65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica del segundo programa de cortometrajes

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 65 SEMINCI: 
Segundo programa de cortometrajes Free Cinema
 

Los tres cortometrajes y el mediometraje que conforman esta segunda sesión programada por la SEMINCI sobre los inicios del Free Cinema son los mismos que entre el 25 y el 29 de mayo de 1957 se exhibieron en el National Film Theatre bajo el genérico título de “Free Cinema 3”. El programa “Free Cinema 2” se proyectó en septiembre de 1956 e incluía la obra de realizadores foráneos: On the Bowery del estadounidense Lionel Rogosin, Neighbours del escocés-canadiense Norman McLaren y La sangre de las bestias del francés Georges Franju.

Habría otros tres programas Free Cinema también auspiciados por el British Film Institute: el “Free Cinema 4” que mostró el cine de directores de Europa del Este, el “Free Cinema 5” dedicado a los autores franceses de la Nouvelle Vague y el “Free Cinema 6” que, nuevamente, estuvo dedicado a producciones británicas y del que formaba parte Food for a Blluuusssshhhhh del que hablamos en la crónica del primer grupo de cortometrajes programado por la SEMINCI en esta 65ª edición.

“Free Cinema 3” fue presentado también con un manifiesto firmado por sus integrantes que comenzaba diciendo:

Este programa no se presenta ante vosotros como un logro, sino como una aspiración. Os pedimos que no lo contempléis como críticos, ni como una diversión, sino que lo veáis en relación directa con un cine británico obstinadamente clasista que aún rechaza el estímulo de la vida contemporánea, así como la responsabilidad de ejercer la crítica; que todavía se empeña en reflejar una cultura metropolitana del sur de Inglaterra que excluye la rica diversidad de las tradiciones y personalidades que constituyen Gran Bretaña en su conjunto.  

 

The Singing Street (Nigel McIsaac, James T. Ritchie y Raymond Townsend, 1956)

Los quince minutos que viene a durar The Singing Street componen una suerte de rudimentario musical a través de la sucesión de secuencias de grupos de niñas y grupos de niños (por separado) jugando por las calles de Edimburgo mientras cantan canciones infantiles. Este documental fue realizado, de modo absolutamente amateur por tres profesores de la Norton Park School de la capital escocesa con la intención de preservar la tradición oral de determinadas canciones que, de otro modo, corrían riesgo de perderse.

Esta iniciativa tan personal de un grupo de profesores sirve también para ilustrar los diferentes juegos en la calle antes del advenimiento generalizado de la televisión como medio de entretenimiento de masas y, no digamos ya, en las décadas posteriores, de consolas de videojuegos, tablets, móviles y demás artilugios que hacen que ver a un grupo de niños jugando en la calle a la rayuela, el escondite, la comba, el diábolo o las canicas sea tan improbable como avistar un lince ibérico en un bosque mediterráneo.

Aunque las imágenes fueron grabadas por separado de las canciones y luego ambas pistas, imagen y sonido, fusionadas durante la edición, el resultado resulta francamente agradable. Es de agradecer también la ausencia de una voz en off aleccionadora explicando el propósito del film. Las imágenes y las canciones hablan por sí mismas.

Wakefield Express (Lindsay Anderson, 1952)

Wakefield Express fue un encargo que Lindsay Anderson recibió para hacer un documental conmemorativo sobre el centenario del periódico homónimo, un diario de ámbito regional; aunque el propósito inicial era mostrar el proceso de impresión del mismo, Anderson decidió apartarse un poco del mismo y utilizar la cámara para ser testigo de una clase de periodismo pegada a la vida cotidiana de la gente que, si por aquel entonces era ya minoritaria, hoy, en pleno siglo XXI está en vías de extinción.

El inicio del cortometraje nos muestra a un reportero local transitando las calles para hablar con la gente de a pie que le proporcionaba información sobre sucesos cotidianos que eran lo que, al fin y al cabo, interesaba a muchos de los lectores. Es decir, algo como hacer una incursión por twitter pero sin trolls, llorones ni propagandistas sectarios.

Anderson recorre los eventos deportivos locales, las fiestas municipales, la inauguración de un monumento conmemorativo a los caídos en la Primera Guerra Mundial o las clases de canto al aire libre de un grupo de niños. En todos estos acontecimientos posa su cámara sobre el rostro de la gente, personas comunes con vidas comunes, muy alejadas de los protagonistas de la crónica social de la capital londinense o de la actualidad política que, a buen seguro, ocupaban los titulares de los grandes diarios nacionales o de la BBC.

