Crítica de ‘En la casa de al lado’: Un monstruo viene a verme… bostezar

Las críticas de Daniel Farriol:
En la casa de al lado

En la casa de al lado (The Evil Next Door / Andra sidan) es un filme de terror sueco escrito y dirigido por Tord Danielsson y Oskar Mellander. La historia sigue a Shirin que se acaba de mudar a una casa adosada en las afueras de la ciudad con su compañero Fredrik y el hijo de este, Lucas. Cuando la mujer se queda sola en casa con el niño, empiezan a suceder fenómenos extraños relacionado con la casa de al lado que se encuentra deshabitada, al mismo tiempo que Lucas tiene un nuevo «mejor amigo» imaginario. Está protagonizada por Dilan Gwyn (Beyond, Sisters in Arms), Linus Wahlgren (Scenes From A Celebrity Life, Crimes of Passion), Jakob Fahlstedt, Janna Granström, Karin Holmberg, Troy James, Niklas Jarneheim y Henrik Norlén. La película se ha estrenado en plataformas como Movistar+, Rakuten TV o Filmin el día 11 de Febrero de 2022.

Vivir junto a una casa encantada

La sensación mientras ves de principio a fin En la casa de al lado de Tord Danielsson y Oskar Mellander es de total frustración, ya que presenciamos buenas ideas en el manejo de la puesta en escena por parte de los directores, pero es algo insuficiente para levantar un guion inexistente que toma prestados de otras películas los pocos eventos que suceden durante sus breves (a la par que soporíferos) 87 minutos. La trama es tan básica que te la sabes de memoria. Joven pareja con niño se muda a una casa nueva en la que no faltan las escaleras, más habitaciones de las que necesitarían los tres y un altillo-desván al que uno no subiría ni a punta de pistola.

No hace falta esperar mucho para adentrarnos en la típica historia de casas encantadas e incluso antes de comprarla el niño ya tiene el primer contacto sobrenatural con el fantasma de otro niño que al parecer vive en la casa de al lado actualmente deshabitada. Para infringir el miedo desde el inicio, se nos asegura en los créditos iniciales que la historia está basada en hechos reales, algo que los propios directores han confirmado que es exagerado ya que solo tomaron un par de ideas que no hubieran dado ni para un corto. Por circunstancias laborales, el padre pasará muchos días fuera de la casa y serán el niño junto a su joven madrastra (la madre real murió de cáncer) los que deberán afrontar los fenómenos paranormales que se irán sucediendo. Golpes en una pared que se comunica con la casa de al lado, ruidos nocturnos, el niño hablando con un ente imaginario… Vamos, lo de siempre. Y cuando sale el demonio es aún peor, muta de aspecto y se mueve como si fuera contorsionista, hasta hay un momento que le vemos en segundo plano subir las escaleras como si fuera la niña de El exorcista

Terror desgastado

En la casa de al lado bebe tanto del cine norteamericano de terror como del J-horror japonés como demuestra el sonido de traqueteo que antecede a las apariciones fantasmagóricas, muy similar al que emite Kayako en la saga Ju-on (La maldición) de Takashi Shimizu. Lamentablemente, la historia parece un bosquejo y se deja sin desarrollar. No se indaga en la procedencia del espectro del que únicamente sabemos que quiere llevarse a los niños y tampoco se profundiza en la caracterización de los personajes principales. Conocemos el dolor por la pérdida que sufre el niño, una idea similar a la que poseía Un monstruo viene a verme (Juan Antonio Bayona, 2016), pero descarta adentrarse en el mundo de fantasía infantil propuesto en la novela de Patrick Ness para utilizar la presencia del amigo imaginario como un reclamo para el susto fácil.

El personaje de la madre es el único interesante, aunque tampoco sea demasiado novedoso, pero al menos ofrece puntos de interés durante su deriva psicológica hacia una aparente locura propiciada por los hechos que acontecen a su alrededor, al tiempo que intenta proteger al niño de ser capturado por el ente maligno y convencer a su pareja incrédula que están sucediendo cosas extrañas en la casa. La actriz Dilan Gwyn hace lo que puede para mantener la credibilidad de algunas situaciones en las que lo más lógico sería salir pitando de allí para irse a dormir a un hotel. El espectador que aguarde alguna sorpresa en el desenlace se encontrará con un final anticlimático que le decepcionará.

Una puesta en escena atmósferica

Lo único que salva a En la casa de al lado del desastre absoluto es la capacidad que tienen los directores para generar atmósferas opresivas aprovechando el espacio opresivo de la casa. Hay un inteligente uso de la oscuridad, en especial, en algunas escenas donde la ambientación se vuelve más abstracta en los momentos ligados con el altillo que comunica ambas casas o con el suelo semiderruido (simbología de un abismo infernal que se traga a los niños) de la casa de al lado. El uso de la cámara y del encuadre demuestran que hay unos directores que saben manejar los códigos del terror, pero abusan tanto del jump scare basado en la tramposa amplificación de los decibelios de música o sonidos que acaban por destruir la tensión dramática que sí logran cuando son más sutiles.

También es reseñable la escena donde la protagonista instala una cámara en la habitación del niño para ver a los posibles fantasmas. Es una idea siempre terrorífica que le funciona, aunque aquí esté poco justificada al haber visto su presencia muchas veces sin necesidad de las cámaras, mientras que en ese momento solo aparecen a través de ellas. En definitiva, En la casa de al lado es un filme de terror con cierto empaque visual, pero que no inventa nada nuevo y queda lastrado por las carencias del guion.


¿Qué te ha parecido la película?

En la casa de al lado

4

Puntuación

4.0/10

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