mal. El nombre de «Clean» significa limpio y es curioso que sirva de apodo para un basurero que debe lidiar cada noche con la inmundicia que dejan los demás fuera de sus casas. El hombre tiene una obsesión por el pollo y reniega de comer pescado porque lo considera sucio, algo que más allá de referirse a los vertidos tóxicos que hay en nuestros mares se refiere a que es el método en que introducen la droga en el barrio y, por tanto, una forma gráfica de apartar de todo eso a su protegida, Dianda (Chandler DuPont), por eso le obliga a comer pollo cada día.

Con ‘Taxi Driver’ en el retrovisor del camión de la basura

El retrato que hace la película de la ciudad es casi apocalíptico. Casas abandonadas llenas de grafitis que se usan para hacer trapicheos, jóvenes atrapados en la delincuencia o la droga, autobuses escolares que dejan de transitar por la inseguridad de las calles… Es un barrio deprimente y peligroso afectado por las crisis económicas, la falta de oportunidades y la presencia de la maldad humana que se aprovecha de los más vulnerables. Esa lúgubre ciudad recuerda mucho a la que revolvía el estómago a Travis Bickle durante sus trayectos nocturnos en taxi imaginando aquello de «algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria».

En realidad, Clean es un símil calcado al Travis de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), cambiando el taxi por su camión de basura, algo que sirve para transformar la metáfora en algo aún más presente. Ambos personajes sufren un trauma del pasado que servirá posteriormente como catalizador en su ira purificadora, para Travis era Vietnam, para Clean es el sentimiento de culpa por la muerte de su hija. También los dos buscarán su redención salvando a una adolescente de ese mundo de suciedad adulta, Travis quería sacar de la prostitución a Iris, mientras que Clean se empeña en que Dianda reciba una educación que le aleje de las drogas. Los dos justicieros utilizarán al final la violencia catártica para sanear la impureza de esas malas calles que tienen un trasfondo casi místico, algo que en el guion de Paul Schrader era mucho más evidente.

Violencia explícita

Clean es un thriller tenso y áspero, bastante previsible en su desarrollo, pero tan efectivo y afilado como una navaja de afeitar. El rostro siempre torturado de Adrien Brody encaja a la perfección con el nihilismo de su personaje que pasa de tener una conducta pausada en su rutina diaria a transformarse en una bestia con arrebatos de salvajismo primario al enfrentarse sin un ápice de piedad a los malhechores. La violencia se muestra en pantalla descarnada y explícita, muy en la línea de las películas de S. Craig Zahler o de En realidad, nunca estuviste aquí (Lynne Ramsay, 2017). Si eres de estómago sensible ésta no es tu película.

Esas secuencias violentas son el mayor activo que posee la película junto a la atmósfera claustrofóbica que consigue impregnar su director y la fotografía decadente del serbio Zoran Popovic (Círculo, Cuentos de Halloween). Lástima que se caiga en demasiados lugares comunes del cine de gángsters scorsesianos y que no se profundice mejor en la psicología resquebrajada del protagonista, prefiriendo buscar la empatía con el espectador por el camino más fácil al introducir imágenes reiterativas de sus recuerdos que son innecesarias para entender cuáles son sus motivaciones. Aún así, estamos frente a un thriller sólido, tenso y bien construido, con imágenes potentes y un «malo» que da miedo. Clean plantea aquello tan controvertido de que, a veces, la única manera de limpiar la sangre es con más sangre, especialmente en lugares tan olvidados y abandonados por las estructuras que sostienen las leyes que son las que deberían impartir realmente la justicia.


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Clean

7

Puntuación

7.0/10

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