65 SEMINCI. Ciclo Free Cinema. Crítica de ‘Sábado noche, domingo mañana’ (Karel Reisz, 1960)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 65 SEMINCI: 
Sábado noche, domingo mañana
 

A pesar de su nacimiento en la antigua Checoslovaquia, Karel Reisz es, a todos los efectos, un director británico y uno de los principales fundadores del movimiento Free Cinema. Su debut en el cine fue con el cortometraje Momma Don’t Allow, codirigido junto a Tony Richardson que fue incluido en la primera exhibición de Free cinema en el National Film Theatre en febrero de 1956. Tras el documental We are the Lambeth Boys  en el que se ocupaba de la vida de un grupo de muchachos trabajadores de la periferia de Londres siguiendo a pies juntillas los principios estéticos e ideológicos del movimiento que nos ocupa, Reisz se embarcó en su primer largometraje de ficción para el que contó con la producción de su amigo Tony Richardson a través de la Woodfall Film Productions.

Para esta primera película, Reisz recurrió a la primera novela de Allan Sillitoe, otro de los escritores “jóvenes airados” al que, como a la mayoría de los miembros del movimiento literario, nunca le gustó la etiqueta. La novela llevaba por título “Saturday Night and Sunday Morning” y había sido publicada apenas dos años antes, en 1958. El propio Sillitoe se encargó de adaptar su novela escribiendo un guion en el que redujo personajes y situaciones para simplificar la trama literaria haciéndola más cinematográfica.

El personaje principal, Arthur Seaton (Albert Finney) es un “joven airado” de manual emparentado ideológica, social y generacionalmente con el Jimmy Porter (Richard Burton) de Mirando hacia atrás con ira o el Colin Smith (Tom Courtenay) de La soledad del corredor de fondo por poner sólo dos ejemplos. De hecho, Albert Finney encarna la ira del joven cabreado con el mundo que ha descartado de su comportamiento cualquier código ético que le ponga cortapisas a su máxima de disfrutar lo máximo posible de la vida mientras pueda. “Solo pienso en mí” llegará a decir en un momento en que es cuestionado sobre la moralidad de sus actos. Cuestiona la vida de (la generación de) sus padres que se han conformado con un estatus que les permite tener televisor y cigarrillos como paradigma de bienestar para, a continuación, disculparlos al constatar que en realidad les han organizado la vida manipulándolos como a un rebaño de ovejas.

Trabaja en una fábrica durante la semana y vive su trabajo como el máximo exponente de su esclavitud. Como en otras películas del Free Cinema, se denuncian las condiciones laborales a las que es sometida la clase trabajadora, dejando claro que es la nueva generación (la de los Seaton, Porter o Smith citados) la que se rebela a esas condiciones con ira mientras ven en cualquier otro lugar del mundo (aquí se cita Australia) más oportunidades de futuro que en la Inglaterra de los sesenta.

Pero ni Sillitoe ni Reisz se quedan en la denuncia de las condiciones laborales o el pesimismo ante el futuro de toda una generación. Otros temas que sustanciaron el corpus temático del Free Cinema están presentes en Sábado noche, domingo mañana, así las relaciones adúlteras, los embarazos no deseados, el aborto o el incipiente feminismo se materializan a través de una trama en la que el personaje protagonista magistralmente interpretado por el joven Finney juega con las vidas y los sentimientos de dos mujeres, Brenda (Rachel Roberts), una mujer casada (para más señas con un compañero de trabajo) y la más joven e inocente Doreen (Shirley Anne Field) a la que muestra una cara aparentemente más amable.

Tampoco faltan algunas de las obsesiones del grupo de cineastas libres como la imprescindible secuencia filmada en una feria con los personajes divirtiéndose en atracciones o participando en juegos de azar en casetas, las habituales escenas en clubs donde la clase trabajadora es retratada divirtiéndose bebiendo sin control mientras escuchan música en vivo o la constatación del cine como el principal medio de diversión ante una televisión incipiente que empieza a asomarse solo en algunos hogares más acomodados.

Sábado noche, domingo mañana es un largometraje excepcional que obtuvo tres premios BAFTA en 1961, los correspondientes a mejor película británica, mejor actriz británica (Rachel Roberts) y el BAFTA a la mejor promesa para un Albert Finney en su primer papel protagonista tras haber debutado en el cine, apenas unos meses antes, con su papel en El animador de Tony Richardson.


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