Crítica de ’Silent night’: Drama sanitario disfrazado de comedia navideña

Las críticas de Óscar M.:
Silent night

En Silent night, un grupo de viejos amigos se reúne para celebrar la Navidad en una idílica casa de campo, la reunión transcurre con más o menos tranquilidad y normalidad, pero, por mucho que quieran fingir tendrán que hacer frente a la idea de la inevitable destrucción de la humanidad.

La película es el debut cinematográfico de Camille Griffin, quien se ocupa de la dirección y el guión, con la producción de Matthew Vaughn (Kingsman: El círculo de oro, Rocketman), y está protagonizada por Keira Knightley (Rompiendo las normas, Descifrando enigma), Matthew Goode (Downton Abbey, Secretos de estado), Roman Griffin (Jojo Rabit) y Lily-Rose Depp (The King, La bailarina). Llega a los cines españoles el 22 de diciembre de la mano de Vértice Cine.

El desconcierto de estar entre dos géneros

No es ningún secreto que si una historia no genera un conflicto en el espectador tiene mucha parte de la batalla perdida, no se puede basar todo en el espectáculo visual o en el/la intérprete de moda, el guión debe tener algo que provoque una respuesta en el espectador y normalmente suele ser el cuestionamiento de qué haría en la situación en la que están los personajes de la pantalla.

Silent night va directa a por ese objetivo, pero con un camino previo algo desconcertante. Su inicio recuerda mucho a La invitación o a la (ya considerada) clásica Los amigos de Peter con la llegada de los invitados al lugar central de la trama al ritmo de la música, pero el tono festivo y jovial con el que son recibidos en el domicilio choca directamente con el drama que flota en el ambiente y que el guión no se atreve a revelar explícitamente.

Las presentaciones de los personajes son muy atropelladas y las escenas son muy incoherentes por dicho secretismo, lo cual provoca cierta inquietud en el espectador, aunque no llega al punto de generar el interés deseado por la guionista, tal vez por los constantes insultos incluidos en los diálogos o por las festivas y alegres interpretaciones de los actores, que provocan constantes incoherencias narrativas.

Buscando la implicación del espectador con un giro narrativo

Una vez descubierta la sorpresa, la película da un giro radical y aquí sí aparece el conflicto y, por lo tanto, el drama. A partir de ese momento, las dudas y el posicionamiento a favor o en contra es lo que tiene a su favor Silent night para que el espectador no abandone la historia y cambie de película, a pesar de lo controvertido del tema que se trata.

La comedia familiar donde parece que los hijos tienen más poder que los padres se convierte en ese instante en un drama donde temas tan espinosos como la eutanasia o la duda sobre el correcto funcionamiento de las vacunas flotan en el ambiente sin que los personajes lo expresen explícitamente en los diálogos.

El drama ya está servido y el espectador tiene que decidir qué plato del menú tiene que comer mientras recibe explicaciones más o menos fundamentadas para elegir un bando u otro, pero, de nuevo, unas escenas cómicas, un conjunto navideño y alegre y que los niños son más importantes que los adultos, provocan, de nuevo, el desconcierto del espectador.

Un debut poco resolutivo

A pesar de no quedar muy claro en qué género quiere enmarcarse y ser más expositiva que explicativa (para evitar tomar partido en uno u otro sentido), la película sí consigue provocar ese cierto «mal rollo» en el espectador que está buscando la directora y guionista, gracias a unas interpretaciones correctas (otra vez, los niños mejor que los adultos) donde destaca Roman Griffin Davis (al que adoramos desde que protagonizó Jojo rabbit) sobre la mayoría del reparto.

Tal vez pueda ser por la inexperiencia de la directora, pero Silent night no termina de definirse, los personajes no saben si están felices o tristes y la conclusión tampoco deja claro muchos aspectos argumentales que se han ido exponiendo. Cumple generando el conflicto, pero se queda a mitad de camino cerrando la historia, en última instancia incluso intenta parecerse a La niebla, la de Stephen King (en el aspecto dramático), pero resulta ser una película simplemente correcta que genera muchas preguntas sin resolver.


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Silent Night

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