Crítica de ‘Frozen II’: “Mucho menos allá” de las expectativas generadas por su primera parte

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Frozen II 
 
Ni el más ingenuo de los espectadores ignora que las posibilidades de que se realice y se estrene una segunda parte dependen capitalmente del éxito en taquilla (y derivados) de la primera. En 2013, Disney estrenó Frozen, el Reino del Hielo, su mejor película en muchos años y un auténtico bombazo que se convirtió en la película animada más taquillera de la historia, lugar que ocupó durante seis años hasta que hace apenas unos meses fue desplazada por la secuela de “acción real” de El Rey León. Si además de sus espectaculares ingresos en taquilla, sumamos la venta de DVDs y Blurays, los beneficios de su explotación en televisión, todo el merchandising incluyendo juguetes, ropas y disfraces y el sensacional rendimiento que los personajes dan en los parques de atracciones, tenemos una auténtica mina de oro ante la cual la factoría Disney no iba a desaprovechar la oportunidad de seguir haciendo caja.
 
Y miren, aunque el párrafo que antecede pueda sonar a desdén, no lo es, me parece dificilísimo conseguir un éxito así, y si no, que se lo pregunten a las competidoras de Disney-Pixar que, año tras año, fracasan en el intento de conseguir algo parecido a pesar del razonable éxito de algunas sagas como Gru o Mascotas. Lo que ocurre es que los señores de Disney-Pixar nos habían acostumbrado mal, a mí ya se me había olvidado la frasecita “segundas partes nunca fueron buenas” a fuerza de ver secuelas fantásticas como las de Los Increíbles, Rompe Ralph y, especialmente, Toy Story en la qué si la segunda es mejor que la primera, la tercera fue una descomunal obra maestra. Si a esto sumamos que Frozen, además de un gran éxito, era una película realmente muy buena, las expectativas ante su segunda parte eran inmensas.
 
Y el problema es que Frozen II, sin ser ni mucho menos un fiasco, se queda a una distancia abismal de su predecesora. Lo que en aquella resultaba encantador de un modo natural, aquí resulta encantadoramente forzado. Mientras Frozen adaptaba (con las pertinentes y consabidas libertades) el cuento clásico de “La reina de las nieves” de Hans Christian Andersen, aquí estamos ante un guion original escrito por Jennifer Lee (codirectora junto a Chris Buck) en el que todo suena a estudiadamente calculado para cumplir con muchos de los principios de la corrección política dictada por los tiempos (crítica a los poderosos, discurso ecologista, inclusión racial, respeto a las culturas indígenas) y al mismo tiempo barnizar el argumento de una complejidad que no necesita (la importancia de reconciliarse con el pasado o los cambios experimentados en la personalidad como consecuencia de la madurez).
 
Esto, que en principio podría resultar un acierto otorgando una carga de profundidad al argumento, termina por volverse en contra del film. Los personajes siguen teniendo encanto, seguimos admirando a Elsa, queriendo a Ana, empatizando con Kristoff y riéndonos con Olaf por más que su verborrea resulte, a veces, un poco cargante. Pero las cosas que les ocurren a estos personajes ya no discurren del modo fluido y espontáneo en el que lo hacían en la primera parte. El ensimismamiento de un guion que se toma demasiado en serio a sí mismo resta complejidad a los personajes que de repente se vuelven unidimensionales, Olaf es el referente cómico, Kristoff el romántico, Ana el aventurero y Elsa el trascendente, los momentos en que los personajes se apartan de este rol principal, los vínculos entre ellos se tambalean y la película se resiente.
 
Más o menos lo mismo puede decirse del apartado musical, las canciones compuestas por el matrimonio Robert López y Kristen Anderson-López para Frozen II no tienen ni la fuerza ni el ensueño de las que ellos mismos compusieron para su antecesora, y no me refiero únicamente a la célebre y oscarizada “Suéltalo” (Let it go) sino a otros temas muy brillantes como “Hazme un muñeco de nieve”, “Por primera vez en años” o “Renos mejor que personas” que salpicaban el metraje de Frozen. Aquí, la canción estelar se supone que es “Mucho más allá” y suena demasiado pronto aunque luego sea repetida en los títulos de crédito, gorgoritos de Bisbal mediante, en la versión española. Tanto esta canción como “Muéstrate” tienen una puesta en escena muy eurovisiva y más que fragmentos de película parecen videoclips metidos con calzador.
 
Que la historia es emotiva no se discute, que los personajes mantienen su encanto ya lo he dicho, que hay momentos muy divertidos también y que el conjunto es más que digno no pienso ponerlo en cuestión. El problema es ¡ay! el exceso de expectativas. Y aunque habitualmente suelo decir que cuando un espectador ve sus expectativas defraudadas suele ser más culpa suya que de los que hacen la película, en casos como este en el que el bombardeo mediático es tan apabullante, algo (o mucho) de culpa tiene la productora que lleva seis años alimentándolas.


¿Qué te ha parecido la película?

6

Puntuación

6.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: