Crítica de ‘Una canción irlandesa’: Cine de otro tiempo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Una canción irlandesa
 

El dramaturgo estadounidense (de ascendencia irlandesa) John Patrick Shanley tiene una prolífica carrera como autor teatral con más de veintitrés obras llevadas a los escenarios newyorkinos (casi siempre en el off-Broadway) desde principios de los ochenta del pasado siglo. Su relación con el cine ha sido más discontinua tanto en su faceta de director como en la de guionista que no pudo comenzar con más éxito; su primer guion para el cine, el de Hechizo de luna (Norman Jewison, 1987) recibió el Óscar al mejor guion original. Desde entonces ha alternado algún guion original con adaptaciones de encargo incluyendo las de algunas películas de puro entretenimiento.

Su carrera como director se resume en únicamente tres películas a lo largo de 30 años desde su debut con aquella extraña comedia romántica titulada Joe contra el volcán (1990) protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan. Tuvieron que transcurrir dieciocho años hasta que dirigió su segundo film, La duda (2008), en el que adaptaba una de sus obras teatrales de mayor éxito y con la que obtuvo cinco nominaciones al Óscar incluyendo una para el propio Shanley como guionista y cuatro de interpretación para sus protagonistas Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis.

Y doce son los años transcurridos hasta su tercera película para la que nuevamente ha recurrido a otra de sus obras teatrales, probablemente la de mayor éxito de su carrera y con la que John Patrick Shanley quiso rendir homenaje a sus raíces familiares irlandesas. La obra en cuestión, «Outside Mullingar», fue la primera de las suyas que se estrenó directamente en Broadway sin paso previo por el off-Broadway y supuso en 2014 el debut teatral de la actriz televisiva Debra Messing (Will & Grace). Para su versión cinematográfica, Shanley le ha cambiado el título por el de una canción folk irlandesa: Wild Mountain Thyme, algo así como Tomillo silvestre de la montaña. En España se estrena bajo el título de Una canción irlandesa.

Estamos ante una película de difícil encaje en los códigos visuales del cine actual, no digamos ya de los argumentales con ingredientes a priori anticuados: una historia de amor no confesada (o torpemente confesada) entre dos granjeros vecinos que se conocen desde niños: Rosemary (Emily Blunt) y Anthony (Jamie Dornan), la importancia de las raíces familiares o el apego a la tierra y las tradiciones. No he podido evitar (salvando las enormes distancias, entiéndaseme, que nadie me acuse de hereje) acordarme en algunos momentos de esa obra maestra con la que John Ford, americano de nacimiento, rindió también homenaje a sus orígenes irlandeses titulada El hombre tranquilo. Están presentes el apabullante paisaje irlandés, el apego a la tierra de un granjero, el orgullo y la cabezonería que llevan a decisiones incomprensibles y hasta una pelirroja terca y obstinada. Lo que ocurre es que Shanley nos coloca ante esos valores y esos personajes de otro tiempo en plena contemporaneidad, en la era de internet y los viajes relámpago a Nueva York con ida y vuelta en veinticuatro horas. Y claro está, no es lo mismo.

Shanley firma una adaptación que no reniega de sus orígenes teatrales, a pesar del deleite con el paisaje irlandés y de algunas secuencias de exteriores, todo lo que se desarrolla en el interior de las casas obedece a una puesta en escena deudora de su naturaleza dramática. Tanto Emily Blunt como Jamie Dornan están brillantes aunque en algunos momentos se enfrenten a la dificultad de diálogos (muy hermosos por otra parte) que sin duda funcionan mejor encima de un escenario que delante de una cámara. Pero sin duda alguna lo más destacable es la presencia de Christopher Walken como el anciano padre de Dornan. Sus gloriosos primeros planos nos muestran a un hombre de otra época que no duda en cuestionar la idoneidad de dejar la granja a su hijo si este no es capaz de casarse, fundar una familia y garantizar el legado familiar. El reparto se completa con un muy creíble Jon Hamm en el papel de un snob americano que sirve como contrapunto romántico y como elemento de discordia en la complicada relación padre hijo que viven Jamie Dornan y Christopher Walken.

Una canción irlandesa coquetea con varios géneros sin encajar plenamente en ninguno de ellos, demasiado ligera para ser un drama familiar y demasiado amarga para funcionar como comedia romántica. Y aunque alguna reseña se empeñe en definirla como musical, únicamente tiene una canción (la hermosa Wild Mountain Thyme que da el título original) interpretada un par de veces. Sin embargo, a pesar del extrañamiento argumental, a pesar de algunos diálogos excesivamente teatrales y a pesar de su indefinición genérica, se trata de una película tan entrañablemente emotiva como divertida en su desarrollo. Probablemente, como los propios personajes, haga de su rareza su mayor virtud.


¿Qué te ha parecido la película?

Una canción irlandesa

7

Puntuación

7.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: El contenido está protegido.
A %d blogueros les gusta esto: