Crítica de ‘Licorice Pizza‘: “Crepúsculo de yodo”

Las críticas de Daniel Jiménez:
Licorize Pizza

Licorice Pizza es un película coming of age, escrita y dirigida por el grandioso Paul Thomas Anderson. Sin duda ha sido una de las cintas  más esperadas de los últimos años, dada la maestral trayectoria fílmica de su director, que le ha catapultado como uno de los mejores realizadores del siglo XXI. En esta ocasión, Anderson ha querido obsequiarnos con una cinta amable y más accesible de lo que suelen ser sus films, pero no por ello menos interesante. Licorice Pizza es una reinterpretación del género coming of age, obviando en líneas generales los elementos narrativos más clásicos de dicho género fílmico. Este film se presenta como una carrera contra el tiempo que llevan a cabo sus dos protagonistas principales, donde la búsqueda de la identidad propia juega un papel fundamental.

Esta cinta está  protagonizada por Alana Haim, Cooper Hoffman, Skyler Gisondo, Sean Penn, Tom Waits, Bradley Cooper y Maya Rudolph, entre muchos otros. Licorice Pizza se estrena el 11 de febrero de 2022 en las salas de cine de toda España de la mano de Universal Spain.

En búsqueda de uno mismo

Es evidente que cuando una película es tan esperada como en este caso, es inevitable caer muchas veces en la desilusión. En ese sentido, puede que sea injusto catalogar a Licorice Pizza como una película fallida o decepcionante, aunque es entendible que muchos salgan del cine sintiéndola de ese modo. El arranque es prometedor y sigue una línea narrativa bastante interesante y cohesionada, en la cual se nos muestra un amor que no acaba por fraguar, debido a los cánones sociales establecidos durante una época ya de por sí agitada.

Hay una diferencia bastante notoria entre los personajes de Alana y Gary, que conlleva que ambos tengan aspiraciones y visiones totalmente distintas acerca de la vida y el tiempo que están viviendo. Licorice Pizza se nos presenta como una carrera a contrarreloj, contra el ocaso que les acecha en sus vidas.

Por un lado tenemos a Alana, una joven de veinticinco años que intenta huir continuamente de la adolescencia tardía en la que aún se ve inmersa. Es el gran conflicto que presenta este personaje, que intenta abrazar todo aquello que se presupone que debe aspirar todo adulto de su generación.  En cambio, Gary es un adolescente de quince años que tiene una manera totalmente distinta de ver las cosas, siendo esta más sencilla y menos grandilocuente; aunque no por ello menos licita que la que se nos presenta con Alana. En ese sentido, este conflicto narrativo que resulta ser el eje principal del film, está bien manejado y que genera bastante entusiasmo en su propuesta formal.

Un elenco deslumbrante

En lo referido al trabajo actoral que vemos en la película de Anderson, lo cierto es que es sorprendentemente maravilloso lo que vemos por parte de Alana Haim y Cooper Hoffman; dos actores noveles, que brillan y demuestran con creces que tienen un futuro prometedor en la industria cinematográfica. Alana Haim era ya conocida anteriormente por ser una de las artistas musicales independientes de más renombre en Norte América, pero que nunca la habíamos visto actuar, lo que hacía que su presencia en este film fuera toda una incógnita.

No solo cumple con creces, sino que enamora con este arrollador y sentido personaje que lleva a cabo. Sin duda ha sido un acierto mayúsculo por parte de la dirección de casting, que ha dado con la mujer idónea para dar vida a este tan complejo e interesante personaje. Es increíble e inexplicable como Alana Haim se ha quedado fuera de las nominaciones a los Oscar a Mejor Actriz Protagonista, siendo una de las mejores actuaciones de las que hemos visto en este último año.

No obstante Cooper Hoffman no se queda atrás, honrando la memoria de su desaparecido padre. Cooper Hoffman es la ternura y la sencillez personificada, algo que no es para nada sencillo desprender interpretativamente. Es la otra cara de la moneda del film y lo cierto es que consigue estar al mismo nivel de carisma y brillantez que Alana Haim, teniendo una química muy genuina de ver junto a ella en pantalla.

Del resto del elenco de Licorice Pizza, resaltar la surrealista y súper divertida aparición de Bradley Cooper, encarnando el personaje de Jon Peters. La secuencia que protagoniza es totalmente desternillante, siendo el momento cómico por excelencia de este film. Por otro lado, también llegamos a ver a leyendas del séptimo arte y de la música como Sean Penn o Tom Waits, que aunque su aparición sea bastante efímera, dejan un buen sabor de boca en el espectador.

Un final confuso

La propuesta narrativa de la que parte Licorice Pizza, se ve algo truncada en su desenlace final. Esa tensión y ese intento por huir de los clichés del propio género, entusiasman y está bien manejado por parte de Paul Thomas Anderson, lo que hace totalmente confuso de ver la decisión final por la que opta para poner fin a la trama. Es un final precipitado y en el cual el director se traiciona a sí mismo, sucumbiendo a lo esperable en un film de estas características.

Se puede entender que esa negación continua que demuestran los dos protagonistas acerca de lo que realmente son, acabe saltando por los aires; aceptando de esa forma, lo que realmente son en realidad. No obstante, la manera en que lo plantea el director, resulta algo forzada y muy precipitada; aunque quienes somos nosotros para cuestionar a estas alturas a un director como Paul Thomas Anderson. Es por ello que genera algo de confusión este desenlace de la trama, que pega un giro inesperado en los últimos diez minutos del film.

En lo que respecta a los aspectos técnicos de la cinta, poco se puede objetar a lo que nos regala una vez más Paul Thomas Anderson como cineasta. Al volver a los anamórficos para lograr esa imagen tan centelleante y setentera, hace que Licorice Pizza sea una película visualmente arrolladora. A esto hay que añadirle el gran diseño de producción y de vestuario, que nos sumerge de lleno en la Norte América de aquellos años. Por último, destacar una vez más el trabajo magistral de dirección de Anderson, al ofrecernos planos secuencia tan característicos dentro de su estilo cinematográfico, que hace las delicias de todo amante del cine.

Conclusión

Licorice Pizza es una más que interesante reinterpretación del genero coming of age, que deslumbra y confunde a partes iguales. Es realmente interesante el conflicto que se da entre los personajes, donde están constantemente huyendo de su verdadera naturaleza y del tiempo que les ha definido. Cuenta con un elenco muy particular, teniendo a dos actores noveles como protagonistas que deslumbran y entusiasman con creces durante todo el film. Anderson sigue emocionándonos y demostrando su maestría como cineasta, aunque el final por el que opta sea un tanto desconcertante. En definitiva, puede que no sea la mejor película de la filmografía de Paul Thomas Anderson, pero sin duda es una cinta que merece mucho la pena de ver.


¿Qué te ha parecido la película?

Licorice Pizza

7.5

Puntuación

7.5/10

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