Crítica de ‘Paquita Salas’ – Temporada 2: Vuelven las risas y el drama

Paquita Salas ha vuelto a nuestras vidas. La comedia protagonizada por Brays Efe que narra las aventuras de la representante de actores más peculiar de España ha pasado de ser una serie minoritaria (aunque imprescindible para cualquier aficionado al cine o las series) a jugar en primera liga. 

Paquita desembarca en Netflix con cinco nuevos episodios que extienden sus aventuras y nos devuelven más risas y más drama. Como el propio personaje dice “no se anda con ostias” y sus vídeos promocionales por las oficinas de la plataforma en California así lo confirman. Ella viene a por todas.

Porque Paquita Salas es un drama, pero envuelto en comedia, como la propia vida. En esta nueva temporada la oficina se tendrá que enfrentar a uno de los mayores problemas actuales: la economía. Sin dinero no hay trabajo y sin trabajo no hay dinero. Este problema, unido al abandono del último descubrimiento de Paquita al final de la primera temporada es el hilo conductor del primer episodio.

Como sucedía en la etapa anterior, la serie está llena de sorpresas, giros de guión divertidisimos y apariciones estelares (que no revelaré aquí para evitar estropear el argumento). Esta nueva temporada se confirma como un lugar para recuperar a rostros olvidados de la pequeña y gran pantalla, pero insertados en la trama de forma correcta y coherente, consiguiendo un reconocimiento a la cara más oscura del trabajo de actor: como no tienes trabajo, la gente se olvida de ti y como no se acuerdan de ti, no tienes trabajo. El bucle infernal.

Belinda Washington o Lidia San José (secundarias que en años pasados eran estrellas de primer nivel y estaban en todas las portadas y los programas) comprueban en sus propias carnes cuán desagradecida es la profesión de actriz y el drama de que el público no te reconozca por tu trabajo.

Los directores (comúnmente conocidos como Los Javis) ya han demostrado que son capaces de sacar lo mejor de cada personaje y de cada actor, y como muestra se puede ver el trabajo de Belén Cuesta, siempre a la sombra, siempre secundaria, pero indudablemente siempre dejando un detalle que nos haga querer al personaje y adorar el trabajo de la actriz.

Pero todo no son penas, también hay alegrías. La serie, además, de promover la recuperación de actores olvidados, anima a no perder la esperanza y a seguir luchando, porque la vida también sonríe a veces y hay que saber sobreponerse a los baches y ver el lado positivo. Siempre habrá alguna ayuda y siempre podremos reírnos de las adversidades cuando ya hayan pasado. Y si no, siempre nos quedará El secreto de Puente viejo.

Paquita Salas demuestra en esta segunda temporada que es la niña bonita de Netflix y ya estamos deseando ver la (confirmada) tercera temporada.

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