63 SEMINCI. Punto de Encuentro. Crítica de ‘Diane’: Retrato compasivo al ritmo de la vida

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 63 Seminci:
Diane

El guionista y director Kent Jones es autor de varios libros de crítica cinematográfica y ha colaborado con Martin Scorsese en varios documentales, como Mi viaje a Italia (2001), Val Lewton: El hombre en la sombra (2007) o A Letter to Elia (2010). Además de ser coguionista de la película de Arnaud Desplechin Jimmy P. (2013), en 2015 dio el salto en solitario a dirigir, y estrenó su documental Hitchcock/ Truffaut, que se proyectó fuera de concurso en Tiempo de Historia en la 60 Semana.

Con esos precedentes tenía muchas ganas de ver su salto al mundo del largometraje de ficción, Diane, donde para nuestra alegría mantiene la gran calidad técnica que ya disfrutamos en su documental previo, y logra una película tierna y desgarradora a modo de retrato compasivo de los estragos de la vejez. Diane tiene una cierta fijación hacia la muerte y el dolor, pudiendo parecer que la película iba a orientar sus intenciones hacia esos temas, pero Jones prefiere ir hacia el melodrama, centrándose en personas descarriadas que buscan redención.

En Diane conocemos a Diane, valga la redundancia, una mujer de setenta años que vive sola en Western Massachusetts. Pasa los días ayudando a los demás, atendiendo a sus envejecidas amigas y a la familia e intentando recuperar la relación que perdió con su hijo, adicto a las drogas. Entre tanto, da con un nuevo modo de entender su pasado y a sí misma.

Desde un primer momento nos presentan a Diane (Mary Kay Place) y su compromiso con quienes la rodean. La película arranca con ella durmiendo junto a la cama de hospital de su prima Donna (Deirdre O’Connell), en una escena que claramente refuerza la imagen habitual que se tiene de la vejez, como un estado pasivo y vulnerable, pero en seguida torna y demuestra que aún queda mucho por hacer, y la protagonista se muestra activa, visitando a amigos y vecinos, colaborando y ayudando a su comunidad, además de intentando ayudar a su hijo Brian (Jake Lacy). 

La gran cantidad de actividades cotidianas de Diane son una clara intención de imponer un orden en su vida sustentada por una angustiosa incertidumbre, pues tiene una carga de culpa que no es capaz de superar, estando implicado Brian, quien sin trabajo, con una casa desastrosa y adicto, lucha contra las mentiras que enmascaran su aparentemente batalla perdida con la desintoxicación. Hay muchas películas sobre padres horribles, pero pocas sobre tener un hijo detestable, que es peor, pues es relativamente fácil rechazar a unos padres odiosos, pero casi imposible para un padre rechazar a su niño.

El diálogo de Jones está repleto de indicios de lo que sucedió en el pasado, pero nunca lo muestra de manera expositiva, y fluye con una facilidad increíble. A pesar de ser su primera película dramática, dirige con una precisión inusualmente hábil, y genera una atmósfera maravillosa reforzada con una misteriosa música de armónica. El himno de Ralph Vaughan Williams sobre el que se construye la partitura invita a la compañía y transmite un sentido del tiempo.

Mary Kay Place da vida de forma convincente a una mujer sobrecargada por las decepciones, capaz de mostrarse vulnerable pero siempre es un hombro sólido y acogedor sobre el que llorar, y no es necesario esperar a que nos desvelen los motivos para comprender implícitamente que Diane está expiando algo. Alrededor de Diane hay un gran grupo de amigos y familiares, quienes son interpretados por una formidable selección de actores veteranos de la pantalla y los escenarios. Las tías y tíos de Diane, incluidos Ina (Phyllis Somerville) y la madre de Donna (Estelle Parsons), intercambian divertidas historias mientras beben café y licores, reflejando la experiencia de varios siglos. Por su parte, Brian otorga una misericordia inesperada, intentando aliviar a Diane de su culpa, y otorgando una especie de bendición.

En Diane, la muerte sucede y la vida continúa, no necesitando metáforas para plasmar lo que es el día a día en cualquier sociedad. Una película realista que, más allá del drama que nos cuenta, pretende servir de reflexión sobre el paso del tiempo y el esfuerzo que muchas veces hacemos por evitar que llegue el inevitable final. 

6

Puntuación

6.0/10

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David Pérez

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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