Crítica de ‘El jardín secreto’: Innecesaria nueva versión del clásico infantil de Frances Hodgson Burnett

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El jardín secreto
 

Acostumbrados como estamos a la falta de originalidad en materia de estrenos cinematográficos, a menudo llamamos remake a lo que en realidad no lo es, las sucesivas adaptaciones cinematográficas de Hamlet, por poner un ejemplo, no son más que eso, nuevas adaptaciones que cineastas convencidos de poder aportar alguna innovación o mejora a las versiones filmadas hasta la fecha se ponen manos a la obra.

Tal es el caso de la película que nos ocupa, una nueva versión de El jardín secreto, la novela de Frances Hodgson Burnett publicada en 1911 de la cual existen al menos tres precedentes. La primera es el mediometraje mudo de que realizó Gustav von Seyffertitz en 1919, tan sólo ocho años después de la publicación del libro. Treinta años más tarde, Fred M. Wilcox filmó una nueva versión con Margaret O´Brien en el papel de la protagonista Mary Lennox y, en 1993, Agnieszka Holland filmó la que todo hacía pensar que sería la versión definitiva, una excelente película con la joven Kate Maberly como protagonista, John Lynch en el papel de su atormentado tío y la gran Maggie Smith interpretando al ama de llaves, la Sra. Medlock. La inolvidable banda sonora de  Zbigniew Preisner (compositor de cabecera de Kieslowski) y la maravillosa fotografía de Roger Deakins y Jerzy Zielinski completaban un largometraje emocionante que, como me temía, está a años luz de esta nueva y desvaída propuesta que Marc Munden acaba de estrenar.

Munden, de la mano de su guionista Jack Thorne, traslada temporalmente la acción varias décadas más adelante hasta 1947, justo antes de la Partición de la India y Pakistán y presenta a la consentida y malcriada niña Mary Lennox (Dixie Egerickx) en un ambiente de enfermedad y desolación que, tras la muerte de sus padres víctimas de una epidemia de cólera, la llevará a viajar a Inglaterra para vivir con su único familiar conocido, su solitario tío político Archibal Craven (Colin Firth) que vive en su mansión, atormentado por el recuerdo de su fallecida esposa y la enfermedad de su único hijo Colin (Edan Hayhurst) bajo el férreo gobierno del ama de llaves interpretada por Julie Walters.

La película tarda muchísimo en empezar, un arranque tedioso salpicado por ensoñaciones y flashbacks ocupa casi el primer tercio del film durante el cual Marc Munden parece mucho más preocupado de dejar su huella autoral que de hacer que las imágenes fluyan con naturalidad. Las decisiones sobre dónde colocar la cámara y cómo moverla están más sometidas al lucimiento del director que al beneficio de la narración y eso, después de una hora, termina por resultar estomagante. Munden abusa de los planos cortos y de los encuadres caprichosos y fía la dirección actoral al buen hacer de los intérpretes lo cual, no en todos los casos sale bien. Julie Walters, que es una excelente actriz, tiene la difícil papeleta de medirse con Maggie Smith como referente en la versión de Holland y compone una Sra Medlock un tanto envarada con pocos matices. Colin Firth, que es un incuestionable buen actor cuando está dirigido, hace aquí uno de los más olvidables trabajos que le recuerdo con una interpretación a caballo entre la Bestia, Mr. Hyde y el Jorobado de Notre-Dame. Con rostro de estar permanentemente estreñido, no transmite ninguno de los estados de ánimo por los que atraviesa y únicamente al final parece demostrar algo de vida.

Nada que objetar sin embargo a las interpretaciones de los niños, tanto Dixie Egericks como Edan Hayhurst y Amir Wilson (que da vida a Dickon, el tercer personaje infantil que descubre el jardín) están francamente bien y parecen haber entendido sus personajes mucho mejor que los intérpretes adultos.

La eficaz banda sonora, de la cual se sirve Munden para acentuar las emociones que no es capaz de conseguir con las imágenes, corre a cargo de Dario Marianelli y la fotografía, plagada de efectos visuales, recae sobre Lol Crowley.

Después de todo lo dicho, parece inevitable preguntarse el porqué de esta nueva adaptación de El jardín secreto, lamentablemente la respuesta es la misma que explica porqué se están haciendo nuevas versiones de muchas películas o porqué la mismísima Disney está haciendo versiones de acción real de sus clásicos de dibujos animados y no es otra que la posibilidad de utilizar la animación digital para conseguir imágenes espectaculares. Pues incluso en esto la película pincha en hueso; hace veintisiete años, Deakins y Zielinski demostraron que se podía filmar a un petirrojo y hacerle partícipe de la historia sin necesidad de crearlo digitalmente, que se podía fotografiar la belleza de la naturaleza y la grandiosidad cromática de los cambios de estaciones con los instrumentos de la fotografía y no con los de la informática. Fallida por tanto esta nueva versión que, sin embargo, podría servir para acercar a las nuevas generaciones a la literatura de Frances Hodgson Burnett. Ojalá sea así.


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