Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘La venganza de Don Mendo‘ (1961)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
La venganza de Don Mendo

 

Tan sólo un año después de su adaptación cinematográfica de la pieza teatral ¡Sublime decisión! de Miguel Mihura, Fernando Fernán Gómez recibió la propuesta de llevar al cine otro de los grandes éxitos del teatro español, La venganza de Don Mendo de Pedro Muñoz Seca, que se había estrenado décadas atrás, el 20 de diciembre de 1918 en el madrileño Teatro de la Comedia. Obra maestra del astracán, el texto de Muñoz Seca, una suerte de parodia del teatro del Siglo de Oro español, apoyaba su desternillante comicidad en un verso rimado a base de ripios que atentaban descarada y disparatadamente contra las más elementales reglas de la sintáctica y de la semántica.

Estamos por tanto ante un trabajo de encargo más que un proyecto personal de Fernán Gómez que, dada la manifiesta imposibilidad de hacer una película realista (ya no digamos seria) con semejante material literario de partida, optó por hacer una versión indisimuladamente irreal con decorados de cartón piedra y telones pintados en una gama cromática delirante y chillona. Tuvo que convencer para ello a los productores de la película que habían pensado en un proyecto filmado en blanco y negro, en menos tiempo, con menos decorado y, por tanto, más barato.

Desde los títulos de crédito iniciales, configurados con las caricaturas de Enrique Herreros (célebre dibujante de La Codorniz), todo va tomando la forma de una grotesca representación teatral a medio camino entre la burla y el homenaje. El comienzo de la obra que sucede en el castillo de don Nuño Manso de Jarama (Joaquín Roa) expone bien a las claras todo el ideario estético y formal que va a desplegarse a continuación.

Los decorados, sobre los que pueden proponerse múltiples inspiraciones desde los espectáculos de revista hasta las viñetas de los tebeos, se constituyen como platós televisivos primigenios que recuerdan a los que años después utilizarían algunos programas como el célebre Un, dos, tres en sus subastas. Fernán Gómez, sin embargo, decide romper la unidad de localización sacando algunas de las escenas a una filmación en exteriores que, en mi opinión, no terminan de funcionar. No hay muchos casos similares en el cine con propuestas tan deliberadamente irreales en su concepción escénica, únicamente se me ocurre pensar en el Perceval el galés de Éric Rohmer que en 1978 llevó la novela de Chrétien de Troyes a unos decorados pictóricos que se inspiraban en las miniaturas de los manuscritos medievales.

Para completar el efecto hiperbólico de todo el conjunto, las interpretaciones del elenco son desmedidamente histriónicas empezando por el propio Fernán Gómez que construye su don Mendo Salazar a base de grandes aspavientos y marcadas inflexiones de la entonación. A tono con el director y protagonista, el resto del reparto completado en sus principales papeles por Paloma Valdés, Juanjo Menéndez, Joaquín Roa, Antonio Garisa, Lina Canalejas y María Luisa Ponte abordan sus personajes desde un presupuesto claramente teatral y hacen un auténtico derroche de poses, muecas y esparavanes que, sin embargo, resultan divertidísimos.

Fernán Gómez dirige fiel al ideario estético que hemos descrito pero a lo largo de la película incorpora algunos de los recursos fílmicos que lentamente van configurando su estilo como director: los casi continuos apartes de diversos personajes mirando directamente a cámara para encarar al espectador, aceleraciones de la cámara, y repeticiones de planos o pequeñas secuencias con un indisimulado afán transgresor.

Es decir, La venganza de Don Mendo que Fernando Fernán Gómez rodó fue una acumulación tal de excesos y exageraciones en todos los aspectos de la producción que terminó por resultar armónica en su conjunto. El alocado argumento y las retorcidas líneas de Muñoz Seca casaban perfectamente con la forma de ser dichas, con los vestuarios horteras, los decorados kitsch y una puesta en escena en continuo flirteo con el esperpento.

Si se comete el error de enjuiciar La venganza de Don Mendo con los códigos visuales del siglo XXI podría decirse que la película no ha resistido demasiado bien el paso del tiempo, pero debe ser vista como lo que fue, una propuesta un tanto gamberra cuyo resultado final seguramente parecerá un espanto al espectador serio y riguroso a pesar de que todavía funciona como una película extremadamente divertida para el público capaz de entender y aceptar aquello que va a ver: un astracán filmado.


La venganza de Don Mendo fue emitida el 31 de octubre de 2017 en el programa Historia de nuestro cine de RTVE y actualmente puede verse en la plataforma FlixOlé. En cuanto al formato físico, existe una edición tanto en Bluray como en DVD lanzada al mercado por Divisa en 2014 y que aún puede encontrarse a la venta en tiendas físicas y online.

2 comentarios en «Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘La venganza de Don Mendo‘ (1961)»

  • el 17 octubre, 2021 a las 20:07
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    La vi hace mil años el la tele, cuando sólo había dos canales y me pareció apropiado el título pues a mis entendederas de niño fue una auténtica venganza, debería volver a verla teniendo en cuenta tus indicaciones

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    • el 17 octubre, 2021 a las 20:12
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      Para un niño es durita, sí. Y vista ahora, no creas que ha resistido muy bien el paso del tiempo, te la puedes ahorrar y dedicar un par de horas a otras de Fernando Fernán Gómez que merecen mucho más la pena.

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