Crítica de ‘La cascada’: Madre e hija, unidas ante la adversidad

Las críticas de Daniel Farriol:
La cascada

La cascada (The Falls) es un melodrama taiwanés dirigido por Chung Mong-hong (A Sun, Godspeed) que también coescribe el guion junto a Yao-sheng Chang. La historia narra la tensa relación entre una madre y su hija que viven juntas y que se acentúa cuando deben compartir una cuarentena durante la pandemia por COVID-19. Está protagonizada por Alyssa Chia (El hombre errante, The World Between Us), Gingle Wang (Más allá de la tristeza: La serie, Detention), Chen Yi-Wen, Lee-zen Lee, Renzo Liu, Yang Li-Yin, Sung Shao-Ching y Waa Wei. La película se ha estrenado en Netflix el día 29 de Enero de 2022.

La pandemia convertida en excusa para hablar del aislamiento

Desde la sinopsis de la película se vende a La cascada como un drama sobre los efectos que tuvo en la población la pandemia por COVID-19, aunque no es del todo cierto. Mi teoría es que el guion ya estaba escrito de antes y que se adaptó de manera oportunista para introducir leves cambios en algunos diálogos y situaciones que ahondaran más en el dramatismo de la historia potenciando un entorno casi distópico como el que estamos viviendo, sin embargo, en muchas ocasiones la película se siente desconectada en ese reflejo de los tiempos del avance real que tuvo la pandemia. En realidad, el filme es una historia íntima de la relación de una madre y su hija, de sus dificultades de entendimiento iniciales y del intercambio de papeles que acometen cuando la primera sufre una enfermedad mental y es la hija la que tiene que cuidar de su madre y liderar el hogar familiar.

Sí se tocan temas relacionados con la época pandémica como pueden ser el aislamiento social, el miedo o la crisis económica y laboral que ha destruido la estabilidad de muchas familias, pero todos son temas que podían estar perfectamente ambientados en otros años donde, por ejemplo, no era necesario el uso de las mascarillas. No existe una profundización sincera en cómo la pandemia afectó mental y físicamente a los ciudadanos, ni en los cambios que paulatinamente produjo en nuestra convivencia. En ese sentido sí que tenemos una película reciente realmente brillante y acongojante llamada Help (Marc Munden, 2021) que, pese a poner el foco en lo que sucedió en las residencias y cómo lo vivieron los cuidadores y enfermeros que estuvieron en la primera línea, también se desprende de su interior un discurso sobre el efecto diferenciador que tuvo la pandemia en las clases sociales más bajas.

El agua salvaje y purificadora

La cascada es un filme taiwanés de cocción lenta que necesitaría de unos buenos recortes en sus excesivos 129 minutos de duración. La presentación de los personajes es abrupta. La madre y la hija protagonistas ya tienen una mala relación desde la primera secuencia en la que aparecen sin que se nos den demasiadas explicaciones de los motivos, más allá de poderse entender que el origen se encuentre en una reciente separación matrimonial. La introducción de la enfermedad mental de la madre también se hace de manera errática, confundiendo al espectador de igual manera que a la protagonista que empieza a no saber discernir entre lo que es real y lo que es producto de su maltrecha imaginación. Por suerte, poco a poco, a medida que el personaje de la hija va cobrando protagonismo, la película se vuelve más interesante consiguiendo transmitir con bastante sutileza el doloroso proceso de afrontar una enfermedad mental en el núcleo familiar, siendo el amor el arma principal para poder superar algo así.

El director Chung Mong-hong, declarado admirador del cineasta japonés Masaki Kobayashi, crea una atmósfera emocional opresiva que no renuncia a cierto esteticismo en la puesta en escena, en especial, en lo que hace referencia al uso del color para definir los estados de ánimos de los personajes. El propio Mong-hong es el director de fotografía de todas sus películas, aunque hasta ahora utilizaba el seudónimo de Nagao Nakashima del que, por fin, se ha desprendido en esta película. La cascada es un filme sensible que mejora durante su maceración y, sobre todo, cuando se concentra en los cambios que sufre la relación madre-hija. Para el acto final se reserva una escena extraña que parece casi desconectada del resto, pero acaba dando sentido a todo, incluido el título.

La cascada es el sonido constante que la madre dice escuchar en su oído cuando sufre sus ataques psicóticos que le hacen perder el contacto con la realidad. Ese síntoma de su enfermedad acaba interconectado de manera poética y metafórica con lo que le sucede durante una excursión escolar a su hija al final de la película. La chica, con un admirable trabajo realizado por la joven actriz Gingle Wang, viste en esa escena una camiseta con el lema «Don’t Sweat It» (No te preocupes), algo clave para ese momento de identificación a través de las imágenes distorsionadas de un televisor que sirve para apuntalar la fortaleza de una relación construida en base a la dificultad y el entendimiento mutuos. Sin duda, La cascada es una de esas películas que gana en el recuerdo.


¿Qué te ha parecido la película?

La cascada

6

Puntuación

6.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
A %d blogueros les gusta esto: