SUNDANCE 2022. Crítica de ‘Palm Trees and Power Lines’: La vulnerabilidad adolescente

Las críticas de Daniel Farriol en el Festival de Sundance 2022:
Palm Trees and Power Lines

Palm Trees and Power Lines es un drama estadounidense dirigido por Jamie Dack con guion de ella misma junto a Audrey Findlay, adaptando la historia de un cortometraje realizado por la directora en 2018. La trama sigue a una adolescente que inicia una relación con un hombre que le dobla la edad durante sus vacaciones de verano. Ella lo ve como la solución a todos sus problemas, pero las intenciones del hombre no son todo lo honestas que parecen. Está protagonizada por Lily McInerny, Jonathan Tucker (Las ruinas, Los hermanos Donnelly), Gretchen Mol (Nightflyers, An American Affair), Armani Jackson, Auden Thornton, Kenny Johnston, Yvette Tucker y Michael Petrone. La película se ha podido ver en Enero de 2022 dentro de la programación del Festival de Sundance 2022.

Una historia que va mutando y volviéndose más oscura

Palm Trees and Power Lines es el poderoso debut en el largo de la cineasta de Brooklyn, Jamie Dack, que adapta y profundiza en el universo ya creado por ella en 2018 en su cortometraje de igual título. Es una historia de apariencia sencilla que se va tornando más compleja e incómoda a medida que avanza hasta llegar a un acto final francamente perturbador. El filme comienza siendo un típico coming of age sobre una adolescente, Lea (impresionante Lily McInerny), durante unas vacaciones de verano en California en las que podemos advertir serios problemas de comunicación con su madre y de adaptación con su entorno. Durante esas primeras escenas asistimos sin demasiado interés a conversaciones banales entre chicas/os de su edad mientras hacen botellón en la calle o se tumban junto a la piscina consultando las redes sociales en sus móviles. En un proceso necesario para el avance posterior de la trama.

La historia vira luego hacia el drama romántico en el momento en que Lea, de 17 años, conoce a Tom (Jonathan Tucker) de 34 años, y entre ellos surge enseguida una atracción que les lleva a desarrollar primero una amistad y posteriormente una relación sentimental prohibida debido a esa enorme diferencia de edad. El planteamiento que hace Jamie Dack de la relación es muy inteligente y dedica tiempo en comprobar con detalle la evolución que va teniendo. A la directora le interesa especialmente que el espectador se involucre en la historia de manera que pueda comprender cada decisión que toma la chica como única manera de asimilar todo lo que sucede en la parte final. La adolescencia es una etapa de la vida complicada y muchas veces cuesta empatizar con personajes que cometen errores o realizan actos estúpidos, por eso hay que valorar enormemente lo que consigue esta película en la que todo momento comprendemos al personaje central y sus motivaciones.

Una mirada que desafía al espectador

Aunque en un vistazo superficial de las primeras imágenes de esa relación pueda parecer que Palm Trees and Power Lines romantiza la relación entre una adolescente y un hombre que podría ser su padre, lo que hace Jamie Dack es justo lo contrario. Lo hace buscando de manera constante el confrontar el punto de vista de la chica con el nuestro. La ceguera por la que pasa la chica le sirve para llenar los huecos dejados por sus necesidades e inseguridades propias de la edad, mientras que nosotros asistimos a esos hechos como espectadores adultos con un bagaje emocional a nuestras espaldas que nos permite ir colocando alarmas durante el transcurso de esa relación a medida que también va acrecentándose el comportamiento posesivo del hombre hacia la chica. Todo funciona de manera orgánica y desde la sutileza, es por eso que se requiere de nuestra paciencia como espectadores-voyeurs de una relación que se va impregnando de toxicidad sin la obviedad habitual y desde los pequeños detalles.

A partir de ahí la película adquiere la forma real de lo que pretende ser y el drama se vuelve, por momentos, insoportable bajo un halo de thriller oscuro que resalta la vulnerabilidad de la chica mientras es vampirizada hasta extremos insospechados. Jamie Dack consigue una película impactante que desafía constantemente la mirada del espectador mientras desliza algunos cuestionamientos morales sobre las relaciones, el sexo o el abandono familiar en la sociedad actual. La directora filma todo con un tono naturalista asombroso, manteniendo una distancia casi documentalista que deja respirar a sus personajes durante diálogos realistas que parecen escritos con libertad para la improvisación. Para ello se rodea de la fotógrafa Chananun Chotrungroj (La tercera esposa, Materna) que extrae belleza incluso de los momentos más siniestros. La cálida luz californiana contrasta entonces con la terrible deriva por la que nos conduce el relato. Es una forma de decirnos que algo así puede suceder en todas partes, en nuestro propio entorno.

Palm Trees and Power Lines acaba siendo una película contundente que sacude al espectador con fuerza y cuyo controvertido desenlace solo será comprensible para los que de verdad se hayan involucrado emocionalmente con el personaje de Lea y sus circunstancias. Te deja noqueado con una simple llamada de teléfono, la directora no tiene la necesidad de buscar el dramatismo exacerbado ni los aspavientos escénicos. Palm Trees and Power Lines podría definirse como una bofetada con la mano abierta enfundada en un guante de terciopelo que, también, destaca por la asombrosa interpretación de la recién llegada Lily McInerny. En el Festival de Sundance, Jamie Dack se llevó un más que merecido premio a la Mejor Dirección.


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Palm Trees and Power Lines

8

Puntuación

8.0/10

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