SUNDANCE 2022. Crítica de ‘Neptune Frost’: Tan inventiva como incomprensible

Las críticas de David Pérez «Davicine» en el Festival de Sundance 2022:
Neptune Frost

Un hacker africano, un minero y la maravilla virtual que nace como resultado de su unión. Con esta premisa se presenta Neptune Frost, película dirigida por Anisia Uzeyman y Saul Williams, y protagonizada por Cheryl Isheja, Elvis Ngabo “Bobo”, Bertrand Ninteretse “Kaya Free”, Eliane Umuhire, Rebecca Muciyo y Trésor Niyongabo. La película se ha podido ver el 23 de Enero de 2022 dentro de la programación del Festival de Sundance 2022.

Una película tan inventiva como incomprensible

Una visión cinematográfica nacida de una guerra que obliga a su ciudadanía a habitar otras dimensiones, Neptune Frost, que debutó con elogios de la crítica en el Festival de Cine de Cannes, es una película que se debe ver varias veces para poder asimilar lo que nos cuentan, y eso suponiendo que lleguemos a entenderla.

Neptune Frost es el primer largometraje explosivamente inventivo de Anisia Uzeyman y el poeta del slam Saul Williams (quien hizo su debut en Sundance apareciendo en Slam de 1998) que rompe las convenciones de la realización de películas para brindarnos este híbrido musical de ciencia ficción ambientado en Ruanda sobre un trascendente conexión entre un fugitivo intersexual, Neptune (interpretado tanto por Cheryl Isheja como por Elvis Ngabo “Bobo”), y un minero de coltán en duelo (Bertrand Ninteretse “Kaya Free”).

Si el mundo de hoy está alimentado por la tecnología, obsesionado con el futuro y articulado por un lenguaje que borra el poder de los negros, entonces esta obra poética del afrofuturismo inventa un lenguaje con capacidad para contar la compleja historia de cómo los mineros africanos excavan en busca de minerales de tierras que conforman la red digital de la que dependemos actualmente.

No siempre lo raro es bueno…

Neptune Frost es el tipo de película que le vale a cualquier festival para poder decir que arriesgan y apuestan por nuevas voces originales, y casi siempre se acaba hablando de joya o sinónimos similares al citar estas películas. Por desgracia, no todos somos iguales, y no he sentido que haya visto una maravilla, sino una película que me ha costado comprender, y aún más asimilar una vez visionada.

Fusionando el género musical con el género cibernético, si es que existe un género así, que ya hay demasiados y uno se pierde, esta arriesgada apuesta cinematográfica nos invita a entrar en un campo de desechos electrónicos surrealista escondido en lo más profundo de Ruanda, donde unos piratas informáticos luchan para acabar con un régimen autoritario que explota los recursos naturales del país.

Comenzamos en una mina de coltán, donde el joven trabajador Matalusa es testigo de la muerte de su hermano menor y compañero minero. Abrumado por el dolor, huye hasta que una serie de alucinaciones lo llevan al cuartel general de los rebeldes. Paralelamente, hay otra historia que sigue a un personaje que se siente arrancado de un sueño, un fugitivo intersexual con el que debe unir fuerzas para que la insurgencia tenga éxito.

Hasta ahí podría todavía entrar en el juego que nos plantean, pero todo es tan confuso y absurdo que ni el mayor de los onirismos consigue llamar mi atención y por tanto facilitarme la comprensión de los hechos mostrados delante de mis ojos. No se lo que estoy viendo, más que una sucesión irreal de escenas que me dejan perplejo y no se hacia donde quieren dirigir la historia más allá de creer (sí, ya debo plantearme lo que creo que quieren conseguir) que quieren meterse en mi cabeza como un raro sueño.

Quiero despertar de este sueño

Si los cineastas querían que tuviera la sensación de estar dentro de un sueño, lo han logrado, no sólo por la pereza que me provocó la película y que casi acabó en cabezadita, sino por las imágenes y sonidos que no hacen más que provocar una ensoñación, en parte por la fotografía de Anisia Uzeyman, que logra transmitir una sensación total de onirismo, reforzada por los temas musicales que acompañan las imágemes, plagados de tambores y cánticos lúgubres. La banda sonora electrónica de Neptune Frost está compuesta por Williams e incluye temas de rap originales y R&B alternativos, haciendo que en ocasiones tengamos la sensación de ver un videoclip.

Dentro de su búsqueda por mostrarnos algo diferente, sí que hay que elogiar el vestuario de Cedric Mizero, siendo capaz de crear indumentarias simplemente espectaculares que lucen cada uno de los protagonistas, creadas con partes de ordenadores y cableados para conectarlo todo, entre las que hay que destacar la capa usada por Matalusa hecha completamente de teclas y una máscara hecha de alambre usada por las fuerzas militares. Una estética afro-futurista que encaja a la perfección con esta historia de ciencia ficción que mira al futuro sin olvidar el pasado, y que posiblemente sea lo único que me quedará en el recuerdo.

Quienes crean que van a ver una película de ciencia ficción única acabarán desconcertados por el surrealismo y abstracción tanto narrativo como visual, siendo más bien Neptune Frost una arriesgada apuesta audiovisual a la que no hay que intentar sacar más allá de lo que consigamos asimilar en un primer visionado, y si nos lanzamos a verla por segunda vez, puede que saquemos algo más en claro, o simplemente hayamos perdido el doble de tiempo.


¿Qué te ha parecido la película?

Neptune Frost

5

Puntuación

5.0/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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