Crítica de ‘Lady Maiko’: Pigmalión a la japonesa

Las críticas de Daniel Farriol:
Lady Maiko


Lady Maiko
es una comedia musical japonesa escrita y dirigida por Masayuki Suo (Talking the Pictures, The Terminal Trust). La historia gira en torno a una chica de campo que sueña con convertirse en una maiko. Para ello, se presenta en una respetable casa de té que solo cuenta con dos geishas y una maiko casi treintañera e intenta convencerles de que le enseñen. Está protagonizada por Mone Kamishiraishi (LDK: Two Lovers Under One Roof, Chihayafuru Part I), Hiroki Hasegawa (Before We Vanish, Shin Godzilla), Sumiko Fuji, Eriko Watanabe, Gaku Hamada, Ittoku Kishibe, Fumiyo Kohinata y Tomoko Tabata. La película ha podido verse online en España a través del Festival JFF Plus (Japanese Film Festival Plus) el día 7 de Marzo de 2021.

Lo ancestral y lo moderno

Lady Maiko es una divertida, pero intrascendente comedia musical, que toma de punto de partida el mito de Pigmalión. La historia nos muestra a una adolescente crecida en el campo cuando llega a Kioto para convertirse en una maiko (aprendiz de geisha o geiko). En la casa de té que hay en Shimohachiken, aún conservan la vieja tradición de tener al menos una maiko, por eso, Momoharu a sus casi 30 años, sigue sin poder convertirse en geisha. La aparición de la campesina es recibida de inicio con poco entusiasmo. Sin embargo, acabará siendo la única posibilidad de mantener abierto el negocio de la casa de té. A partir de entonces, la chica será educada de manera estricta para conseguir ajustar sus modales y cualidades artísticas a las que debería tener una refinada maiko. Los tres pilares básicos son saber decir hasta la saciedad: “Mil gracias”, “Ruego me disculpe” y “El placer es mío”.

Lo más interesante que tiene la película es poder descubrir desde dentro el fascinante mundo de las maikos. Es una tradición derivada del Japón más tradicional que se encuentra diluida en el pensamiento de las nuevas generaciones. En mucho lugares, ahora se conserva como una simple atracción turística. No se profundiza demasiado en los aspectos sociales, por tratarse de una comedia ligera, pero sí se dejan entrever algunas de las contradicciones de la cultura nipona. Esa conjugación de lo ancestral y lo moderno.

Por ejemplo, la maiko treintañera escribe un blog en internet donde relata sus experiencias. De hecho, uno de los clientes comenta en tono jocoso que ya no hay diferencias entre geishas e idols (jóvenes cantantes y actrices convertidas en celebridades en la era de Instagram). Esa sensación de pérdida de la identidad tradicional contrasta también con el tono crítico que mantiene uno de los personajes secundarios. Manifiesta su odio hacia todo el misticismo que envuelve a las geishas y describe la delgada línea que las separaba en el pasado de las prostitutas de lujo (Oiran).

Un coming of age con acento japonés

Pero son solo breves apuntes que se dejan caer dentro de la historia de crecimiento personal de la protagonista. Lady Maiko puede entenderse como un coming of age típico. A través del aprendizaje de la chica para convertirse en maiko alcanzará la maduración como persona. La joven está interpretada con mucha gracia por Mone Kamishiraishi. Nos encandilará mientras la vemos aprender a cantar, bailar, vestirse o hablar con el distinguido acento de una maiko de Kioto. Durante el proceso, hallaremos escenas divertidas como la dificultad que tiene para levantarse llevando puesto el kimono.

Sin embargo, gran parte del aprendizaje se centra en un aspecto lingüístico de difícil entendimiento para los espectadores occidentales. Escuchar los distintos acentos y las diferencias que hay entre la pronunciación de la gente de determinada región con la del dialecto de Kioto es tan ininteligible para nosotros como supongo será para un japonés escuchar a alguien hablando castellano con acento gallego, andaluz o catalán. Por ahí, se pierden muchas de las bromas y gags.

My Fair Maiko

Lady Maiko es el reverso amable y luminoso de Memorias de una Geisha (Rob Marshall, 2005). También podría considerarse como una nueva versión encubierta de My Fair Lady (George Cukor, 1964). De hecho, tanto las canciones como los números musicales que se incorporan tienen más que ver con el estilo del Hollywood de los años 60 que con el cine musical actual. Las coreografías y el espíritu naïf que desprenden las canciones están más cerca a Sonrisas y Lágrimas (Robert Wise, 1965) que a La La Land (Damien Chazelle, 2016), para que nos entendamos. 

Eso podría tirar para atrás a las nuevas generaciones que, tal vez, encuentren la película un poquito desfasada y fuera de tiempo. Aún así, Lady Maiko es una propuesta bastante entretenida y con una estética muy bonita. La recreación de esos espacios de Kioto está llena de encanto. Pese a una duración excesiva de 135 minutos, puede servir para que te acerques desde una perspectiva lúdica a las tradiciones ancestrales de Japón y al enigmático mundo de las maikos

 


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Lady Maiko

6.7

Puntuación

6.7/10

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