Crítica de ‘Collective’: Un documental tan crudo como eficaz con dos nominaciones al Óscar

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Collective
 

Con el género documental ocurre a menudo que la consideración que alcanzan las películas tiene más que ver con la potencia del tema que abordan que con las virtudes cinematográficas propiamente dichas. Un buen ejemplo podrían ser algunos de los más célebres documentales de Michael Moore (Bowling for Columbine, Farenheit 9/11, Sicko o ¿Qué invadimos ahora?) que se ocupaban de temas tan trascendentes como los peligros del libre uso de las armas, las mentiras que condujeron a la invasión de Iraq, el sistema sanitario estadounidense o la política exterior de EEUU pero que, desde el punto de vista fílmico, tenían un exceso de fuego de artificio y una realización tosca, autocomplaciente y, a menudo, falta de rigor. Aunque menor en sus virtudes y en sus defectos, algo parecido ocurre con el multipremiado documental rumano Collective, dirigido por Alexander Nanau, que se alzó con el Premio al mejor documental en la gala de los Premios del cine Europeo y está nominado a los principales premios del año incluyendo dos nominaciones al Óscar en las categorías de mejor documental y mejor película internacional. 

El título hace referencia a la sala Colectiv Club, un célebre local de conciertos de Bucarest en el que un incendio en octubre de 2015 ocasionó, en primera instancia, 27 muertos y 180 heridos. Y digo en primera instancia porque, a pesar del estruendo mediático que causó que el local no tuviera las adecuadas medidas de evacuación, el verdadero escándalo se ocasionó cuando durante los meses siguientes fallecieron 37 víctimas más a resultas de infecciones hospitalarias de las quemaduras que, en primer lugar, no debieron producirse y, en segundo lugar, debieron ser diagnosticadas y tratadas con mayor diligencia.

El documental, a pesar de tomar su nombre de ella, abandona pronto el terrible suceso de la discoteca para centrarse en la investigación que llevada a cabo por Catalin Tolontan, un periodista (deportivo), puso al descubierto la corrupción del sistema sanitario rumano hasta el punto de hacer dimitir al gobierno en pleno.

Una empresa farmacéutica que fabrica un desinfectante hospitalario fraudulentamente diluido, corrupción mediante sobornos, dinero negro, paraísos fiscales, un proceso de selección de gerentes hospitalarios basado en el nepotismo, conflictos de intereses, una burocracia indolente e incapaz de cambiar las cosas cuando ya está claro que están mal y, finalmente, políticos que mienten descaradamente a la opinión pública son los ingredientes de un documental tan escalofriante en los datos y las revelaciones como convencional en su realización y montaje.

Catalin Tolontan y su equipo ejercen un protagonismo encarnado en los ideales de un periodismo de raza, valiente y comprometido con la verdad por incómoda que sea,  un periodismo cada vez menos común en estos tiempos de adocenamiento mediático en el que cada vez hay menos informadores libres y más gregarios de las corrientes ideológicas que gobiernan las diferentes corporaciones de comunicación, sean estas del colorín político que sea, que en eso, como en muchas otras cosas, se parecen tanto que resultan dolorosamente iguales.

También aparece como un oasis en el desierto la figura de un político diferente, el nuevo ministro de sanidad (una vez dimitido el gobierno en pleno), en la figura de Vlad Voiculescu, un joven procedente de las asociaciones de pacientes con un larvado sentido de la integridad y un marcado espíritu de renovación en el modo de seleccionar a los responsables sanitarios. “Los intereses políticos no gestionarán los hospitales” se le oye decir en algún momento. Me cuesta mucho creer en políticos pero su rostro y sus maneras rezuman responsabilidad y bonhomía. Ojalá no fuera un espejismo. 

Pero Alexander Nanau no deja todo su metraje fiado al documental de investigación puro y duro e incorpora una vertiente artística (digámoslo así) a través de una víctima concreta, una joven superviviente del incendio pero con gravísimas quemaduras en gran parte de su piel que posa para una exposición fotográfica mostrando su cuerpo desnudo o prueba una mano biónica ante la atenta cámara del documentalista. También en esta parte se adivinan mejores intenciones que resultados pero es incuestionable que con estas imágenes consigue barnizar de humanidad este Collective creando un documental tan crudo como eficaz. En unas semanas sabremos si se alza con alguno de los dos Óscar a los que opta, actualmente puede verse en la plataforma de HBO.


¿Qué te ha parecido la película?

 

Collective

6.5

Puntuación

6.5/10

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