10 D’A FILM FESTIVAL. Crítica de ‘Roubaix, une lumière’: Desplechin regresa a sus orígenes

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 10 D’A FILM FESTIVAL: 
Roubaix, une lumière
 

Cuando el cine francés aborda historias contemporáneas suele tratar de ofrecer al espectador lo mejor de sí mismo como país, la mayoría de las películas se localizan en París, la Costa Azul, Normandía, Bretaña o La Provenza. No son frecuentes los films localizados en el Norte del país o, al menos, no alcanzan la distribución internacional con la suficiente facilidad como para ser reseñables. Hace ya más de una década que Dany Boon alcanzó un éxito con pocos precedentes con la tronchante comedia Bienvenidos al Norte que explotaba ciertos tópicos (por lo que he podido saber, no todos ciertos) sobre el habla y el carácter de las gentes de la región de Paso de Calais.

Podríamos decir que en la antítesis de aquella divertida película se sitúa el veterano director Arnaud Desplechin que viaja a su ciudad natal, Roubaix, para ofrecernos un film duro y descarnado en Roubaix, une lumière. El film, que fue presentado en la pasada edición del Festival de Cannes y puede ser visto durante estos días en el D’A Film Festival gracias a la plataforma Filmin, comienza con una introducción en la que la voz en off de uno de sus protagonistas ilustra al espectador del pasado glorioso de una ciudad venida a menos que, en la actualidad, tiene el mayor nivel de pobreza de toda Francia con la mitad de la población procedente de países de fuera de la UE y más de un tercio viviendo de las ayudas sociales debido a unas insoportables cifras de desempleo.

Roubaix, une lumière arranca como un film policiaco en la tradición del polar francés (a pesar del color de su fotografía) y, por momentos, recuerda incluso a algunos referentes televisivos (The Wire sería el principal) con el trabajo de diferentes agentes con métodos poco ortodoxos, confidentes, continuo ir y venir de sospechosos por la comisaría y varios casos que se acumulan en la mesa del jefe de policía Daoud (Roschdy Zem). Durante esta primera hora de metraje asistimos a varias líneas argumentales que parecen abrirse pero que, lamentablemente, se quedan deshilachadas cuando Desplechin decide cambiar las reglas del juego y contarnos otra película diferente.

La segunda mitad del largometraje consiste en la metódica (aunque nuevamente sea poco ortodoxa) resolución de un crimen concreto, el asesinato de una anciana a la que al parecer han robado y estrangulado salvajemente. Las dos principales sospechosas son Claude (Léa Seydoux) y Marie (Sara Forestier), amantes, al parecer, y vecinas de la víctima. El jefe Daoud y un comisario recién llegado (Antoine Reinartz) toman el mando de la investigación y ponen a todo su equipo a interpretar los papeles de poli bueno y poli malo (o poli malo y poli peor) para tratar de esclarecer el caso.

Aunque Desplechin mantiene un buen ritmo y la película se ve con interés, uno no puede evitar la sensación de que le han dado el cambiazo, de que ha perdido la oportunidad de asistir a una película mayor y de que si lo que el director pretendía era hacer un retrato de su ciudad y poner la llaga en los problemas de marginalidad y delincuencia que la asolan, ha perdido la oportunidad al diluir su película en un film de género corriente y moliente. La película se desarrolla en Roubaix como podría hacerlo en Lyon, Marsella o cualquiera de los suburbios de París.

Tampoco los personajes están los suficientemente dibujados como para que uno llegue a empatizar con ellos y ni Léa Seydoux ni Sara Forestier, magníficas actrices por otra parte, podrán contar estos personajes entre los mejores de sus carreras. Únicamente el personaje del jefe Daoud, auténtica razón de ser de la película, sirve a Roschdy Zem para hacer una sobresaliente interpretación que hace unos meses le sirvió para alzarse con el César al mejor actor del año.

 


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5.5

Puntuación

5.5/10

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