Crítica de ‘Parking’: Poesía, inmigración y coches de segunda mano

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Parking
 

Para su cuarto largometraje, el director rumano Tudor Giurgiu ha viajado a España para filmar (en coproducción con su país y la República Checa) una película que, a efectos de distribución y presentación a festivales o premios, puede considerarse española. Filmada en España y con intérpretes españoles en tres de sus principales papeles, Parking pretende erigirse como una poética parábola sobre el desarraigo de los inmigrantes y deviene en una mezcla de drama insustancial con thriller chapucero.

Con un guion coescrito por el propio Giurgiu y Marin Malaicu-Hondrari, autor de ‘Cercanías’, novela autobiográfica en la que se basa (tangencialmente) la película, Parking desaprovecha todo el potencial de partida precisamente por las carencias del libreto que, en la disyuntiva de hacer una película poética y más arriesgada o un film de situación convencional, opta por este último camino. El problema es que la película convencional en la que se convierte ya nos la han contado, y mejor, muchas veces.

Parking, que fue presentada en la sección Spanish Cinema de la SEMINCI de Valladolid de 2019, arranca de manera notable con la presentación del personaje protagonista, Adrián (Mihai Smarandache), un poeta rumano que ha venido a España por razones que el guion no se esfuerza mucho en aclarar, y vive en una autocaravana aparcada en un destartalado concesionario de coches de segunda mano regentado por uno de esos tipos embaucadores, capaces de venderle hielo a un esquimal, al que da vida Luis Bermejo. Adrián, que (se supone) hace funciones de vigilante, recibe a cambio un sueldo miserable que a él parece bastarle y, de vez en cuando, hace recados de dudoso pelaje para su siniestro jefe.

La narración sigue interesante cuando aparecen en escena las dos intérpretes femeninas que son, sin duda alguna, lo más destacable de una película por lo demás lánguida y anodina. Belén Cuesta sigue despegándose de la etiqueta de “chica graciosa” que le colocaron sus primeros papeles y vuelve a demostrar (como en La trinchera infinita) que es una actriz de mucho más registro y recorrido a nada que los directores apuesten por ella. Su personaje, instrumentista en un grupo musical, es una chica de oscuro pasado y transparentes carencias afectivas que se encuentra con Adrián, otro corazón solitario, de una forma un tanto precipitada.

En cuanto a Ariadna Gil, puede decirse que saca auténtico petróleo de un personaje apenas abocetado en el guion, poco o nada sabemos de su vida y de porqué está con un tipo tan mediocre como el que interpreta Bermejo, pero despliega con madurez la desbordante naturalidad con la que se dio a conocer como actriz en sus primeros papeles.

El problema es que tras la presentación de los personajes, la exposición de los vínculos entre ellos y algún apunte literario en forma de poema leído por Belén Cuesta, el ingrediente poético se diluye como un azucarillo presa de la cotidianidad del relato. El ritmo cae estrepitosamente, la narración se torna plomiza y todo lo que ocurre es tan previsible como torpemente filmado a pesar de algunos planos efectistas que, incuestionablemente, visten mucho en un tráiler. Especialmente sonrojantes son las secuencias finales que dan conclusión al film con un altercado de violencia en el que Giurgiu no acierta ni a colocar la cámara ni a medir los tiempos de la acción. El más que notable trabajo interpretativo de los cuatro personajes protagonistas no es suficiente para rescatar un film que caerá en el olvido demasiado pronto.


Nota: Parking se estrena en la plataforma Filmin el 15 de mayo de 2020 


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