Crítica de ‘Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah)’: Un mousse ligero y empalagoso

Las críticas de Daniel Farriol:
Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah)
 
Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) es una comedia dramática británica dirigida por la debutante Eliza Schroeder, con guion de Jake Brunger. Decidida a cumplir el sueño de su difunta madre de abrir una pastelería en Notting Hill, una joven pide ayuda a la mejor amiga de su madre y su excéntrica abuela. Estas tres generaciones de mujeres deberán apartar sus diferencias para honrar el recuerdo de Sarah. Está protagonizada por Celia Imrie (Malevolent, La cura del bienestar), Shannon Tarbet (Love is blind, Beast), Shelley Conn (Terra Nova, Dead Set: Muerte en Directo), Grace Calder, Bill Paterson, Rupert Penry-Jones, Denise Welch y Lucy Fleming. La película, tras diversos retrasos, se estrenó en cines el día 25 de Septiembre de 2020, llegando a plataformas como Filmin y Rakuten TV el 15 de Enero de 2021 y a Movistar+ el 23 de Enero de 2021.
 

El sueño de la dulce Sarah

Los dulces, pasteles y otras delicias azucaradas siempre han combinado bien con la comedia romántica o las llamadas feel-good movies. Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992), Chocolat (Lasse Hallström, 2000), Deliciosa Martha (Sandra Nettelbeck, 2001), Bon Appétit (David Pinillos, 2010), Una pastelería en Tokio (Naomi Kawase, 2015)… Son algunos pocos ejemplos del cine entre fogones que casi podría considerarse como un género en sí mismo. Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) vuelve a incidir en la premisa y tiene un inicio bastante prometedor, aunque luego cae en demasiados clichés y una evidente falta de ambición narrativa.
 
La película es una comedia, pero empieza como un drama. Sarah es una gran cocinera que junto a su mejor amiga ha decidido abrir un negocio de repostería en un pequeño local que hay que reformar. Mientras se dirige hacia allí en bicicleta sufre un accidente mortal (la tragedia ocurre fuera de nuestro campo visual). El empeño de su hija por honrar la memoria de la fallecida le lleva a convencer a su abuela y a la amiga de su madre para entre las tres llevar a cabo el sueño de abrir esa pastelería. Tanto la situación inicial como la presentación de personajes principales está conducida con elegancia, planteándose unos conflictos generacionales que despiertan nuestro interés.


Cuando el soufflé baja en el horno

Por desgracia, el estudio de esos personajes femeninos acaba siendo un mero esbozo inconsistente que deriva hacia la comedia romántica más ramplona. De ahí el título que tiene la película en castellano y que toma como referencia poco sutil el de una exitosa película de ese género conocida por todos. El tono azucarado de Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) lo acaba impregnando todo. Desde la delicada fotografía de Aaron Reid (Brotherhood, 10×10) que utiliza tonos pastel (nunca mejor dicho) y una luminosidad casi de cuento de hadas, hasta la estupenda banda sonora compuesta por Enis Rotthoff (Guns Akimbo, Lassie) que apuesta por melodías de cuerda y de corte clásico para potenciar el sabor dulzón del conjunto.
 
El error llega con la introducción de los personajes masculinos como intereses románticos para dos de las tres féminas. Eso coarta la evolución psicológica y los conflictos existentes entre ellas que terminan por diluirse como un azucarillo en un café. Como ejemplo tenemos la razón que había distanciado a la madre de su hija hasta el punto de dejarse hablar y cuya explicación resulta bastante pobre. Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) deriva entonces hacia una aburrida concatenación de escenas centradas en dos relaciones insípidas y carentes de cualquier emoción dramática. Y eso que hay ideas de la puesta en escena que me gustan mucho como que nunca veamos el rostro nítido de Sarah en sus pocas apariciones. Hay un plano bellísimo en que vemos su reflejo en el cristal del aparador de la pastelería contemplando a las tres mujeres que han hecho realidad su sueño. Hubiera sido el plano final perfecto, pero Eliza Schroeder decide añadir un par de epílogos innecesarios después.


Lo demasiado dulce empalaga

El personaje más interesante acaba siendo el que parecía destinado a un rol más secundario, el de la hija. Sirve como enlace para conectar al resto de personajes y además es una mujer que tiene su recorrido vital sin necesitar de una relación amorosa para hacerlo funcionar. Es una lástima que no se indague más en el proceso del duelo o en sus incertidumbres, la decisión de dejar la danza o la necesidad de conocer la identidad de su padre. Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) opta por un humor de corte alcance y un tono amable que no arriesga en el tiempo de su horneado, ni demasiado crudo ni demasiado hecho. Es como si se quisiese contentar a todos los públicos sin espacio alguno para la sorpresa. Si la película se sostiene hasta el final es gracias al buen hacer del trío de actrices formado por Celia Imrie, Shannon Tarbet y Shelley Conn. Hay una buena química entre ellas.
 
Una pastelería en Notting Hill (Love Sarah) es como un bonito postre de chocolate y frambuesa, glaseado en exceso y con un relleno de bizcocho desaborido. Te entra por los ojos y no puedes resistirte a hincarle el diente, pero luego decepciona y se hace bola. Si te gusta lo dulce y ligero en el cine, puede que la saborees con placer hasta subir los índices de glucosa en tu sangre. Si prefieres el picante o salado que ofrecen las películas diferentes o más arriesgadas, su sabor te dejará bastante indiferente.
 

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Una pastelería en Notting Hill

5.8

Puntuación

5.8/10

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