66 SEMINCI. Sección oficial. Crítica de ‘La peor persona del mundo’: Joachim Trier firma una película divertida, humanista y trascendente

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 66 SEMINCI:
La peor persona del mundo

Quizá el mayor privilegio de ser joven (sea eso hasta cuando sea) es que todavía puede uno permitirse el lujo de pulsar el imaginario botón de “pausa” del mando a distancia de su vida, reflexionar sobre dónde está situado y tratar de reparar las insatisfacciones desandando parte del camino andado para seguir otra dirección o haciendo reversibles algunas elecciones equivocadas. Pero a medida que uno va haciéndose mayor y tomando decisiones de las gordas, de las que te determinan, como qué camino profesional seguir, con quien emparejarse de una forma supuestamente estable o tener hijos, uno va cerrándose puertas que no se van a volver a abrir por mucho que nos empeñemos. He conocido espíritus libres capaces de escurrirse de todas esas decisiones que generan “ataduras” a una vida convencional, pero no estoy convencido de que sean más felices que el resto.

El director noruego Joachim Trier (Oslo, 31 de agosto, El amor es más fuerte que las bombas) ha filmado una película portentosa sobre las oportunidades perdidas, la acomodación de los sueños de juventud a la realidad de la vida adulta, las renuncias, las limitaciones, las expectativas que se ponen en una relación de pareja, los límites de la fidelidad, el vértigo ante la paternidad/maternidad, la familia como generadora de conflictos, la necesidad de realización personal o la mirada al pasado ante la inminencia de la muerte. Y la ha titulado La peor persona del mundo sin que el título responda a nada con un peso argumental relevante, pero les aseguro que el efecto que conocer el título tiene sobre el espectador mientras ve la película por primera vez es, como mínimo, inquietante.

Y para tratar tantas cosas y tan complejas, Trier ha creado un personaje mayúsculo, una joven llamada Julie que a lo largo del film transita desde los veintitantos hasta los treinta y pocos, con el que Renate Reinsve hace una de esas interpretaciones deslumbrantes que perduran para siempre y con el que obtuvo el Premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Cannes. Su derroche de humanidad y su capacidad para conmover y divertir con mínimos gestuales son sencillamente deslumbrantes. Sobre su rostro y su cuerpo gravita toda la esencia de un film tan divertido como perturbador. Imagino a espectadores de una amplia franja de edad dándole vueltas a muchas situaciones durante horas después de ver la película.

En plena crisis existencial, tras haber comprobado a tiempo que no quiere estudiar medicina a pesar de tener notas excelentes (me quito el sombrero), ni psicología, ni ser capaz de ganarse la vida como fotógrafa y verse obligada a trabajar a tiempo parcial como dependienta en una librería; Julie conoce a Aksel (Anders Danielsen Lie), un exitoso dibujante de cómics al que, sobrepasados los cuarenta, comienza a sonarle el reloj biológico de la paternidad. Un reloj totalmente desacompasado con el de Julie que, catorce años más joven, está a otras cosas como huir de una fiesta de la que se siente excluida para colarse en una boda a la que no está invitada. En esa boda conocerá a Eivind (Herbert Nordrum), el tercer personaje relevante, Julie se debatirá a partir de ahí entre dos relaciones tan dispares como complementarias. Y de pronto aparecen de nuevo las decisiones, las renuncias, las concesiones… pero de eso ya hemos hablado.

El guion de Trier coescrito con Eskil Vogt está estructurado de un modo eminentemente literario en un prólogo, doce capítulos y un epílogo en los que, con una base casi permanente de humor inteligente, alterna momentos de ternura, mala leche y amargura para condensar todo el discurso vital que acompaña a una persona en el tránsito de la juventud a la madurez. Pero a pesar de esta fragmentación narrativa, La peor persona del mundo funciona argumentalmente como un todo homogéneo, como un film sólido, como puro cine en el que se destila pura vida.

No tengo ningún interés en destripar ninguna secuencia, hay algunas maravillosas, rozando (o invadiendo) lo onírico y lo lisérgico. Hay también una mirada nostálgica a un pasado cultural que se desvanece, un planteamiento existencial sobre la idealización del pasado, una puesta en solfa del ecologismo extremo que convierte cada compra en un complicado proceso medioambiental, una afilada crítica a los límites de la creación artística y la cerrazón mental de las posfeministas. Y sí, además es una historia de amor.

En fin, no insisto más, todo lo que sea seguir escribiendo sobre ella a partir de aquí sería contarla, véanla, La peor persona del mundo es la mejor película de lo que va de año.


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2 comentarios en «66 SEMINCI. Sección oficial. Crítica de ‘La peor persona del mundo’: Joachim Trier firma una película divertida, humanista y trascendente»

  • el 28 octubre, 2021 a las 18:20
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    Muchas referencias y la tuya acaba de confirmarlo. Hay que verla. Veremos si tiene eco entre el público general y no se queda en película de circuito de festivales.

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