Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘El mar y el tiempo‘ (1989)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El mar y el tiempo

Entre los títulos más olvidados de la filmografía como director de Fernando Fernán Gómez, algunos lo son por demérito propio y otros por inexplicables razones que uno no alcanza a comprender. De entre estos últimos, me resulta particularmente dolorosa la indiferencia con la que el paso de los años ha tratado a una película tan delicada y melancólicamente hermosa como El mar y el tiempo.

Una obra de plena madurez de su autor que nuevamente parte de un material propio, en este caso de la novela homónima que, a su vez, procedía de los guiones que había escrito previamente para una serie de Televisión Española, de cinco episodios de una hora, dirigida por Mara Recatero y que, tras su emisión en diciembre de 1987 cayó en el más desangelado olvido.

A pesar de que la intención más evidente de El mar y el tiempo es ahondar en el tema de la memoria y de los dolorosos efectos del paso del tiempo, la película me parece, ante todo, una historia de desarraigo, el de un exiliado político español a Argentina en 1939 que regresa a España casi treinta años después para darse cuenta de que sus recuerdos no son más que posos en el fondo de un pasado que ya no existe. Jesús (José Soriano) vuelve para reencontrarse con una familia a la que conoce por las descripciones de su hermano Eusebio (Fernando Fernán Gómez) y, especialmente, con una anciana madre en el límite entre la cordura y el delirio (Rafaela Aparicio) que no parece reconocerle.

Fernando Fernán Gómez ejerce una dirección delicada, poniendo el foco en los personajes, sus sentimientos y sus reacciones. No hay ningún vacuo ejercicio de estilo. Todo el desarrollo argumental y su carga dramática recae en el inmenso trabajo de sus intérpretes, muy especialmente en un maravilloso José Soriano que se come la película con sus miradas, sus silencios, su permanente estado de extrañamiento y esa melancolía del expatriado convertido en apátrida a fuerza de tópicos como quedará de manifiesto con la dolorosa definición de “un español al que no le gustan los toros y un argentino al que no le gustan los tangos”.

Rafaela Aparicio, una de las más gloriosas “secundarias” del cine español (así se les llamaba y no era ningún desprecio, la historia del cine español está plagada de “gloriosos secundarios” que nunca se desmarcaron de serlo) tiene aquí uno de sus grandes papeles protagonistas tangencialmente emparentado con el que interpretó en Mamá cumple cien años (Carlos Saura, 1979). Su rica composición de una abuela socarrona, malhablada, terca, desvalida y, al mismo tiempo, desquiciante, le valió el Goya a la mejor actriz principal en 1989, en la cuarta edición de unos premios todavía balbuceantes.

También fue premiada María Asquerino con el Goya a la mejor actriz de reparto por una brevísima aparición, una única secuencia de no más de ocho o diez minutos que debería figurar en una antología de las mejores secuencias de la historia del cine español, un mano a mano con José Soriano que resulta tan conmovedor como despiadado, tan descorazonador como cargado de autenticidad en la mirada, los gestos y el habla de una mujer rota por fuera y devastada por dentro.

Estos dos premios Goya reconocieron a una película que tuvo, además, otras ocho nominaciones incluyendo a mejor película y a Fernando Fernán Gómez en una triple consideración, como mejor director, como mejor guionista y como mejor actor principal, faceta en la que está fantástico como siempre, pero que no se nominase a José Soriano resulta absolutamente incompresible, una ignominia solo explicable por el provincianismo de una Academia que, durante muchos años, negó las nominaciones a actores que no fueran españoles. Fernán Gómez está muy bien, lo de Pepe Soriano es un recital.

Pero El mar y el tiempo no se queda ahí, toda esta historia familiar se desarrolla con el telón de fondo del parisino mayo del 68 y su capacidad de seducción sobre aquella generación de jóvenes idealistas que iban a cambiar el mundo y a los que el paso de las décadas convirtió en pequeños burgueses desencantados. Fernando Fernán Gómez conjuga la veteranía de los actores citados con nombres que comenzaban a despuntar como Iñaki Miramón, Ramón Madaula, Eulalia Ramón, Fernando Guillén Cuervo, Gabino Diego, Cristina Marsillach y, muy especialmente, una encantadora Aitana Sánchez-Gijón que ese mismo año protagonizaría Bajarse al moro (Fernando Colomo, 1989).

Fernando Fernán Gómez no dibuja estos personajes con la misma finura que los de la generación de sus padres y cae en algunos tópicos facilones como la sonrojante secuencia en la que salen todos juntos a un balcón, casi coreografiados y guitarrita en mano, a cantar el “Al vent” de Raimon al vecindario en lo que parece más un anuncio publicitario que una secuencia cinematográfica. Sí que es acertado, sin embargo, el retrato del choque generacional entre ambos grupos cuyo nexo de unión es el personaje de edad intermedia, a caballo entre ambas generaciones: el inescrutable personaje de Lupe (Emma Cohen) con el que se da solución a todos los callejones sin salida argumentales en los que la película corre el riesgo de caer.

El mar y el tiempo es, en conclusión, una película sensible que, a pesar de algunas imperfecciones, no merece el olvido en el que, treinta y tres años después de su estreno, ha caído. Es probable que su trama argumental resulte trasnochada vista con los ojos del siglo XXI pero las interpretaciones de Pepe Soriano, Rafaela Aparicio y María Asquerino son inmortales.


El mar y el tiempo no está actualmente en el catálogo de ninguna plataforma televisiva. Fue editada en DVD por Producciones JRB y aunque dicha edición está descatalogada en la actualidad, puede encontrarse en tiendas de segunda mano con relativa facilidad. Eso sí, la calidad de imagen y sonido es lamentable. Estamos ante una película que está pidiendo a gritos una restauración del master y una nueva edición en DVD y, si no es mucho pedir, Bluray.


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Un comentario en «Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘El mar y el tiempo‘ (1989)»

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