Crítica de ‘La casa Gucci‘: Una adaptación donde la experiencia hace que todo brille

Las críticas de Óscar M.:
La casa Gucci

La casa Gucci está inspirada en la historia real del emporio familiar tras la legendaria firma de moda italiana, donde nos descubren a lo largo de tres décadas de amor, traición, decadencia, venganza y, en último término, asesinato, el verdadero significado de un apellido, su valor y lo lejos que puede llegar una familia para hacerse con el control.

La película se basa en el libro «The house of Gucci» de Sara Gay Forden, tiene un guión escrito por Becky Johnston y Roberto Bentivegna y está dirigida por Ridley Scott. En el reparto, encabezado por la cantante Lady Gaga, están Adam Driver, Jared Leto, Jeremy Irons, Jack Huston, Salma Hayek y Al Pacino. La película se estrena en cines el 26 de noviembre de la mano de Universal Pictures.

La realidad convertida en ficción

Las películas «inspiradas en hechos reales» siempre me causan cierto rechazo, tienen a pervertir la realidad en favor de la espectacularidad (por eso están «inspiradas» o «basadas», porque la realidad siempre supera a la ficción) representando una realidad aburrida como algo extraordinario. La mayoría de las veces no ha pasado el tiempo suficiente como para que esa realidad se haya mitificado y la película simplemente es una acumulación de recortes de periódicos que narran una historia poco o nada interesante. Y sí, me refiero a La red social, el mejor ejemplo de cómo no contar nada durante más de dos horas.

No es el caso de La casa Gucci, donde Ridley Scott demuestra que le hubiera gustado rodar El padrino, pero en esa época estaba demasiado ocupado deleitándonos con la ciencia ficción futurista de Alien y Blade runner, como para preocuparse por los entresijos contemporáneos de una familia de modistas con ínfulas.

A pesar de que el guión está escrito por Becky Johnston (que no escribía una película de este calibre desde el fracaso de Siete años en el Tíbet) y el debutante Roberto Bentivegna y que podría haberse quedado en un telefilme, Ridley Scott consigue mejorar las escenas gracias a su sello personal (en la escena de la barca, por ejemplo, recurre a su ya característica niebla que viene usando desde Los duelistas y es capaz de incluirla en la mayoría de su filmografía).

Scott ha conseguido poner en imágenes una historia rocambolesca, de por sí interesante, que podría haber acabado como una acumulación de escenas claves de la historia de la familia sin una conexión coherente. Compararla con Dallas, Falcon Crest o Dinastía sería bajar el nivel del que goza La casa Gucci, que está muy por encima de esas series tanto a nivel argumental como interpretativo, aunque, evidentemente, esos referentes están en la película y negarlos sería olvidar la base sobre la que se sustenta esta telenovela con gran presupuesto.

Un reparto acertado y muy bien dirigido

Aunque del reparto la mayoría de elogios irán para Lady Gaga (y bien merecidos que los tiene, puesto que su interpretación y su forzadísimo acento consigue conquistar hasta al público más reticente, entre los que me encuentro), el resto de los actores y actrices de La casa Gucci están especialmente destacables. En concreto, merece una mención especial Salma Hayek, que se convierte en el contrapunto cómico de la dramática historia, con un pequeño personaje de esos que hacen que recordemos su participación por encima de otros con más metraje o diálogos, por ejemplo Adam Driver.

A estas alturas hablar de la calidad de interpretación de Al Pacino o Jeremy Irons puede resultar hasta insultante (aunque ambos tienen un historial de interpretaciones desbocadas y sobreactuadas que no recordaremos), pero el talento y la habilidad que demuestra Jared Leto es absolutamente impresionante. No sólo por la asombrosa caracterización que tienen en pantalla, es la manera en la que interpreta al personaje de Paolo Gucci que está totalmente fuera de cualquier expectativa.

Maquillaje, peluquería y vestuario impresionantes

Pero no sólo en Leto se han lucido los departamentos de maquillaje y peluquería, con Gaga han demostrado que, cuando hay intención de hacerlo bien, se puede hacer bien. Olvidémonos de esas imitaciones de los peinados de los años ochenta que hemos visto en Stranger things y otras series y películas que idealizan esa década, aquí podemos disfrutar de los cardados excesivos, las marañas de pelo mañaneras o los maquillajes echados a perder por las lágrimas. El realismo está llevado hasta el extremo.

Del vestuario sólo se pueden decir maravillas, Janti Yates es una de las constantes en la filmografía de Ridley Scott y demuestra en todas sus colaboraciones el amor a los detalles y la delicadeza con la que viste a todos los personajes (desde Gladiator, pasando por Prometheus o Éxodus: Dioses y reyes), el trabajo Yates es impagable y su nivel de minuciosidad es exquisito (fijaros muy bien en los collares, anillos o pendientes que aparecen en pantalla).

La música de La casa Gucci redondea la adaptación

La selección musical mezcla grandes éxitos de finales de los años setenta y principios de los ochenta con otras piezas de música clásica y, aunque la mezcla pueda parecer extraña en un primer momento, su inclusión en las escenas encaja a la perfección, dejando en un segundo plano a la música compuesta expresamente para la película por Harry Gregson-Williams.

La casa Gucci se extiende durante más de dos horas y media con bastante soltura, hasta su tramo final (cuando empieza a hacerse pesada y redundante), lo cual podría convertirla en un desastre o una película para televisión con mucho presupuesto, pero tanto la interpretación de sus actores como el vestuario, el maquillaje o las fantásticas localizaciones (tanto en interiores como exteriores) hacen que la película sea un deleite para los ojos.


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La casa Gucci

8

Puntuación

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