Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Forajidos’ (1946)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Forajidos (1946)

Forajidos (The Killers, 1946) es un film de cine negro estadounidense dirigido por Robert Siodmak (El abrazo de la muerte, El temible burlón). El guion es la adaptación libre del relato corto «The Killers» de Ernest Hemingway, publicado en 1927 en la Revista Scribner y, aunque en la película aparece como guionista acreditado el nombre de Anthony Veiller (El extraño, Moulin Rouge), es bien sabido que, en realidad, el primer tratamiento de la trama fue escrito por Richard Brooks (Cayo Largo, La gata sobre el tejado de zinc) que tras tener que abandonar el proyecto fue continuado por John Huston (Moby Dick, El hombre que pudo reinar) que, por aquel entonces, tenía contrato en exclusiva con otro estudio cinematográfico y no podía aparecer en los créditos.

La historia comienza con dos sicarios que buscan a un hombre apodado «El Sueco» para matarlo por algo que hizo en el pasado. Lo extraño del caso es que, aún siendo avisado con antelación, el hombre no hace nada por escapar y aguarda a su muerte en silencio. El investigador Reardon, de la agencia de seguros, comienza a tirar del hilo para desentrañar los motivos y cuál fue su vinculación con una mujer llamada Kitty Collins. Está protagonizada por Burt Lancaster, Ava Gardner, Edmond O’Brien, Albert Dekker, Sam Levene, Vince Barnett, Virginia Christine y Charles D. Brown.

Adaptando a Hemingway

Forajidos (The Killers, 1946) es una película capital dentro de la eclosión del cine negro norteamericano adaptando las formas estéticas derivadas del expresionismo alemán. Como tantos otros cineastas europeos, el director germano Robert Siodmak, tras una breve estancia en Francia, terminó estableciéndose en Hollywood para huir del ascenso del nazismo que ya había prohibido la proyección de su película The Burning Secret (1933). La adaptación del relato corto escrito por Hemingway expande el universo literario mucho más allá de lo que allí se cuenta, en realidad, tan solo abarca los primeros diez minutos de película en los que dos sicarios llegan al pueblo de Brentwood con la intención de matar a un hombre. El resto es invención de Richard Brooks que armó la historia al completo con el desarrollo posterior de John Huston y del único guionista que finalmente consta acreditado Anthony Veiller.

Aunque fue la primera, no fue ésta la única adaptación al cine del relato «The Killers» de Hemingway. Para los que gusten en realizar comparativas tienen la posibilidad de recuperar un corto de escuela realizado en 1956 por Andrei Tarkovsky, Aleksandr Gordon y Marika Beiku, o la célebre Código del Hampa (Don Siegel, 1964) donde se adopta como punto de vista el de uno de los asesinos a sueldo encarnado por Lee Marvin.

Una víctima rendida a su destino fatal

Esos primeros minutos de Forajidos son soberbios. La película se inicia con un plano nocturno desde el interior del vehículo en el que viajan los asesinos. Los faros del coche iluminan el asfalto. Es una escena que décadas después pudo servir de inspiración a David Lynch para los créditos iniciales de Carretera Perdida (1997), filme que en su locura abstracta no deja de ser un homenaje tremendamente dependiente del cine negro norteamericano que se hacía por aquellos años. De hecho, si hurgaramos con paciencia podríamos encontrar más detalles en esa película del genio de Missoula emparentados con la película de Siodmak.

La larga secuencia posterior en el bar con los dos sicarios esperando la llegada de alguien apodado «El Sueco», es toda una lección de suspense gestada a través de unos diálogos afilados en un escenario que parece extraído del cuadro «Nighthawks» de Edward Hopper. No acaba ahí ese arranque espectacular y la primera aparición de Burt Lancaster es antológica. Uno de los clientes del bar va a la pensión donde se aloja Ole Anderson «El Sueco» para advertirle de que vienen a matarle. Siodmak nos lo muestra recostado en la cama de su habitación con el rostro oculto entre la penumbra, por un momento se incorpora para que la luz nos descubra sus rasgos, pero su expresión de fatalidad denota que ya está sentenciado a esa oscuridad eterna a la que regresa tumbándose de nuevo.

Su muerte se escenifica a través de los fogonazos de los disparos de los sicarios, no es necesario que vemos la sangre ni al hombre morir (más allá del gesto de una mano cayendo). Es un inicio inesperado que nos sobresalta con la muerte del protagonista en los primeros minutos de la película. A partir de entonces, la idea es reconstruir el pasado como un puzzle de piezas diseminadas por el suelo para entender el porqué querían matarle esos hombres y, sobre todo, porqué la víctima se había rendido ya a su destino y no hace ademán de escaparse o de intentar luchar por salvarse. Un punto de partida fascinante.

Ava Gardner convertida en femme fatale

La estructura narrativa de Forajidos es bastante singular y se podría considerar como rompedora para la época. Se utiliza como punto de vista principal (el mismo que tiene el espectador) el de un agente de seguros que se encargará de investigar el caso al más puro estilo detectivesco. A medida que va desenredando la madeja se reunirá con personas relacionadas con el pasado de «El Sueco» que le irán contando a modo de flashbacks una parte de la historia y no necesariamente en orden cronológico. Se nota en el filme una gran influencia de Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), tanto en la forma de armar la historia como en algunas elecciones de encuadres que se salen de lo habitual.

Si la primera aparición de un inexperto Burt Lancaster es recordada, la de una primeriza Ava Gardner es absolutamente sublime. Hay que esperar 36 minutos de película para verla aparecer en pantalla en una escena en que Robert Siodmak la catapulta directamente al estrellato. La acción sucede en una fiesta y Ava, interpretando a la ambigua e independiente Kitty Collins, aparece junto a un piano cantando con su propia voz (en otros filmes en los que canta sería doblada) la canción «The More I Know of Love» compuesta por el húngaro Miklós Rózsa. Ole Anderson «El Sueco» se queda absolutamente embelesado, dando de lado a su novia que ha asistido con él a la fiesta, y se concentra únicamente en (ad)mirar la belleza de esa mujer enfundada en un vestido negro de raso e iluminada como una diosa.

El manejo del encuadre y el montaje de los planos hace que nosotros también caigamos rendidos a sus pies, sin dejar de observar las reacciones en segundo plano del resto de personajes. Hay un momento magistral donde aparece en cuadro ese efímero triángulo sentimental sin que las miradas silenciosas de ninguno de los tres se encuentren y, sin embargo, digan mucho más que cualquier línea de diálogo. Ava Gardner se convierte en esa escena en una femme fatale icónica. Sin que pueda considerarse una de sus mejores interpretaciones, su magnética presencia en esa escena fue el preludio de todo lo que vendría después.

La luz y la puesta en escena

Es cierto que en Forajidos encontraremos algunos errores de continuidad muy evidentes (la script estaría de vacaciones), que falta cierta profundidad en la descripción de los personajes oy que algunos de los flashbacks se introducen de manera forzada (pienso en el exhaustivo relato que hace un moribundo mientras está delirando), pero Siodmak demuestra su maestría en varias secuencias que han pasado a la historia del cine. Una de las más llamativas es la escena del robo en la fábrica de sombreros. Utilizando el movimiento de una grúa, el director se marca un imponente plano secuencia que dejaría en pañales a muchos directores de cine de acción actuales. También hay algunos planos asombrosos donde la cámara se coloca en picado para dar una dimensión nueva al espacio donde sucede la acción, ahí la sombra de Welles es alargada, pero no se limita a copiarlo sino que propone ideas nuevas que aún hoy pueden verse como revolucionarias.

Y, por descontado, está el uso de la luz y sus contrastes. Ya hemos comentado algunos momentos estelares en la forma de iluminar a los personajes, pero es que todo el filme está plagado de una apariencia sombría que sirve como escenario ideal para un mundo de engaños y dudosa moralidad que engulle a un hombre bastante ingenuo. Forajidos es, sin duda, una de las mejores representaciones del cine negro norteamericano con grandes aportes creativos en la puesta en escena.


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Forajidos

9.5

Puntuación

9.5/10

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