Crítica de ‘One Night’: Recomponer el álbum familiar

Las críticas de Daniel Farriol:
One Night

One Night (Hitoyo) es un drama japonés dirigido por Kazuya Shiraishi (The Blood of Wolves, The Devil’s Path). El guion es de Izumi Takahashi (True Mothers, Museum) basado en su propia obra de teatro. Es la historia de una familia sacudida por la tragedia. Tras años de sufrir maltratos, una mujer decide matar a su marido. Sus tres hijos deberán lidiar con el trauma y el estigma social mientras luchan por alcanzar sus sueños. Quince años después, la madre reaparece y la familia deberá confrontar de nuevo ese trágico pasado. Está protagonizada por Takeru Satō (Inuyashiki, Kenshin, el guerrero samurái), Ryôhei Suzuki (Nuestra hermana pequeña, Tokyo Tribe), Mayu Matsuoka (Un asunto de familia, Little Forest), Kuranosuke Sasaki, Yûko Tanaka, Takuma Otoo y Mariko Tsutsui. La película ha podido verse en España online a través del Festival JFF Plus (Japanese Film Festival Plus) el día 28 de Febrero de 2021.

Tres vidas marcadas por la muerte del padre

One Night fue primero una obra de teatro y, aunque conserva su foco principal en la construcción de los personajes y en la importancia del texto, tanto el guionista Izumi Takahashi como el director Kazuya Shiraishi, se las ingenian para no caer en aquello tan poco visual del teatro filmado. La puesta en escena y la fotografía de Atsuhiro Nabeshima (Mientras ellas duermen, Hibana), sacan partido de toda la oscuridad emocional relativa al relato para crear una atmósfera tan envolvente como opresiva. La película es un intenso drama que plantea cuestiones morales y éticas importantes. En la primera secuencia vemos a una madre que, para proteger a sus hijos y así misma de un hombre alcoholizado que les maltrata físicamente a diario, decide atropellarlo y acabar así con el suplicio. ¿Es un asesinato justificable?

Tras 15 años desde la muerte de su padre, los tres hijos han afrontado la pérdida desde su propia experiencia y criterio. Ninguno de los tres ha superado aquella traumática noche que ha afectado al devenir de sus vidas. Hiroki (Ryôhei Suzuki) sigue tartamudeando como un niño y es un padre en trámites de divorcio. Sonoko (Mayu Matsuoka) trabaja como camarera en un bar de mala fama y ha abandonado su sueño de ser peluquera. Yuji (Takeru Satō) no ha conseguido ser novelista y malvive en Tokio escribiendo columnas para revistas pornográficas. Ninguno de los tres se ha convertido en la persona que querían ser y lo achacan a aquella fatídica noche. Cuando la madre (Yûko Tanaka) retorna al hogar como prometió, tras 15 años de ausencia, todos deberán confrontar su distinta manera de asumir lo sucedido para recuperar los vínculos familiares rotos.  

La figura paterna ausente

One Night es una tragedia shakesperiana moderna. Tiene un tono fatalista que nos habla de cómo los hijos repiten los errores de sus antepasados y de cómo sus vidas se ven condicionadas por el entorno familiar en qué crecieron. Es un proceso que se repite sin remedio y del que solo se puede salir con el amor de los demás. Aunque no comparto mucho la teoría de justificar actos violentos por haberlos sufrido en carne propia en el pasado, sí que se nos hará comprensible el enorme sufrimiento por el que pasa el personaje de Hiroki. Fue un niño maltratado y lleno de inseguridades que se resaltan a través de su tartamudeo. Ahora, de mayor, tiene irrefrenables ataques de ira al sentir que cada vez se parece más a su padre y que es incapaz de sostener la estabilidad de su propia familia. Su esposa quiere el divorcio y conseguir la custodia de su hijo.

Uno de los temas principales de la película es la paternidad y la conflictiva relación generacional entre padres e hijos. En el cine de Hirokazu Koreeda estas cuestiones se abordan desde el costumbrismo amable, el sentido del humor y el humanismo heredado de Ozu. El director Kazuya Shiraishi es más ecléctico y tiene recursos heredados del cine de género, utilizando un tono más grave y existencialista. Su cine está menos arraigado a los aspectos culturales del Japón más tradicional y probablemente esté mucho más influenciado por el cine occidental. En su tesis sobre la paternidad ausente se añade una subtrama al margen de la familia, la del personaje Michio Doka (Kuranosuke Sasaki). Es un hombre de carácter afable que repudia el beber alcohol y que entra a trabajar en la compañía de taxis familiar. Poco a poco, se desgranará su convulso pasado y la nula relación que tiene con su hijo. En un principio, esta trama parece despegada del resto, pero acaba siendo la que motiva la catarsis final para todos los implicados.

La mártir asesina

One Night es una película tan interesante como emocionalmente densa. Se nos ofrecen distintos puntos de vista a la hora de afrontar el asesinato de un padre, un hecho tan terrible como, en este caso, liberador. Será tarea del espectador intentarlos comprender todos y colocarse en la piel de cada uno de los personajes. Todos ellos imperfectos, complejos, humanos y creíbles. Hay un gran trabajo de escritura empática por parte de Izumi Takahashi en la que trata de comprender las motivaciones, anhelos y carencias de todos ellos. También hay que reconocer que es un acierto el casting escogido. Todo el elenco realiza un gran trabajo interpretativo que saca a relucir la multitud de capas que tienen esos personajes. 

La madre es el catalizador de todas esas emociones. Fue la ruptura en el pasado y quiere ser el pegamento en el presente. Sin embargo, su presencia motiva la proyección de las debilidades que permanecían ocultas en los tres hijos y, también, conlleva el acoso en el negocio de taxis por parte de vecinos que no la reconocen como a una mártir y la tratan como una simple asesina. ¿Todos los delitos de sangre son equiparables? El debate moral está servido en una película que se distancia en sus juicios de valor para limitarse a exponer los hechos remarcables. El tono apesadumbrado y la tristeza infinita de una familia rota sobrevuelan en cada uno de los fotogramas, casi siempre en escenas nocturnas o de interiores. La redención, el perdón y la asunción de nuestros propios errores para salir del agujero, son el eje estructural sobre el que se sustenta el discurso de un drama tan sólido como conceptualmente brillante. Muy recomendable.


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One Night

7.2

Puntuación

7.2/10

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