Crítica de ‘Quién lo impide’: Las primeras veces que no vuelven

Las críticas de Daniel Farriol:
Quién lo impide

Quién lo impide es un documental ficcionado español escrito y dirigido por Jonás Trueba (La vírgen de agosto, La reconquista). La historia es una llamada a transformar la percepción que tenemos sobre la adolescencia y la juventud; la de aquellos que nacieron a principios del siglo XXI y acaban de hacerse mayores de edad; los que ahora parecen culpables de todo a la vez que ven mermadas sus esperanzas. Está protagonizada por Candela Recio, Pablo Hoyos, Silvio Aguilar, Pablo Gavira, Claudia Navarro, Marta Casado, Rony-Michelle Pinzaru y Javier Sánchez. La película compitió en Sección Oficial  del Festival de San Sebastián 2021 y obtuvo el Premio a Mejor Reparto. Se ha estrenado en salas comerciales de la mano de Atalante Cinema el día 22 de Octubre de 2021.

Desde el Festival de San Sebastián a las salas comerciales

Fui uno de los valientes y finalmente afortunados que asistimos a la proyección íntegra de Quién lo impide durante la pasada edición del Festival de San Sebastián dónde tuvo lugar su estreno antes de llegar a salas comerciales. Por aquél entonces no tenía ninguna referencia clara de lo que iba a contemplar, ya que es costumbre mía ir a las proyecciones en festivales lo más virgen posible sin haber visto tráilers destripadores ni haber leído sinopsis u opiniones que te puedan condicionar de alguna forma ante lo que vas a ver. También tengo que reconocer que no soy un seguidor acérrimo del cine que hace Jonás Trueba, aunque me interesa lo que hace, así que asistir a una película suya de 220 minutos era para mi un reto casi tan grande como para el inefable crítico Carlos Boyero que reconocía en una charla informal la pereza que le daba sentarse a ver una peli tan larga (aunque luego le gustó).

Quién lo impide se convierte, por derecho y méritos propios, en la crónica generacional de una juventud, la denominada «generación perdida» azotada por pandemias y crisis económicas que, sin duda, marcarán su futuro y, por ende, el de nuestro país. Para abarcar la inmensidad de tamaño proyecto, Jonás Trueba se dedicó a seguir y grabar durante 5 años los pasos y vidas de un grupo de adolescentes desde los 15 años hasta cumplir los 20. Es complicado definir el género de la película que se sitúa en un lugar indefinido entre el documental y el falso documental, pero también entre la ficción y la metaficción. El propio director aparece emulando al argentino Mariano Llinás en su mastodóntica La flor (2018) como maestro de ceremonias para explicar el funcionamiento del experimento en un ejercicio que hace con los chicos de la recreación de una situación ficticia e improvisada partiendo de un conflicto inicial pactado desde el que los propios no actores acceden desde su experiencia personal. Ese ejercicio sirve como paradigma de lo que nos encontraremos después en la película.

El caos adolescente en primera persona

Quién lo impide es un filme que está dividido en tres partes que dividen el visionado mediante dos intervalos de 5 minutos (que sirven de reflexión y para que los más apurados puedan vaciar su vejiga), sirviendo también para contextualizar los saltos temporales más grandes que afectan a la vida de los chavales. El resultado del experimento es más que interesante y atractivo, se significa como toda una exploración profunda del paso de la adolescencia a la madurez desde distintos puntos de vista que engloban un gran espectro de experiencias vitales con las que cada uno de los espectadores puede sentirse identificado en mayor o menor medida.

Es cierto que la duración me parece del todo injustificable y podría haberse acortado el metraje ostensiblemente en diversas fases del proyecto, aunque supongo que en el criterio del autor ha prevalecido la opción de mantener a todos los jóvenes que participaron sin dejar olvidada en la sala de montaje ninguna de las historias más residuales, algo entendible después de que los chicos estuvieran participando en el proyecto durante esos 5 años de rodaje. De todas formas, esa decisión también limita bastante la cantidad de público que podrá disfrutar de una obra que merecería la atención de todos.

Trueba extrae verdad incluso de la mentira e impregna la pantalla de un realismo mágico al afrontar su película desde lo más profundo del corazón. Los mejores momentos o, al menos, los que más me calaron a mi, son cuando refleja con todas sus contradicciones el caos adolescente ante la inmensidad de la vida. Es un caos reconocible que está lleno de incertidumbre, rabia, miedo, curiosidad, pasión y, sobre todo, muchas primeras veces. Porque la adolescencia es la oportunidad de probar cosas nuevas, de experimentar, de equivocarse, de creerse invencible. Una etapa que termina cuándo comienzan las responsabilidades y el futuro se convierte en un monstruo en la oscuridad que asusta más que cualquier terror infantil. Son esos momentos y algunas reflexiones que los chicos ponen sobre la mesa desde la frescura ingenua de la inexperiencia las que convierten esta radiografía de la juventud en algo trascendente que, a la postre, resulta una obra más íntima que sociopolítica pese a lo reivindicativo del título y de algunas secuencias como la del concierto.


¿Qué te ha parecido la película?

Quién lo impide

8

Puntuación

8.0/10

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