Crítica de ‘Cámara policial (Body Cam)’: Espectro justiciero

Las críticas de Daniel Farriol:
Cámara policial (Body Cam)

Cámara policial (Body Cam) es un thriller policíaco estadounidense con elementos sobrenaturales que está dirigido por Malik Vitthal (Imperial Dreams) con guion escrito por Nicholas McCarthy (El pacto, Holidays) y Richmond Riedel (Target Practice, Criminales). La historia sigue a una agente de policía que se reincorpora al servicio tras haber sido suspendida por agredir a un hombre. La primera noche de patrulla junto a un compañero novato deberá enfrentarse a una especie de fuerza sobrenatural que se está dedicando en asesinar de manera brutal a varios agentes de policía. Está protagonizada por Mary J. Blige (Scream: Resurrection, Vidas paralelas), Nat Wolff (Mortal, Escuadrón de la muerte), David Zayas (Dexter, Shine), Anika Noni Rose, Theo Rossi, Demetrius Grosse y Sylvia Grace Crim. La película se ha estrenado directamente en plataformas. Puedes verse en Netflix desde el día 4 de Diciembre de 2021.

Un espectro que ajusticia la brutalidad policial

Cámara policial tiene un punto de partida bastante interesante, tanto en lo temático como en lo formal, pero desgraciadamente se desperdician esas buenas ideas en un filme de bajo presupuesto que acaba resultando intrascendente. Malik Vitthal es un director angelino influenciado por parte de su madre en el estudio de la filosofía y cultura hindú. En su debut en el largometraje, Imperial Dreams (2014), ya abordaba desde el drama algunos temas como la discriminación racial y la violencia policial existente en los Estados Unidos a los que regresa con esta segunda película, pero introduciendo un elemento sobrenatural que podría haber aportado un enfoque más original.

Entre el thriller policial y el filme de terror, Cámara policial transita por territorios reconocibles en la realidad actual (el mediático caso de George Floyd fue solo la punta del iceberg) para reflexionar sobre la violencia intrínseca en los cuerpos policiales contra la comunidad negra como parte de una herencia histórica racista que sigue escindiendo la sociedad y ampliando las desigualdades sociales. En esta ocasión, un espectro vengativo parece querer tomarse la justicia por su mano y asesinar a todos los agentes de policía. Es fácil de intuir cuál es la motivación que le lleva a cometer esos crímenes, demasiado obvia para mantener el suspense durante la investigación policial.


La cámara subjetiva y los puntos de vista

La protagonista es Renee Lomito-Smith (interpretada sin mucha convicción por la cantante y actriz Mary J. Blige), una mujer policía que se reincorpora al cuerpo tras cumplir una sanción disciplinaria por haber golpeado a un hombre estando de servicio. En su primer día le asignan para patrullar por las noches a un joven novato, Danny Holledge (Nat Wolff), típico inicio de una buddy movie, y enseguida se verán envueltos en la salvaje cacería que están sufriendo los agentes de policía de la ciudad. Aunque nadie le cree, la mujer descubre que hay algo sobrenatural tras esos crímenes al ser la única que ve unas grabaciones que terminan borrándose (un hecho que no se explica adecuadamente).

Cámara policial tampoco encuentra una narrativa fluida que haga encajar la filmación convencional con el empleo de las distintas cámaras de seguridad y de las cámaras policiales que hay tanto en los coches patrulla como en los propios trajes de los agentes. Era una buena oportunidad para jugar con el formato del found footage de una manera diferente, así como manejar distintos puntos de vista sobre una misma acción, pero la utilización de las cámaras subjetivas acaba siendo algo más funcional que práctico, llegando incluso a molestar en ocasiones el formato de «videojuego». El único punto de vista real que tendremos como espectadores es el de Renee, así que el juego de cámaras pierde toda su efectividad.

El híbrido existente entre drama social, terror sobrenatural e investigación policial no fluye con la armonía necesaria para captar nuestra atención. El guion es demasiado superficial en lo psicológico y el verdadero mensaje de denuncia se pierde bajo el artificio de la concatenación de diversas escenas de persecución que parecen repetirse una tras otra sin hacer avanzar la trama. Un poquito de gore dental ameniza las secuencias de terror para intuir el camino que podía haber diferenciado esta película de cualquier telefilme de sobremesa. Una pena. Cámara policial se convierte, entonces, en una oportunidad perdida.


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Cámara policial

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