AMFF 2021. Crítica de ‘Night Ride’: La otra noche parisina

Las críticas de Daniel Farriol en el AMFF 2021:
Night Ride

Night Ride (La nuit venue) es un thriller dramático francés dirigido por el debutante Frédéric Farrucci. El propio director escribe el guion junto a Benjamin Charbit (Los salvajes, The Mustang), Nicolas Journet (Les deux vies du serpent, Versus) y Laurette Polmanss (Un amor de verano, The Divide). La historia sucede en París en el año 2018. Jin, es un joven emigrante sin papeles que trabaja para la mafia china como chófer nocturno de VTC. Una noche se sube al coche Noémie, una atractiva bailarina de striptease con la que iniciará un romance. Está protagonizada por Guang Huo, Camélia Jordana (Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, Curiosa), Xun Liang, Maurice Cheng, Xinglong Zhao, Qiqian Xie, Zhiwei Ren, Tien Shue y Wabinlé Nabié. La película se ha estrenado en España en Filmin a través del AMFF 2021 el día 26 de Julio de 2021.

Una historia de amor con trasfondo social

Night Ride (La nuit venue) es el interesante debut de Frédéric Farrucci, una sugestiva combinación de neo-polar y drama romántico con un marcado tono social. La trama podría reducirse fácilmente a la historia de amor que surge entre dos almas solitarias: un taxista nocturno y una stripper. Él es un inmigrante chino que trabaja como chófer dentro de un negocio de coches VTC controlado por la mafia, en realidad sueña con convertirse en DJ profesional y compositor de música electrónica. Ella es francesa y poco sabemos de su pasado, aunque no es casualidad que esté interpretada por una actriz de origen argelino como Camélia Jordana. Más allá de la historia de amor y de la subtrama criminal, esta es una película que refleja las dificultades de los inmigrantes para salir adelante en la Francia actual.

Night Ride (La nuit venue) muestra esa cara B de París. La ciudad de la luz que bajo los brillantes neones y postales turísticas oculta una realidad mucho más compleja y dramática. A través de las ventanillas del coche se adivinan los bajos fondos de la ciudad, los asentamientos de inmigrantes ilegales acampados junto a la carretera de circunvalación o los vendedores ambulantes trapicheando bajo el cobijo de la Torre Eiffel. La película funciona muy bien en ese contexto al que se acerca con distancia y sutileza. Es una ciudad racializada en la que los inmigrantes solo se relacionan con gente de su propia comunidad sin apenas contacto con parisinos nativos más allá de su relación como clientes del servicio que prestan, ya sea subiéndose al coche VTC o requiriendo los servicios de una chica de compañía. Son esclavos modernos que viven para pagar las deudas contraídas con las mafias que les ofrecen un trabajo del que no pueden escapar. 

 

La belleza nocturna de la melancolía

El director Frédéric Farrucci afronta en Night Ride (La nuit venue) esa realidad poco tratada en el cine francés bajo la óptica de un thriller. En su fatalista viaje por el noir clásico lleva a Jean-Pierre Melville o Jacques Becker en el retrovisor, pero impregna su relato con un ritmo lánguido y de esteticista nocturnidad que bebe igualmente de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) o el cine de Michael Mann. La excelente fotografía corre a cargo de Antoine Parouty (La terre penche, L’amour des hommes). La parte criminal se mantiene siempre en segundo término hasta el desenlace y solo sirve para dotar de una latente tensión dramática que sobrevuela ese París oscuro y marginal.

Para ahondar en una atmósfera narcotizante y circular es ideal la banda sonora compuesta por Rone (Erwan Castex) que por algo se llevó el Premio César de la categoría. Esa mezcla de música electrónica melódica, ambient y hip hop nos acompaña en los trayectos en coche sustituyendo a los habituales sonidos de jazz y blues de este tipo de cine. Es una muestra más de la actualización que hace Night Ride (La nuit venue) de los códigos del cine negro clásico sin renunciar a la influencia directa que ejerce en la descripción de personajes (el antihéroe y la femme fatale) y los lugares comunes.

La desconocida comunidad china parisina 

Probablemente hubiese sido determinante para la trascendencia de Night Ride (La nuit venue) que el director hubiera apostado por profundizar más en el retrato social de los desplazados y olvidados de la sociedad parisina. Sin duda, es algo completamente extrapolable a cualquier otra gran urbe y que resulta de gran vigencia en la actualidad. El retrato de la comunidad china parisina es lo más atractivo y singular que encontraremos en la película. 

Creo que se desaprovechan algunos de los temas que toca y, en cambio, concentra demasiados esfuerzos en una historia de amor imposible que está bastante más vista en el cine. El amor es retratado aquí con la melancólica desesperanza que conlleva un salvavidas efímero para los sueños rotos. Aún así, algunas de las imágenes de la película tienen una belleza magnética y es suficientemente regeneradora del polar francés como para captar nuestra atención. También hay que destacar el sólido trabajo del debutante Guang Huo y sobre todo la arrolladora presencia de Camélia Jordana.


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Night Ride

6.9

Puntuación

6.9/10

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