JFFO 2022. Crítica de ‘Masked Ward’: Las máscaras que todos llevamos

Las críticas de Daniel Farriol en el Japanese Film Festival 2022:
Masked Ward

Masked Ward es un thriller japonés dirigido por Hisashi Kimura (Murder at Shijinso, Ataru: The First Love & the Last Kill) que también coescribe el guion junto a Mikito Chinen (Cheers To The Miki Clinic), autor de la novela que se adapta. La historia sigue a Hayami, un joven doctor al que encargan hacer el turno de noche en antiguo hospital psiquiátrico que ahora solo alberga enfermos mentales en estado moribundo. En mitad de su guardia, aparece un hombre enmascarado que acaba de atracar un supermercado con la intención de refugiarse en el hospital y obligar al médico a que cure a una joven herida a la que disparó durante su huida. Está protagonizada por Kentarô Sakaguchi (Signal, And Live), Nagano Mei (Mr. Hiiragi’s Homeroom, Office Royale), Rio Uchida, Noriko Eguchi, Aki Asakura, Tomomi Maruyama, Shô Kasamatsu y Masaru Nagai. La película ha podido verse en España a través del Festival JFF+ (Japanese Film Festival) en Febrero de 2022.

Los secretos de un hospital psiquiátrico

Masked Ward es un thriller de intriga trepidante y lleno de giros argumentales que está ambientado en un antiguo hospital psiquiátrico adaptando una novela escrita por Mikito Chinen que es médico en su vida real. La principal función de la película es el puro entretenimiento, de ahí que algunos temas interesantes que surgen a lo largo de la trama se exploren desde lo superficial, al igual que los personajes acaban convertidos en marionetas al servicio de una trama rocambolesca que funciona por acumulación de eventos. Aún así, es de agradecer que los guionistas se preocupen de atar todos los cabos que cohesionen con cierto sentido lo que va ocurriendo, aunque para ello deban dar demasiadas explicaciones subrayándolas con imágenes que refresquen la memoria del espectador.

El punto de partida de la historia no puede ser más sugerente y truculento. Un joven médico, Hayami, aún traumatizado por el recuerdo de un accidente de tráfico en que el murió su novia, es requerido para realizar una guardia nocturna en un siniestro hospital donde están internados algunos enfermos moribundos. A primera vista, el lugar guarda también ciertos misterios como puertas y quirófanos cerrados, plantas en desuso a las que no se debe acceder o una verja con barrotes que separa el vestíbulo de una escalera… Según le cuentan al doctor son vestigios del pasado del lugar cuando servía como sanatorio psiquiátrico. Por desgracia, la película no es de terror. Es una pena que no se aproveche más el espacio para generar una atmósfera opresiva y lúgubre. La iluminación del hospital es realista utilizando colores blancos y verdosos, sin lugares oscuros ni fluorescentes parpadeantes, y los enfermos postrados en sus camas son en su mayoría convidados de piedra a la función. La cosa va por otro lado.

El juego de anticiparse a lo que sucederá

La aparición del payaso enmascarado da otro giro a Masked Ward. A medianoche aparece un hombre que acaba de atracar un supermercado, trayendo consigo a una chica a la que ha disparado para que el joven doctor la opere de urgencia y le cure. Las verdaderas intenciones del payaso también son enigmáticas y está claro que no ha llegado allí por casualidad. Mientras retiene al doctor y al resto del personal como rehenes busca algo en diversas estancias del hospital. Hayami entablará una relación de cercanía con su paciente, Hitomi Kawasaki (Mei Nagano), que aún convaleciente de la operación le servirá de ayuda en sus pesquisas detectivescas. La chica también carga con su propio pasado traumático y se convertirá para el médico en alguien a quién salvar para redimirse del sentimiento de culpa que tiene por la muerte de su novia. La película aborda estos pasajes del pasado de los personajes mediante flashbacks melodramáticos que utilizan una textura de imagen diferente.

El director Hisashi Kimura nos ofrece un thriller ágil y lleno de recovecos argumentales que integra algunas reflexiones éticas en su parte final. La máscara siniestra del payaso es una analogía perversa de la máscara que todos llevamos puesta en nuestra vida real, en este caso, la que oculta la verdadera personalidad o intenciones de cada uno de los personajes que va más allá de lo evidente. Es cierto que muchos de los giros de la película se ven venir de lejos, pero es que hay tantos que si disfrutas con el juego del whodunit o de anticiparte a lo que sucederá para demostrar tu astucia, en Masked Ward tienes entretenimiento para rato y seguro que más de una vez te pilla por sorpresa. En otros aspectos, la película cojea más. Nunca se logra crear una atmósfera suficientemente emocionante que te mantenga pegado al asiento, se podría decir que adolece de falta de tensión dramática. Tampoco se aprovecha el escenario ni la presencia del payaso, además de que algunos de esos giros comentados no soportarían un análisis de verosimilitud, pero no creo que eso le importe demasiado a sus autores.


¿Qué te ha parecido la película?

Masked Ward

6

Puntuación

6.0/10

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