10 D’A FILM FESTIVAL. Crítica de ‘Habitación 212’: De amores perdidos y encontrados

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 10 D’A FILM FESTIVAL: 
Habitación 212
 

A veces no resulta fácil explicar por qué algunos matrimonios siguen en pie a pesar de que parece no quedar nada de lo que un día, en forma de amor o de deseo, hizo comenzar la relación. Imagino que existen para ello resortes como acomodarse a ciertas rutinas, conformarse con el cobijo de una compañía que no resulte molesta, aprender a mirar para otro lado cuando no quiera verse lo desagradable o la pereza ante los farragosos trámites de un divorcio. En el caso de una pareja con hijos pequeños es más fácil de entender, pero no es el caso de María (Chiara Mastroianni) y Richard (Benjamin Biolay), cuarentones avanzados sin hijos, cuya convivencia zozobra el día que él descubre accidentalmente la infidelidad de su mujer a través de ¿cómo no? el teléfono móvil.

Christophe Honoré se sirve de un curioso y a ratos divertido dispositivo fílmico para poner a ambos personajes en un cuestionamiento personal de sus sentimientos y sus acciones. Tras un brevísimo y civilizado intercambio de reproches que no puede ser calificado de discusión, María abandona el hogar para pasar la noche en una habitación de hotel, justo enfrente de su casa, desde cuya ventana puede ver a su atribulado e insomne marido.

Pero no será eso lo único que la protagonista verá a lo largo de esa única noche en la que transcurre el film. A través de un juguetón guion y un deliberadamente caprichoso montaje, Honoré diluye la realidad con los recuerdos, las imaginaciones o los sueños para que María repase su vida, sus amantes y ponga en solfa su vida actual.

También Richard, desdoblado en tres versiones de sí mismo pasará la noche en vela para tratar de encontrar el momento en el que se convirtió en un hombre gris y desangelado. El joven Vincent Lacoste (Hipócrates) da vida a la versión joven de este Richard onírico y Camille Cottin en el papel de su amor platónico completan el reparto de esta Habitación 212 llena de miradas al pasado, ajustes de cuentas, reflexiones existenciales, diálogos mordaces y una melancólica evocación a los amores que pudieron ser y no fueron. El conjunto funciona gracias a su puesta en escena desenfadada que en ocasiones coquetea con el vodevil, a un guion ágil y dinámico y a unos intérpretes que en todo momento se creen y asumen las reglas del juego propuestas por su guionista y director.

Destaca sobre todos ellos una fantástica Chiara Mastroianni que cada vez recuerda más a su padre, el gran Marcello, tanto en el incuestionable parecido físico como en algunos recursos interpretativos muy evocadores. Su trabajo le valió el premio de interpretación en la sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes y la nominación al César a la mejor actriz.

Las canciones de Charles Aznavour (cuya presencia también sobrevuela el guion), el piano de Domenico Scarlatti y algunos temas musicales como el “Could it be magic” de Barry Manilow contribuyen, junto a la cálida fotografía de Rémy Chevrin, a completar la concepción estética de un film que conjuga eficazmente la hondura de su planteamiento argumental con la amenidad en su desarrollo.   


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7.5/10

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