Crítica de ‘Carnival Row’: Un collage que intenta emular la fórmula de ‘Juego de Tronos’

Nos quedan años de ver series que vendrán y se irán, intentando alcanzar el éxito y copiar la fórmula de Juego de Tronos; años en los que veremos hadas, duendes y dragones por encima de nuestras posibilidades. Es cierto que Amazon ya tiene un tiro casi seguro con su serie sobre la Segunda Edad de la Tierra Media en el universo de El Señor de los Anillos, pero parece que antes quiere probar con productos originales más allá de las adaptaciones, como es el caso de Carnival Row

La serie, que en 2005 llegó a entrar en la famosa “lista negra” (esa que guarda los guiones que parecen destinados a no ver nunca la luz), ha encontrado una oportunidad en 2019. Esto se debe, probablemente, a los paralelismos que la historia tiene con la actual situación de los refugiados en Estados Unidos. La producción y la mano en el guion de Guillermo del Toro creaba unas expectativas muy altas.  Sin embargo, la serie parece querer contar más de lo que consigue. Con un envoltorio propio de un episodio de la decadente etapa de Moffat en Doctor Who, nos encontramos esta ficción llena de seres mitológicos, en una especie de Inglaterra victoriana, en la que se bombardea al espectador con ingredientes salteados que ha visto antes, pero sin tener muy claro qué plato quiere ser.

En la ciudad de Burge —un lugar ficticio reflejo del Londres victoriano— conviven junto a los humanos criaturas mágicas que han tenido que huir de su tierra por culpa de la guerra. El trato entre unos y otros se hace complicado. En la zona de Carnival Row, la pobreza se une al especismo, lo que lleva a estos seres mágicos a vivir en la marginalidad de las calles, entre delincuencia y prostitución. Una serie de crímenes sumergirá al detective Rycroft en un misterio en el que él también tiene mucho que esconder. 

Como todo producto audiovisual, Carnival Row tiene defectos y virtudes. Sin embargo, no podemos decir que las segundas sobrepasen a las primeras. El mundo tiene cierto potencial, de hecho puede resultar muy interesante a aquellos amantes de los RPG tipo Final Fantasy, o a los seguidores acérrimos del Steam Punk. Pero más allá del maquillaje y la puesta en escena, la serie no termina de funcionar. Da la sensación de no tener muy claro quien es su público objetivo, ni que quiere contar: ¿quiere ser una crítica política a través de la fantasía? ¿Quiere ser una serie detectivesca? ¿Quiere ser una gran epopeya? De todo tiene un poco, pero sin destacar en nada. Sin entrar en spoilers, y recordando que es un producto que puede resultar atractivo al público adecuado, viendo los primeros episodios sigue quedando una sensación de indefinición que, más allá de entretener, no invita a pulsar el play del siguiente episodio.

En el reparto hay poco que salvar. Orlando Bloom sigue demostrando, una vez más, que es un actor que está destinado a ser recordado por su papel de Legolas y poco más.  Su inexpresividad y falta de carisma no desaparecen en Carnival Row. Tres cuartos de lo mismo ocurre con Cara Delavigne, cuya interpretación se limita a poner la mirada “Acero Azul” de Ben Stiller en Zoolander. Por suerte tenemos un par de clásicos de la ficción británica para salvar la situación. Por un lado tenemos a Jared Harris que, como ya demostró en la exquisita Chernobyl, es un valor seguro y consigue convertir su breve papel en uno de los mayores activos de la serie. No podemos olvidarnos tampoco de Indira Varma, eterna secundaria televisiva, que no le va a la zaga a Harris.

El tiempo dirá si Carnival Row funciona o no, o si es capaz de encontrar a su público, pero a día de hoy no deja de dar la sensación de producto prefabricado, formulaico y desganado. Hay series, como la propia Juego de Tronos, cuyo éxito entre el gran público es inesperado, pero no por ello dejan de tener muy claro qué producto quieren ser. No existe la fórmula del éxito; no vale con saltear escenas de sexo, un mundo fantástico y sus gotitas de sangre si no se sabe qué se quiere contar. La sensación que deja, por ahora, Carnival Row, es la de una serie con potencial que funcionará el día, si es que lo consigue, que descubra su propia identidad.

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