Crítica de ‘High Life’: Vacua, letárgica y pretenciosa hasta el hastío

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
High Life 
 
Tras su paso por las últimas ediciones de los Festivales de San Sebastián y Sitges se estrena en salas comerciales la más reciente película de la veterana directora francesa Claire Denis cuya irregular filmografía alcanza ya treinta años desde su ópera prima, Chocolat, allá por 1988. High Life que así se titula su creación supone una temeraria incursión en el cine de ciencia ficción (de ahí su presencia en Sitges) y una muestra más de su cine heterodoxo, alejado de las fórmulas narrativas habituales y en constante búsqueda de una vanguardia que habitualmente no se acomoda bien con el gran público.
 
Durante el inicio del film, Claire Denis nos somete a más de quince minutos de soberana parsimonia ocupada en pantalla por el rostro de Robert Pattinson, un actor cuya probada incapacidad expresiva no soporta tanta presencia en plano sin más apoyo que el de un bebé de origen (inicialmente) incierto y un escuálido guion literario que racanea al espectador pequeñas dosis de información con una torpe utilización de la voz en off (en ningún momento queda claro si el personaje de Pattinson ejerce de narrador o sencillamente habla solo) hasta que por fin, pasada la media hora de metraje, algo comienza a ser medianamente comprensible.
 
Resulta que estamos en una nave espacial que fue enviada al espacio con una tripulación formada por convictos condenados a muerte o a cadena perpetua que tienen la posibilidad de redimir su pena a cambio de una peregrina misión que Denis ni siquiera se esfuerza en explicar de modo medianamente comprensible, algo de capturar la energía rotatoria de un agujero negro me parece adivinar en medio del caos argumental. Al mismo tiempo, una siniestra doctora Dibs (Juliette Binoche) se dedica a experimentar sobre las posibilidades de la reproducción humana en el espacio para lo cual obtiene muestras de semen de los hombres y las implanta en las mujeres. Las relaciones sexuales están expresamente prohibidas y la pulsión sexual de los tripulantes se resuelven en una habitación a la que pueden entrar únicamente en solitario y que los subtítulos castellanos han traducido como “folladero” del original inglés “fuckbox”. Lo que hacen allí dentro lo dejo a la imaginación de ustedes. 
 
Casi todas las decisiones de puesta en escena son tan arbitrarias como vacuamente efectistas, todo el conjunto rezuma una pretenciosidad estomagante y ni siquiera una atronadoramente morbosa secuencia con Juliette Binoche ejercitándose en el onanismo consigue despejar el aletargador tono general de uno de esos films que consigue polarizar radicalmente a los críticos, mientras unos levitan como si el mismísimo Tarkovski hubiera resucitado para derramar su simiente sobre la mente creadora de Claire Denis otros sufrimos un empacho de nadería revestida de ínfulas metafísicas y filosofía existencial de baratillo. Y miren que es difícil empacharse de nada.
 
No voy a caer en la tentación de establecer comparaciones con otras películas del género. La imitación que Denis hace de la atmósfera de Stalker y especialmente de Solaris es tan flagrante que no puede hablarse ni de referencias ni de homenajes. Nombrar 2001, una odisea del espacio en el mismo escrito en el que se habla de esta película es una infamia por la que merezco algún severo castigo como obligarme a ver la saga de películas por la que se hizo célebre Pattinson y que hasta ahora he conseguido evitar. Reflexionaré sobre ello.

¿Qué te ha parecido la película?

3

Puntuación

3.0/10

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