Durante los últimos diez minutos, Anderson se ciñe más fielmente a su encargo y se ocupa de mostrar el trabajo de redactores, linotipistas, correctores, fotógrafos y diferentes operarios de todo el proceso de creación del periódico desde la noticia misma hasta que llega a los hogares de los lectores.

Mayoritariamente narrado por una voz en off que va describiendo y comentando las imágenes y a ritmo del sonido de teclas mecanografiando como transición entre los diferentes segmentos del documental, la banda de sonido es independiente de las imágenes salvo en contadas ocasiones donde una tosca sincronización nos permite escuchar, por ejemplo, a las niñas cantando. Con mucho mayor interés como estudio etnográfico que como documento cinematográfico, Wakefield Express es, en conjunto, un atractivo cortometraje documental al que el paso del tiempo ha conferido el rango de pieza de archivo.  

Nice Time (Claude Goretta y Alain Tanner, 1957)

Es curioso que las carreras de los dos directores suizos más conocidos del siglo XX comenzaran vinculadas a los aires de renovación del cine británico. Siendo veinteañeros, ambos se encontraban en Londres a mediados de los 50 trabajando en el BFI (British Film Institute) donde tomaron contacto con Lindsay Anderson y otros miembros del Free Cinema cuyo éxito los animó a probar fortuna realizando su propio cortometraje.

Nice Time es un documental sobre la diversión urbana a través de la crónica de una tarde-noche de sábado londinense en Piccadilly Circus y sus calles adyacentes, Tanner y Goretta colocan la cámara a pie de calle para filmar los rostros de la gente que busca entretenimiento en los cines, teatros, casetas de feria, casas de apuestas o, incluso, salones eróticos que se anuncian con fotografías de mujeres desnudas. Todo ello bajo la atenta mirada de la estatua de Eros presidiendo la bulliciosa plaza de Picadilly.

Como todos estos cortometrajes primigenios del Free Cinema, las imágenes y el sonido eran obtenidas por separado y luego unidos en la sala de edición. Goretta y Tanner hacen un curioso tratamiento de la banda sonora incluyendo canciones, ruidos de la calle, y extractos de diálogos de películas de Hollywood que estaban siendo proyectadas en los cines del West End. Resulta muy difícil no advertir la influencia de O Dreamland de Lindsay Anderson en el modo en el que la pareja de directores suizos encara los rostros de la gente y su búsqueda de evasión, sin embargo, el cambio de localización ofrece también un cambio en el catálogo de personas, situadas en una clase media más acomodada que las de las clases más populares que, con mucha menos alegría, buscaban evasión en el cortometraje de Anderson.

Every Day Except Christmas (Lindsay Anderson, 1957)

Estamos, sin duda alguna, ante el cortometraje (mediometraje, en realidad) de mejor factura técnica de todo el Free Cinema; filmado en 35 mm, con más y mejores medios técnicos que sus predecesores y con una meritoria sincronización del sonido de diálogos con sus correspondientes imágenes en algunas breves secuencias, Every Day Except Christmas es un exhaustivo documental sobre todo el proceso de carga de mercancías, transporte, descarga, colocación y venta en el mítico mercado londinense del Covent Garden. Su director, Lindsay Anderson, hace que sirva además de homenaje a todos esos trabajadores anónimos que acercaban, desde sus lugares de origen, todo tipo de flores, frutas y vegetales hasta la capital de Inglaterra.

A pesar de las breves secuencias citadas en las que podemos oír la voz de sus protagonistas, la mayor parte del documental está narrado mediante una voz en off que con tono didáctico acompaña las imágenes de los trabajadores que a medianoche terminan de cargar sus camiones con las mercancías y desde diferentes partes del país emprenden la marcha durante toda la madrugada para llegar, antes del amanecer, a tiempo para descargar en el mercado.

El resultado final es un trabajo paradigmático del Free Cinema que conjuga el acercamiento a las vidas cotidianas de las clases trabajadoras con una filmación “libre” a la hora de planificar las secuencias y concebir la narración. Every Day Except Christmas obtuvo el Gran Premio del Festival de Venecia y, curiosamente, fue el último documental de Lindsay Anderson antes de pasarse a los largometrajes de ficción con El ingenuo salvaje.


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