Crítica de ‘Primeras vacaciones’: Divertida comedia (anti) romántica

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Primeras vacaciones 
 

Recuerdo haber leído, en varias ocasiones, noticias que señalaban el aumento de divorcios y rupturas de pareja tras las vacaciones. Al parecer, el ritmo de vida que marca la vida cotidiana obligando a pasar muchas horas fuera de casa actúa como factor protector pues las pocas horas de convivencia diaria está uno tan cansado que no tiene ganas ni de discutir. Pero el aumento de horas libres junto a la pareja y el drástico cambio del estrés diario al relax de las vacaciones pueden convertirse en serios peligros para la vida en común. Si a esto añadimos las dificultades de elegir el destino vacacional o las distintas preferencias que uno puede tener a la hora de viajar o elegir actividades de ocio, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que los abogados matrimonialistas hagan su agosto en septiembre.

En Primeras vacaciones, Ben (Jonathan Cohen) y Marion (Camille Chamoux), una pareja que se acaba de conocer a través de Tinder, decide, tras la primera cita, irse juntos de vacaciones cambiando los planes que previamente tenían: a Biarritz con la familia (él) y a Beirut con unos amigos (ella). Como resulta que a mitad de camino entre Biarritz y Beirut está Bulgaria, toman la salomónica decisión de irse juntos a pasar unos días a las playas del Mar Negro alojándose en una pintoresca casa regentada por una familia de lugareños. A partir de este ¿disparatado? planteamiento, el director debutante Patrick Cassir construye una película ácida y divertida con la que consigue subvertir los tópicos de la comedia romántica: ni parajes paradisiacos, ni protagonistas guapos de manual ni canciones pastelosas con las que ablandar el corazoncito del espectador. Aquí predomina el humor basado en las situaciones extravagantes, en el contraste de personalidades y en el extrañamiento provocado por las manías y rarezas del otro que, habitualmente, se conocen y aceptan (o no) cuando la relación ha durado un poco más de tiempo.

Jonathan Coen y Camille Chamoux (que coescribe el guion junto a Cassir) dan vida a esta peculiar pareja con la suficiente química para resultar empáticos al espectador y que la comicidad funcione desde el principio, tanto cuando se apoya en el choque entre el carácter bohemio y aventurero de Marion con el remilgado Ben como cuando lo hace en la sucesión de peculiares personajes secundarios que van dando forma a un guion que huye de ciertos clichés (los de la comedia romántica) para adentrarse (tal vez cayendo en otros) en el terreno de la comedia de situación con livianos toques de reflexión sobre las miserias y grandezas de la vida conyugal.

También desde el guion, Cassir y Chamoux ejercen cierta crítica al turismo, tanto en su modelo “hotel-resort-todo-incluido” como en la vertiente alternativa de aquellos turistas que huyen deliberadamente de todo lo que pueda resultar cómodo o convencional confundiendo pasar penurias y calamidades con vivir al límite.

Divertida, desinhibida y con un meritorio sentido del ritmo, no hay tiempos muertos en un film en el que no faltan algunos chascarrillos sexuales ni momentos escatológicos (la vida misma) propiciados por las condiciones de unas vacaciones que pondrían a prueba incluso a uno de esos matrimonios que presumen de no discutir nunca y quererse cada día más que ayer pero menos que mañana.


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7

Puntuación

7.0/10

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