66 SEMINCI. Sección oficial. Crítica de ‘Las siamesas’: Cortando el cordón umbilical a destiempo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 66 SEMINCI:
Las siamesas

De todos los vínculos que pueden establecerse entre los diferentes miembros de una familia, siempre me ha fascinado la gran variedad de relaciones madre-hija. Existen madres confidentes, cariñosas, comprensivas, liberales o rígidas, pero hay un tipo particular de madre que me irrita, la madre posesiva e intervencionista, esa que no renuncia nunca a meterse en las decisiones de sus hijas aunque estas hayan sobrepasado los cuarenta y hayan formado su propia familia. Con los hijos varones puede ocurrir algo parecido pero ahí entrar en juego las nueras y eso es harina de otro costal. Afortunadamente no ha sido mi caso, pero he visto a mi alrededor demasiadas situaciones en las que un corte efectivo del cordón umbilical no se ha producido nunca.

La directora argentina Paula Hernández (Los sonámbulos, 2019) realiza una adaptación libre de un cuento de Guillermo Saccomano para escribir el guion de Las siamesas, película en la que aborda la problemástica relación entre una madre y una hija que tras muchos años de convivencia juntas y aisladas han llegado casi a mimetizarse físicamente, de ahí el título.

La madre, Clota (Rita Cortese) vive una existencia rutinaria entre pastillas y objetos del pasado. La hija, Stella (Valeria Lois) ha dejado pasar demasiados trenes en la vida y, metida en la madurez, ve como la herencia de su fallecido padre, en forma de dos apartamentos en la costa, puede estar brindándole la última oportunidad de volar del nido. Ambas se ponen en marcha para hacer un viaje y conocer esos apartamentos, un viaje de fin de semana en autobús que durante horas las obligará a convivir en un contexto diferente a la vieja casa familiar donde viven habitualmente.

Las Siamesas es una película de mínimos muy bien aprovechados. En solo 80 minutos y con dos personajes protagonistas, Hernández construye una especie de road movie para diseccionar una relación tan tóxica como asfixiante para Stella. Las sucesivas complicaciones y paradas del viaje van sirviendo como detonantes para que se vaya generando tensión entre ambas y aflore el conflicto, son demasiadas cosas las que ambas mujeres no se han dicho la una a la otra y, como tantas veces, los reproches sustituyen a los silencios y lo callado acaba saliendo a la luz en el momento más inoportuno y de la forma más intempestiva.

La adaptación del texto, que bien podría haber dado para un montaje escénico, se apoya fundamentalmente en el trabajo interpretativo de dos fantásticas actrices sobre las que Hernández ejerce una dirección que también destila aroma teatral. La cámara, colocada (casi) siempre muy próxima a las actrices, ofrece una puesta en escena apoyada en primeros planos que tanto Rita Cortese como Valoria Lois llenan de matices, de gritos y silencios, de lágrimas contenidas, de sudor.

La aparición de un tercer personaje, el revisor del autobús en el que viajan, será el elemento que sirva para partir la unidad de puesta en escena y hacer avanzar el argumento hacia el desenlace, acaso el único posible. La única manera de cortar un cordón umbilical que no se cortó a su debido tiempo.


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