Crítica de ‘La Gomera’: Extravagante, inteligente, divertida e inclasificable

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La Gomera
 

Aunque lo cierto es que el cine rumano nos llega con cuentagotas, hay un puñado de directores cuyas películas consiguen atravesar las fronteras de la distribución internacional gracias, en gran medida, a la repercusión que obtienen en algunos de los festivales cinematográficos más relevantes. Este es el caso de Corneliu Porumboiu, autor de las muy interesantes 12:08, al este de Bucarest o Policía, adjetivo, cuyo quinto largometraje de ficción, La Gomera, se ha estrenado en España este fin de semana tras su buena acogida en el Festival de Cannes de 2019 (qué lejos queda, pero es el último celebrado hasta la fecha).

El título con el que se estrena en España alude a la isla del archipiélago canario donde se desarrolla buena parte de la trama mientras que su título original, The Whistlers, hace referencia a los habitantes de la isla que practican el tradicional silbo gomero, un lenguaje silbado que convierte los fonemas pronunciados en cualquier idioma en silbidos tonales que se transmiten a largas distancias y permiten la comunicación a través de los grandes barrancos naturales que abundan en la isla.

Porumboiu, que es también el autor del guion, elabora una trama a caballo entre el thriller policial, el cine negro clásico, el western y la comedia costumbrista con tintes románticos que, por momentos, flirtea con un absurdo tono humorístico que uno se siente tentado a emparentar con la fácil referencia de Eugene Ionesco, padre del teatro del absurdo y rumano para más señas. Demasiado obvio pero no he podido evitarlo.

El caso es que tras la apariencia de una película sencilla e intrascendente, la trama se va complicando con retorcidos giros en los que (casi) nada es lo que parece y (casi) nadie muestra claramente sus cartas. Cristi, un policía con cara de palo (excelente Vlad Ivanov) investiga una trama de tráfico de drogas mientras es, a su vez, espiado por sus jefes que sospechan que está metido en el ajo. Con el fin de poder comunicarse con sus compinches sin ser escuchado (le han llenado la casa de micrófonos), viaja a la isla de La Gomera con el fin de aprender la técnica del silbo gomero y posteriormente practicarlo en las calles de Bucarest.

No falta una hermosa femme fatale de nombre Gilda interpretada por la bella modelo (y actriz) Catrinel Marlon, un inquietante cabeza de turco (Sabin Tambrea), un tonto útil (Antonio Buil) ni un capo de la droga en el que reconozco (con gran sorpresa) el rostro del director de cine español Agustí Villaronga (ganador del Goya por Pan Negro) y cuya faceta interpretativa desconocía.

Porumboiu dirige con un sobresaliente sentido del ritmo y una impecable realización para la que se apoya en una acertadísima selección de localizaciones y una muy cuidada puesta en escena. Igualmente acertada es la brillante (y heterodoxa) selección de temas musicales que salpican el metraje, desde “The Passenger” de Iggy Pop hasta la “Marcha Radetzky” o el “Danubio Azul” de los Strauss pasando por el “Mackie El Navaja” de Kurt Weill y Bertolt Brecht como solo sabe cantarlo Ute Lemper.

La Gomera se erige como una película enormemente entretenida desde la inusitada extravagancia que le confieren su inteligente mezcla de géneros, un guion enrevesado en su justa medida, un reparto coralmente brillante y la mayúscula dirección de Porumboiu, un tipo que huye de lo convencional pero sin perder la perspectiva de que está haciendo una película y que, como todas, necesita de un público. La Gomera lo tendrá.


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La Gomera

7.5

Puntuación

7.5/10

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